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Tres días de incertidumbre sobre la salud de Gertz ante la falta de información oficial

Desde el viernes, las versiones encontradas sobre la salud del fiscal Gertz Manero hacen suponer que ni el gobierno ni la Fiscalía tienen certeza sobre el desarrollo clínico. Se recuerda la vez en que AMLO mintió sobre sus enfermedades, que fueron reveladas por Guacamaya Leaks. Este lunes el presidente negó que el fiscal tenga cáncer.

Por Emequis
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EMEEQUIS.– La ausencia de Alejandro Gertz Manero en sus funciones de fiscal general de la República y la incertidumbre sobre su estado de salud, fortalecieron dentro y fuera del círculo oficial la expectativa de un eventual relevo del funcionario.

El suspenso creció el fin de semana ante la falta de un comunicado oficial de la Fiscalía General de la República (FGR) con la información puntual y oportuna sobre el desarrollo de la condición de salud de Gertz Manero.

Las fuentes originales fueron el periodista Darío Celis en su columna del viernes 20 de enero en El Financiero, y Alonso Castillo Cuevas, hijo de Alejandra Cuevas, excuñada y víctima de una venganza familiar del fiscal, en Twitter. 

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De ahí se derivaron distintas versiones. En sólo tres días se atribuyeron al abogado de la federación tres padecimientos y tratamientos distintos: cáncer de páncreas, metástasis extendida y operación de un nervio en la columna vertebral.

La complejidad y riesgos intrínsecos de los procedimientos clínicos necesarios para la atención de cualquiera de esas circunstancias, en un hombre de 83 años, como lo es Alejandro Gertz, derivaron en la versión, difundida profusamente en redes digitales desde la noche del viernes, de que el fiscal había fallecido.

La mañana del viernes, AMLO habló del tema, con su habitual toque de ambigüedad. Más que informar, el tabasqueño parecía intentar causar la impresión de que Gertz había asistido a un tratamiento de rutina: “Está muy bien (…), pues como todos, necesitamos a veces de alguna reparación”. 

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Fue insuficiente. En redes digitales continuó el cotilleo y las preguntas sobre “el real” estado de salud de Gertz. 

Al mediodía del mismo viernes, el sitio Infodemia.mx, que maneja el Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano (SPR), en una nota –que después desapareció– y en el comentario vinculado a la misma en un post de Twitter, la versión de Darío Celis, remitiendo a lo dicho por AMLO, sin mayores detalles. 

Esa misma noche el diario El País, y el sábado el periodista Joaquín López-Dóriga, publicaron versiones extraoficiales atribuidas a voceros de la FGR, en las que afirmaron que el fiscal había sido operado un hospital de Baltimore, Estados Unidos, de un nervio en la columna vertebral, y que se hallaba convaleciente en su domicilio desde hacía ya 10 días.

Pero el comunicado oficial no llegó y la incertidumbre no fue del todo suprimida. Después de todo, el presidente o cualquier dependencia del Ejecutivo no tendrían por qué informar de un organismo supuestamente autónomo, como es la FGR.

El caso es que hasta una lista de probables candidatos a relevar a Gertz en la FGR, inscrita en una carta, aparentemente apócrifa, supuestamente firmada y enviada por el presidente al titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de Hacienda, Pablo Gómez, se difundió en redes y fue retomada por algunos medios. Este lunes el presidente la desmintió en la mañanera. 

No obstante, la incredulidad podría estar justificada, pues hay un antecedente poderoso que aviva las suspicacias respecto del tratamiento de los temas de salud de los altos funcionarios en la actual administración: las mentiras sobre la propia salud del presidente.

El hackeo a Sedena del año pasado reveló documentación sobre 10 consultas médicas a las que fue sometido AMLO en 15 días, a inicios de 2021, con sus cardiólogos, endocrinólogos, reumatólogos, y un traslado de emergencia desde Palenque a la Ciudad de México, a pesar de que el equipo presidencial y familiares negaban la gravedad del estado físico del mandatario, y hasta él mismo hacía bromas sobre el tema.  

De ahí el enredo, las dudas sobre la veracidad, y el aparente nerviosismo del círculo oficial en el manejo del tema de la salud del fiscal Gertz Manero. Y es que su ausencia definitiva causaría un trastorno mayor en la actual configuración del poder: el obradorismo carece de mayoría constitucional en el Senado, donde sería procesado el relevo de Gertz, para imponer a un nuevo emisario. 

Y perder esa pieza –otra– sería altamente costoso para la política obradorista e incluso para el juego sucesorio.

Fue hasta este lunes, en la mañanera, cuando AMLO habló otra vez del tema, no sin antes quejarse por lo consideró “actitud miserable” de quienes le desean la muerte a Gertz: “Él se hizo una intervención quirúrgica en la espalda, en la columna, una infiltración. Está en su casa, está bien, en recuperación, incluso está trabajando”. Negó que el fiscal tenga cáncer. 

LAS VERSIONES Y SU VEROSIMILITUD

De origen, la versión sobre el comprometido estado de salud del fiscal Alejandro Gertz llegó a la opinión pública por canales no oficiales.

Fue el periodista Darío Celis quien publicó en su columna del viernes 20 que Gertz se hallaba en un hospital de Estados Unidos bajo tratamiento por cáncer de páncreas, y que había entregado las riendas del ministerio público a Juan Ramos, titular de la Fiscalía Especializada de Control Competencial. 

En respuesta, AMLO admitió en su presentación matutina que el abogado Gertz se había estaba trabajando después de una “reparación”. 

Se trataba de una respuesta demasiado ambigua, en el estilo de ese ejercicio presidencial que, como ha sido demostrado en estudios serios, tienen un propósito propagandístico que prescinde con frecuencia de veracidad. 

En todo caso fue insuficiente para desactivar las preguntas y suspicacias sobre el estado de salud del fiscal. Y aunque después el SPR buscó vestir de desmentido la indeterminada afirmación de AMLO y ampliar la repercusión de la misma, tampoco surtió efecto. Luego, extrañamente, la nota de SPR en Infodemia.mx desapareció: ya el domingo por la noche sólo podía verse el código fuente.

En términos formales y legales, ninguna dependencia del Poder Ejecutivo podía dejar nada en claro, pues la FGR es una entidad autónoma.

Por si fuera poco, apenas un poco más tarde, Alonso Castillo Cuevas, hijo de Alejandra Cuevas, excuñada y víctima de una venganza familiar del fiscal, comentó en su cuenta de Twitter que era una “metástasis (la) que consume el cuerpo de Gertz Manero”.

El cotilleo en redes creció hasta que se habló de la agonía e incluso de su fallecimiento. A pesar de todo, la FGR siguió sin emitir comunicación oficial. Fueron las filtraciones a El País y a López-Dóriga las que amortiguaron apenas un poco el rumor.

Pero las suspicacias parecen persistir. Y es que las versiones entrañan contradicciones: por un lado, AMLO afirmó que Gertz estaba trabajando, mientras que las filtraciones de la FGR señalaron que tenía un mes hospitalizado, es decir, fuera de sus labores, aunque dando seguimiento de manera remota a los asuntos institucionales.

UN SECRETO MAL GUARDADO

Más que aclarar el tema, el enredo ha dejado la sensación de que ni el gobierno ni la fiscalía cuentan con elementos de certeza sobre el desarrollo de la salud del fiscal, y también el sabor de un secreto mal guardado.

Y es que en la actual administración federal hay antecedentes de falsedad en el manejo del estado de salud de altos funcionarios, comenzando por la del propio presidente.

Ya en 2019 no sólo aparecieron observaciones en la prensa sobre la salud del presidente. Él mismo abordó el tema al condenar, el 10 de octubre de 2019, que un ciudadano solicitara, por los canales de transparencia, detalles sobre su condición clínica. 

La solicitud de información pedía constancia médica, evaluación psiquiátrica, análisis de orina, de química sanguínea, y dictamen cardiovascular. El tabasqueño se burló, y dijo, con el rostro cruzado por su característica risa sardónica: “Miren en lo que andan metidos (…), así están. ¿Para qué? ¡Estoy al cien! Me dio una gripa, pero ya estoy saliendo”. 

El 24 de enero de 2021 contrajo Covid-19, según anunció, y se confinó con su esposa y su hijo menor tras los muros del palacio virreinal.  Y un año después, contrajo de nuevo esa enfermedad. Apareció en una videograbación en los pasillos de su morada palaciega. Realmente no lucía “al cien”.

Surgieron rumores sobre un posible accidente cardiovascular y sobre la probabilidad de que fuese un infarto.

Pero su esposa Beatriz apareció para señalar: “Subrayó: “Podemos decir con toda sinceridad y franqueza que él (AMLO) se encuentra bien, está fuerte, y pendiente de todos los asuntos públicos”.

El hackeo de Guacamaya Leaks puso al descubierto documentación militar que reveló que la salud de López Obrador atravesaba la más dura prueba de su vida: la canalización de venas, el traslado desde Palenque, las 10 consultas entre el 5 y el 20 de enero de 2021 con sus cardiólogos, endocrinólogos, reumatólogos.

Y todavía en septiembre de ese año, tras un aparente mareo que habría experimentado durante la ceremonia del “Grito de Independencia”, la noche del 15 de septiembre, AMLO desestimó los señalamientos sobre ello, el 19 de septiembre.

Como si no fuera suficiente, los think-tanks de Presidencia decidieron que era preciso reforzar la idea de que la salud del tabasqueño era la de un roble. Se determinó que  Elizabeth García Vilchis, titular de la sección “Quién es quién en las mentiras”, incluyera en su catálogo el asunto, el 21 de septiembre:

“Yo creo que la oposición es ya experta entre otras cosas en leer los labios, y le atribuyeron que (Beatriz Gutiérrez) le dijo que si se sentía bien. Y entonces se especuló un supuesto malestar. Sin embargo, el 19 de septiembre el presidente desmintió esas versiones y dijo que se encuentra bien y de buenas. Aseguró que se trata más bien de una campaña de difamación y por lo tanto de la difusión de noticias falsas”.

Pero después del hackeo a Sedena, AMLO admitió los padecimientos. Y salió con su rola de Chico Ché en su presentación mañanera.

El caso de la salud del Fiscal Gertz parece trazar una ruta semejante.

FGR, PIEZA EN RIESGO

Como fuere, la ausencia concreta de Gertz en sus tareas institucionales agitó el círculo oficial, pues puso en el escenario la posibilidad de un eventual relevo en FGR, una situación complicada para la gestión obradorista, que no cuenta con mayoría constitucional en el Senado, donde se procesaría la sustitución. 

La Constitución prevé en su artículo 122 que el Fiscal General “a partir de la ausencia definitiva del Fiscal General, el Senado de la República contará con veinte días para integrar una lista de al menos diez candidatos al cargo, aprobada por las dos terceras partes de los miembros presentes, la cual enviará al Ejecutivo Federal. Si el Ejecutivo no recibe la lista en el plazo antes señalado, enviará libremente al Senado una terna y designará provisionalmente al Fiscal General, quien ejercerá sus funciones hasta en tanto se realice la designación definitiva conforme a lo establecido en este artículo. En este caso, el Fiscal General designado podrá formar parte de la terna”.

Una vez recibida la lista, “dentro de los diez días siguientes el Ejecutivo formulará una terna y la enviará a la consideración del Senado”, el cual “con base en la terna y previa comparecencia de las personas propuestas, designará al Fiscal General con el voto de las dos terceras partes de los miembros presentes dentro del plazo de diez días”. 

Y más aún, “en caso de que el Ejecutivo no envíe la terna (…), el Senado tendrá diez días para designar al Fiscal General de entre los candidatos de la lista que señala la fracción I. Si el Senado no hace la designación en los plazos que establecen los párrafos anteriores, el Ejecutivo designará al Fiscal General de entre los candidatos que integren la lista o, en su caso, la terna respectiva”.

Por su parte, la Ley de la Fiscalía General de la República, en sus artículo 21, establece que “en caso de ausencia definitiva, la titularidad de la Fiscalía General será ocupada temporalmente por la persona titular de la Fiscalía Especializada de Control Competencial, quien deberá notificar al Senado de la República a efectos de que proceda conforme al párrafo tercero del artículo 102, Apartado A, de la Constitución”. 

De modo que el Senado, donde el obradorismo no alcanza por sí mismo la mayoría constitucional, llevaría mano en esa partida. Es decir, el papel de los grupos parlamentarios opositores sería determinante.

Por eso, Gertz tiene que vivir. Perder esa pieza podría marcar una etapa incierta para las prácticas políticas del obradorismo, y de cara al proceso de sucesión presidencial. 

@emeequis

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SOBRE EL AUTOR

Emequis

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