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Las preguntas de Marina: ¿Cómo nos ha cambiado el coronavirus?

¿Qué cosas ya habíamos dado por sentadas? ¿Qué aspectos, que nos parecían vitales, resulta que no lo eran tanto? En una crónica personal, Marina Castañeda propone aprender del encierro como un gran experimento social. Análisis de BEATRIZ RIVAS.

Por Emequis
8 / 29 / 20

EMEEQUIS.– El método socrático o la mayéutica es, evidentemente, muy antiguo… y bastante conocido; casi un lugar común del que no sólo hablan los filósofos. Políticos, educadores, comunicadores y hasta padres de familia lo usan… a veces sin darse cuenta. Pero eso no lo hace menos eficaz. Una de las mejores y más directas maneras para acceder al conocimiento, es hacernos preguntas una y otra vez. Saber plantearlas es esencial, tal vez más importante que encontrar sus respuestas. En épocas de inquietud, de incertidumbre, por ejemplo de una pandemia que lleva ya 6 meses en México modificando la vida de todos sus habitantes (en mayor o menor medida), deberíamos comenzar a deliberar sobre diversos cuestionamientos, si es que no hemos comenzado ya.

En una reciente publicación de Marina Castañeda, una crónica personal sobre su experiencia ante la amenaza de la Covid-19 (disponible en Amazon, Itunes, Google, Kobo, El Sótano y Bajalibros), la escritora y terapeuta, a lo largo de las más de sesenta páginas plantea preguntas que considero indispensables y muy pertinentes. Su texto aborda varios temas, como lo lejos que veíamos, al inicio, la posibilidad de que esa enfermedad generada en un extraño lugar llamado Wuhan, nos alcanzara; las compras de pánico (¿recuerdan que se agotó el papel de baño?); las fake news; los síntomas de la nueva realidad, las guerras de las cifras y las imágenes apocalípticas que comenzamos a ver en los medios de información, entre otros muchos asuntos. Pero lo que considero necesario rescatar para ustedes, son las preguntas que se hace, que nos hace Marina, invitándonos a una ineludible reflexión. 

Así que aquí se las dejo para que cada quien, en la soledad de sus hogares (testigos forzosos de nuestro encierro, habitáculos del aislamiento), tal vez acompañados por una copa de vino o un caballito de mezcal, encontremos las respuestas que más nos consuelen o nos lleven a la acción, que más nos inviten a reconfigurar la manera en la que veíamos el mundo o nos obliguen a plantearnos una nueva forma de vida cotidiana.

¿Lograremos frenar el frenesí consumista o simplemente de ahora en adelante compraremos por internet y seguiremos siendo los mismos despilfarradores de siempre? ¿El trabajo remoto se volverá la norma, aún después del confinamiento? ¿Qué más se volverá virtual: las relaciones interpersonales y, por ende, nosotros mismos? ¿La gente seguirá quedándose en casa por flojera y/o conveniencia? ¿Cómo va a afectar todo esto a nuestra vida cotidiana? ¿Hacia dónde va nuestro cambio de hábitos? ¿Queremos que esos cambios sucedan? ¿Nos sentiremos a gusto con estas nuevas modalidades de trabajo y empleo?

En relación al combate contra la Covid, hay preguntas importantes a nivel países y sistemas de gobierno, así como referentes al comportamiento de la sociedad civil. Por ejemplo: ¿Son más eficaces las meras recomendaciones sanitarias o las medidas draconianas? ¿Cuáles son mejor aceptadas por la sociedad? ¿Qué hace que unas poblaciones o ciudadanos sean más sensibles o eficientes que otros? ¿Para contener el virus son más eficaces las democracias o los regímenes autoritarios? ¿Qué papel han jugado los medios en ambos casos? ¿La diferencia tiene que ver con la legitimidad o la credibilidad de los gobiernos? O bien, ¿se trata de rasgos sencillamente culturales? ¿Nuestro gobierno ha estado a la altura?

En una esfera más íntima, casi a nivel individual, es importante saber, por ejemplo, cómo prepararnos de la mejor manera par enfrentar los riesgos y las privaciones.  Lograr un equilibrio entre estar informados, pero no caer en el pánico o la ansiedad. ¿Sabemos estar solos como individuos, como pareja, como familia? ¿Necesitamos estar entretenidos a cada segundo? ¿Tenemos control de nuestros impulsos? ¿Somos capaces de posponer la gratificación de nuestros deseos? ¿Sabemos qué hacer con el tiempo libre? ¿Cómo manejar la adversidad? ¿Cómo manejar la impotencia ante las situaciones que no podemos controlar? ¿Qué hacer o cómo actuar frente a la incertidumbre? Castañeda propone aprender del encierro como un gran experimento social.

En cuanto a la manera en que los diversos sectores de la población han vivido las consecuencias de la pandemia, ¿ha sido más fácil el confinamiento para las mujeres o los hombres? ¿Para las parejas o quienes viven en soledad? ¿Para quienes tienen hijos o no los tienen? ¿Cómo han vivido el que sus rutinas de trabajo, sus pasatiempos, sus hábitos, y sus relaciones familiares y amistosas hayan sido trastocadas? ¿Cuál es el lugar en la sociedad de las personas de la tercera edad? ¿Cómo han vivido el aislamiento quienes no acostumbran utilizar la tecnología?  “Estamos solos en casa y estamos solos en tanto sociedad civil”, nos dice Marina.

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Evidentemente la enorme diferencia entre las clases sociales se ha hecho todavía más visible. ¿Qué lecciones podemos obtener de esto? ¿De qué manera hacer que esa distancia se acorte? Como bien dice la autora, quienes más padecen son los que siempre han padecido: los “invisibles”, aquellos menos favorecidos.

En relación a la pareja, es evidente que el confinamiento ha puesto en duda muchas cosas. ¿Qué sucede en la pareja cuando el hombre está todo el tiempo en casa? ¿Participa más en el quehacer doméstico o sigue esperando que su mujer se ocupe de todo? ¿Qué pasa cuando hay que cuidar y entretener a los hijos pequeños 24 horas al día? ¿Cómo cambia la dinámica de relación cuando las parejas no ven a nadie más, no pueden salir y no hay terceras personas para distraerlas? También me pareció importante que cada quién aprovechara el confinamiento para revisar sus prioridades, sus intereses y pasatiempos: ¿qué actividades son esenciales, y cuáles no?

¿Cuáles son nuestras necesidades, deseos y patrones de relación?

Hemos estados encerrados contra nuestra voluntad, es cierto. Y no todos, solo un sector privilegiado pues hay una enorme mayoría que debe salir, arriesgando su salud y la de los suyos, para ganar el mínimo necesario para sobrevivir. Pero, ¿hay alguna ventaja en el confinamiento? ¿Hay personas que se han sentido mejor, que han modificado, para bien, su forma de ver el mundo y de vivir su vida? ¿Hay quienes se sienten más libres y espontáneas? ¿Qué cosas ya habíamos dado por sentadas? ¿Qué aspectos, que nos parecían vitales, resulta que no lo eran tanto? ¿Cómo se portó la gente a nuestro alrededor? ¿Perdimos o ganamos amigos? A nivel personal, ¿en qué nos ha cambiado el coronavirus?

Dos preguntas finales, ¿cuáles son las grandes lecciones que nos está dejando la presencia de este virus? ¿Qué hemos aprendido? Más todas aquellos cuestionamientos que seguramente ustedes se han hecho y que tienen que ver con sus situaciones particulares de vida, en este contexto preciso.

Ninguno de nosotros buscamos transitar por esta situación. Pero ahí está… y sigue amenazándonos. No podemos cerrar los ojos e ignorarla. Así que no nos queda más que utilizar el método que el buen Sócrates inventó hace más de dos mil 400 años, para obtener lo mejor de la pandemia. Como la misma Marina Castañeda señala en la conclusión de su texto: “Lo único que podemos esperar es que habremos aprendido sus grandes lecciones, para la siguiente ocasión —trátese de la segunda ola o de una nueva pandemia. Para parafrasear a Voltaire, si el coronavirus no existiera, tendríamos que inventarlo…”

@Brivaso

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