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Los costos de la aventura fallida de Adán Augusto en Hidalgo

Consentido en Hidalgo mientras aspiraba a ser presidente, a Adán Augusto le llega la hora de pagar cuentas al grupo conocido como “La Sosa Nostra”. Pero no será fácil, porque militantes gritan consignas en la sede estatal morenista, donde exigen a López Hernández sacar las manos de la entidad.

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A pagar cuotas con el grupo que domina la UAEH. ¿Lo dejarán?

EMEEQUIS.– La fallida candidatura a la Presidencia de Adán Augusto López Hernández aún cobra facturas políticas. Aunque el exsecretario de Gobernación quedó en un “empate técnico” con Gerardo Fernández Noroña en el tercer lugar de la encuesta de Morena para definir contendiente por la primera magistratura, su campaña “que siga López” sigue costando al interior de su partido, pese a que se situó muy lejos de Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard.

Y es que los grupos que apoyaron la aspiración del tabasqueño demandan el pago del apoyo a través de candidaturas, lo que ha generado protestas dentro de los comités estatales por la supuesta intromisión en el proceso interno por parte del extitular de Bucareli.

Uno de los casos ocurre en Hidalgo, donde militantes protestaron este fin de semana por lo que anticipan serán imposiciones de candidatos que pertenecen al grupo de los hermanos Gerardo y Óscar Damián Sosa Castelán, la familia que desde los años setenta se hizo de un cacicazgo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

Desde 2018, este grupo se adhirió al morenismo en la coyuntura de la ola lopezobradorista y el reciclaje de cuadros del PRI, que veían en peligro su coto con la caída del partido que los formó y les otorgó los beneficios políticos de los que gozaban.

Rodeado por La Sosa Nostra.

Rodeado por La Sosa Nostra (Oscar Damián).

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LE PIDEN A ADÁN QUE SAQUE LAS MANOS

En consignas directas en la sede estatal morenista, los militantes solicitaron a López Hernández sacar las manos de Hidalgo, “porque quiere imponer a la Sosa Nostra”, como se conoce a la agrupación que lidera Gerardo Sosa, bajo proceso por delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita por 58 millones 245 mil 948 pesos.

“Saca las manos de Hgo, Morena se respeta”, decía una de las mantas colocadas afuera de la sede del partido fundado por el presidente, inicialmente formado en Hidalgo por una estructura de bases que acompañaron al ahora mandatario desde su primera campaña en 2006, pero, ya en el poder a nivel nacional, se ha llenado de exmiembros del anterior régimen. Los inconformes acusaron que, en Tulancingo, intentan imponer “al cachorro”, apelativo que han dado al hijo de Óscar Damián: Salvador Sosa Arroyo.

Óscar Damián Sosa es la propuesta del Partido del Trabajo (PT) a la senaduría. Esta familia, con más de 40 años de participación en los procesos locales, a la par del cacicazgo en la universidad, su principal instrumento político, tiene también el control del partido de la estrella. El juego de los Sosa es por dos vías: PT y Morena. En este último cuentan con diputaciones locales, federales y presidencias municipales, mientras que en el PT tienen la dirigencia estatal y el mando de facto a través de un operador leal, el diputado local Osiris Leines Medécigo, presidente de la Junta de Gobierno del Congreso de Hidalgo.

Por las posiciones recibidas se han colocado como la mayor “tribu” del morenismo y mantienen una confrontación contra el gobierno de Julio Menchaca Salazar, del mismo signo político.

La deuda de Adán Augusto con los Sosa no es menor. El grupo financió una campaña que en despliegue de espectaculares y actos políticos fue superior a las de Ebrard y Sheinbaum. A la virtual candidata, ahora, estratégicamente, se han sumado.

El principal evento proselitista ocurrió el 12 de julio del año anterior en el Centro Cultural la Garza de la UAEH, donde el rector Octavio Castillo Acosta, otro de los personajes subordinados a los Sosa, llamó “presidente” a López Hernández, que secundó un grito al unísono de un auditorio afín. Después corrigió que llamarlo así se debió a “la emoción” que le causó el estar ante un personaje al que halagó desmedidamente, porque veían como sucesor de López Obrador. Dijo que en la universidad tenía a sus aliados y que confiaban en que regresaría primero como candidato y después como mandatario, lo cual no sucedió.

En ese mismo discurso propagandístico en un recinto universitario, que incluyó una transmisión especial por el sistema de medios de la casa de estudios, el rector agradeció públicamente a Adán Augusto López Hernández haber intervenido para que Gerardo Sosa Castelán abandonara el Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) 1, El Altiplano, y siguiera su proceso en una de sus residencias, en Pachuca, por el cambio de una medida cautelar: de prisión preventiva justificada a prisión domiciliaria.

Tanto cariño tenía un costo.
Tanto cariño tenía un costo.

Lo que reveló el responsable del despacho de rectoría fue una intromisión del tabasqueño, como secretario de Gobernación, para beneficiar a esta familia política, que en voz de Castillo Acosta también le agradeció el intervenir para liberar cuentas que la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) bloqueó, tanto de personajes cercanos como de la propia universidad, por presunto lavado de dinero.

Los Sosa han centrado sus reclamos contra Santiago Nieto Castillo, primero titular de la UIF en el tiempo de los congelamientos bancarios y luego encargado del despacho de la Procuraduría General de Justicia de Hidalgo, a invitación de Menchaca.

Lo cierto es que toda la operación de La Sosa Nostra se dio en favor de Adán Augusto, con una “campaña” muy superior, en costo, logística y movilidad, a la de Sheinbaum y Ebrard, que tenían como enlaces al senador César Cravioto Romero y a la diputada federal María Eugenia Hernández Pérez, respectivamente.

El tema de la “movilidad forzada” también salió a colación en los reclamos del movimiento estudiantil de 2023, que escaló demandas hasta pedir el fin del control político en la UAEH. Entre sus acusaciones estuvo que el estudiantado era forzado a acudir a los eventos políticos de Adán Augusto, bajo amenaza de ser reprobados o dados de baja.

Varios de estos integrantes, ahora, han denunciado represiones después de que el movimiento terminó, en diciembre, al levantar el último paro que mantenían, en el Instituto de Artes (IDA), donde inició la inconformidad, que tuvo su punto más álgido el 19 de septiembre, cuando integrantes del Consejo Estudiantil Universitario y trabajadores de la institución reprimieron a manifestantes en la sede de la antigua rectoría, el emblemático edificio en la calle Mariano Abasolo de Pachuca donde Adán Augusto había sido ovacionado como “¡presidente!,  ¡presidente!”. 

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REDACCIÓN EMEEQUIS



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