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Casandra y el fentanilo

Uno de los rasgos de las fallas en seguridad, de antes y de ahora, proviene justamente de la desidia y de negar la realidad. Desde 2017, Renato Sales Heredia advirtió que el fentanilo se estaba convirtiendo en una seria amenaza.

Por Emequis
3 / 23 / 23

CONFIDENTE EMEEQUIS

EMEEQUIS.– Desde 2017, Renato Sales Heredia, entonces titular de la Comisión Nacional de Seguridad, advirtió que el fentanilo se estaba convirtiendo en una seria amenaza.

Se los dijo con claridad a los responsables de las áreas policiales en los estados y de modo particular en Colima, porque es justamente en el puerto de Manzanillo donde ingresa la piperidina, que es uno de los precursores para fabricar la droga.

“Estamos en uno de los puntos más complicados del tema, porque la situación ya no se puede controlar, y no se puede controlar porque es un tema de demanda y oferta”, explicó en una entrevista con El Universal.

A Sales Heredia le pasó como a Casandra, o no le creyeron o, peor aún, ni siquiera le hicieron caso. Uno de los rasgos de las fallas en seguridad, de antes y de ahora, proviene justamente de la desidia y de negar la realidad. Las alertas de riesgos son ignoradas o no se les da la utilización debida.

No es que con ello se hubiera podido impedir el tráfico de fentanilo, pero al menos evitaría que los funcionarios se enfrasquen en explicaciones por demás absurdas y se estarían implementando políticas públicas adecuadas.

Desde hace años, los gobiernos mexicanos tratan de evadir sus responsabilidades, alegando que al sur del Río Bravo hay una gran demanda de drogas. Gustavo Díaz Ordaz, al ser interrogado sobre la situación de la producción de mariguana y de los reclamos de Washington señaló: “quizá somos el trampolín de las drogas, pero allá (en Estados Unidos) está la alberca”.

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No le faltaba razón, como no le falta ahora al presidente López Obrador al quejarse de que en EEUU no hacen lo suficiente, el asunto es que se trata de una crisis y así tiene que ser encarada, porque los ciudadanos ya están pagando un alto precio por el empoderamiento criminal. 

Las preocupaciones, por lo demás, son de rango internacional, similares a las que se desataron en los años noventa con la producción de cocaína en Colombia, donde sí hay una planta que es endémica a ese país y en Perú y Bolivia. 

Las consecuencias que causó ese polvo blanco endemoniado son evidentes, y se muestran, por desgracia, en niveles de violencia que se han prolongado por decenas de años y que se suman a un conflicto interno que tiene perfil político. 

De ahí que sea muy delicado lo que ocurre y puede ocurrir con el fentanilo que se produce y exporta, ya que los esfuerzos de combate a esa situación se ven a centrar en la costa del Pacífico, más allá de que las sustancias primarias provengan de China.  

No se trata de prohibir su uso médico, porque lo que está causando estragos es justamente la fabricación ilegal que termina en la distribución de pastillas más que mortíferas y que, tan solo en 2021, terminaron con la vida de 105 mil ciudadanos de EEUU.

Los cárteles de Sinaloa y de Jalisco Nueva Generación, establecieron, desde hace años, laboratorios para la obtención del fentanilo y para presentarlo en formas de pastillas. 

Es más, una parte sustancial de sus operaciones se orientó a la fabricación y trasiego de los opioides y ello es lo que está generando una violencia inusitada en la propia Colima, pero también en Zacatecas, ya que es un paso obligado en los traslados hacia el norte del país, con el objetivo de cruzar la mercancía Texas, Arizona y California, sobre todo. Inclusive, Querobabi, una comunidad en el municipio de Opodepe, en Sonora, se ha convertido en el municipio donde se incauta más fentanilo, lo que da pistas de la diversificación de los embarques. 

En 2022, la Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas agregó a la Convención del contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias el norfentanilo, el N-Fenil-4-piperidinamina y el tert-Butyl 4-(phenylamino) piperidine-1-carboxylate (1-boc-4-AP). 

Aunado a ello, se establecieron protocolos para que quienes trabajan en las aduanas tengan los elementos suficientes para la detección de esas sustancias.

El Ejército y la FGR han dado golpes a los fabricantes ilegales del fentanilo, pero evidentemente no son suficientes. Aunado a ello, el mensaje que se manda, tratando de que el problema se desvanezca, no ayuda y aumenta el nivel de las fricciones. 

 @jandradej 

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