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El costo humanitario de la ignorancia

Durante la pandemia, el gobierno de López Obrador se reveló tal cual es: con visiones centralizadoras, minimizadoras, cerradas a la deliberación y proclives a tomar medidas sobre la marcha.

5 / 02 / 24

El exceso de mortalidad por Covid y la política. Análisis de Julián Andrade.

CONFIDENTE EMEEQUIS

EMEEQUIS.– Los líderes deben ser el ejemplo de lo que hay que hacer en una emergencia sanitaria. Por desgracia, López Obrador no lo fue y se ajustó a la narrativa de mandatarios como Jair Bolsonaro, Donald Trump y Boris Johnson, quienes subestimaron la magnitud de la emergencia y despreciaron a la ciencia. 

El presidente de la República nunca usó el cubrebocas, desestimó los consejos de la Organización Mundial de la Salud y llegó a proponer abrazos cuando los expertos indicaban que se requería de distancia social. 

El 7 de marzo de 2020, el Gobierno de México difundió una infografía afirmando que “el coronavirus Covid-19 no es situación de emergencia” y añadían que la enfermedad no era grave. 

El 18 de marzo, en el aniversario de la expropiación petrolera, encuentro público sin medidas de control sanitario, el titular del Ejecutivo soltó una idea que describe una desconexión con lo que ya ocurría en el mundo: “para protegerme cuento con mi protector, detente enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo”. 

Esta actitud hizo emerger posiciones todavía más irresponsables, como la de la entonces secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien afirmó que ella no tendría problemas porque consumía unas gotas de nano cítricos. 

Miguel Barbosa, el gobernador de Puebla, se aventó la puntada de señalar que “los pobres son inmunes al Covid-19, debido a que los casos asociados a la epidemia provienen de personas ricas, acomodadas (…), si ustedes son ricos están en riesgo, si son pobres no, pues los pobres estamos inmunes”.

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El gobierno de López Obrador se reveló, tal cual es, en esos años de angustia, con visiones centralizadoras, personalistas, minimizadoras, cerradas a la deliberación, proclives a tomar medidas sobre la marcha.

Una actitud desdeñosa de la ley, con un profundo desdén por las voces profesionales y el conocimiento científico. 

Esto es lo que se desprende del Informe de la Comisión Independiente de Investigación sobre la Pandemia del Covid-19, que coordinaron Jaime Sepúlveda y Mariano Sánchez Talanquer, con la participación de diversos especialistas e investigadores.

Uno de los aspectos donde se aprecia con claridad el nivel del desastre fue el de la comunicación, que estuvo encargada a Hugo López-Gatell, uno de los responsables mayores de lo que a todas luces se puede clasificar como una catástrofe humanitaria. 

El entonces subsecretario de Salud no pudo hacer estimaciones realistas sobre el impacto del Covid-19, lo que dificultó que se tomaran las medidas adecuadas.

López-Gatell optó por ponerse al servicio de la política y cobijar la ignorancia de buena parte del gabinete, para no contrariar la visión que imperaba en Palacio Nacional. 

Estas fallas en la comunicación y en la atención a la pandemia del Covid-19 propiciaron que hubiera muerte en exceso y que la esperanza de vida disminuyera entre 4 y 4.6 años. El caso de la Ciudad de México es todavía más dramático, ya que disminuyó en 9.2 años. 

Este es uno de los aspectos más tristes y dramáticos, porque ni siquiera existe una forma de cuantificarlo.

Pero no solo el gobierno federal resultó errático, en la capital del país se metió en un enredo por la experimentación que se hizo con ivermectina, sin informar a la población, violando la ética y los protocolos científicos. 

El Informe Independiente es un trabajo extraordinario que permitirá que hechos como los ocurridos no se repitan, claro, si quien gobierna está en la disposición de escuchar y aprender. 

Las cifras del desastre son elocuentes: 6.4 mexicanos de cada 100 mil murieron en la pandemia. En términos generales, el efecto fue de 808 mil 619 muertes y de ellas 511 mil 018 por Covid-19, aunque las autoridades reportaron 334 mil 196. 

En los hechos, y a pesar del discurso, la falta de capacidad del gobierno propició la privatización de la salud. Un dato, antes de 2018, el 43% de la población que requirió de atención lo hizo en el sector privado, pero en 2021 ya era una mayoría de 57%. 

Quienes tuvieron que atenderse por Covid-19, lo hicieron en 69% por su propia cuenta y pagándolo. 

LAS VÍSPERAS DEL 2024

Claudia Sheinbaum se reunió con científicos y les pidió sumarse a su causa. Asunto complicado, sobre todo si se recuerda que el gobierno actual es hostil a esos grupos, les quitó financiamiento y puso a una comisaria política en Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla, quien, inclusive, trató de meter a algunos respetables investigadores en la cárcel. 

@jandradej 

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SOBRE EL AUTOR

Julián Andrade



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