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Las inundaciones en Hidalgo ahogan posibilidades de triunfo del PRI en 2022

El desbordamiento del río Tula sacó a flote la falta de preparación de Omar Fayad para enfrentar una contingencia. En su lugar, la federación y hasta la morenista Claudia Sheinbaum han sacado el pecho por el estado que el siguiente año renovará gubernatura.

Por Redacción EMEEQUIS
10 sep 2021

Omar Fayad se hunde.
El 7 de septiembre se hundió la lancha en la que hacía un recorrido el gobernador Fayad. Foto: @omarfayad.

EMEEQUIS.– No sólo los habitantes de Tula, Hidalgo, sienten el agua hasta el cuello. También los priístas de todo el estado miran con angustia cómo el agua arrasa con sus posibilidades de triunfo en las elecciones del próximo año para renovar gobernador.

Al interior del Comité Directivo Estatal del PRI ya han comenzado a hacer un recuento de los daños causados por los diluvios e inundaciones y, según sus propios números, el mayor damnificado político es el gobernador Omar Fayad. 

Un sondeo interno arroja que hasta 7 de cada 10 hidalguenses ven al gobierno estatal como el principal responsable de que la entidad no tuviera un plan de contingencia en caso de que las fuertes lluvias de cada septiembre desbordaran los ríos, de acuerdo con una fuente al interior del partido. 

La “remota” posibilidad de un desbordamiento ocurrió la tarde del lunes cuando las intensas precipitaciones hicieron que el agua del río Tula rebasara sus límites e inundara a la zona oriente y central de la ciudad afectando a más de 35 mil personas.

En menos de dos horas, el agua superó los dos metros de altura en cientos de casas, negocios e instalaciones estratégicas, como hospitales y casetas de policía. La velocidad con la que corrió el agua contrastó con la lentitud del gobierno estatal para hacer frente a la emergencia.

Aquel sondeo hecho por el PRI hidalguense arrojó que sólo 2 de cada 10 vecinos consultados culpó a la administración municipal de Tula –una alianza entre PAN y PRD– y apenas el 10% culpó al gobierno federal.

EL REFLEJO DE LA IMPREPARACIÓN EN EL AGUA

La mayor molestia está en la respuesta tardía de la administración de Omar Fayad a la emergencia que se vivió en la clínica en Tula del Instituto Mexicano del Seguro Social, donde la anegación hizo colapsar la red eléctrica.

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El hospital no contaba con una planta de luz de respaldo, lo que provocó el corte del suministro de oxígeno en el pabellón COVID. La combinación de desastre natural y falta de infraestructura fue mortal para 17 pacientes con coronavirus.

Las fuertes lluvias han dejado al descubierto esa y otras carencias que los hidalguenses achacan a la administración de Omar Fayad, quien el próximo año dejará la gubernatura.

Por ejemplo, la ausencia de un plan de Protección Civil para hacer frente a la contingencia, la falta de albergues y refugios especializados en buen estado, el mal estado de vehículos de emergencia, la tardía respuesta de policías y bomberos y la extrema dependencia con el gobierno federal.

Para empeorar la situación, el gobierno estatal quedó exhibido en dos ocasiones en menos de 72 horas, pues después del desbordamiento del río Tula el pasado lunes, el miércoles por la mañana se repitió la tragedia sin que la administración local pudiera impedirla.

LA OPOSICIÓN AL PRI VA AL RESCATE

De no haber sido por la ayuda brindada por la federación a través del Ejército mexicano y la Guardia Nacional –aseguran en el PRI estatal– el resultado hubiera sido aún más desastroso.

Incluso, el gobierno de Omay Fayad se vio orillado a aceptar la ayuda de estados vecinos con gobernantes que no son de origen priísta como Ciudad de México y Morelos, un acto de humildad que fue aplaudido por otros, pero que también fue visto en el PRI como una señal de debilidad y reconocimiento de la poca preparación al interior del gobierno.

Los cálculos que algunos hacen en el PRI hidalguense es que, cuando el río regrese a sus niveles normales, los tricolores habrán perdido toda oportunidad de retener el gobierno estatal, donde se han perpetuado en los últimos 92 años. 

En cambio, Morena habrá avanzado más en su conquista por hacer que, por primera vez en la historia de Hidalgo, el PRI no sea quien gobierne en el estado.

Todo está puesto para que el partido del presidente sea visto después de la tragedia como el gran salvador: el presidente Andrés Manuel López Obrador sobrevoló el estado supervisando las tareas de Protección Civil, mientras el gobernador Omar Fayad buscaba auxilio para no hundirse junto con su lancha.

Mientras los policías estatales y municipales estaban rebasados por el agua, la tropa que envió el presidente tomó el mando de la contingencia y llevó a los damnificados hasta los albergues, mientras otros gendarmes custodiaban sus casas y negocios.

Y cuando el gobierno estatal no podía hacer que las ambulancias arrancaran los motores afectados por el agua, la morenista Claudia Sheinbaum envió helicópteros de la policía capitalina para que hicieran los rescates más espectaculares de vecinos atrapados por el agua.

OTRA CRISIS SANITARIA EN PLENA PANDEMIA 

Lo peor, dicen en el PRI de Hidalgo, es que incluso cuando el agua haya regresado al río y las calles vuelvan a estar secas, es altamente probable que una nueva tragedia golpee al estado.

El río Tula es uno de los más contaminados de todo a México, debido a que recibe aguas residuales de la Ciudad de México y la Zona Metropolitana, así como lixiviados de la zona industrial de Hidalgo. A toda esa mezcla contaminante hay que sumar las sustancias tóxicas que las bandas dedicadas al huachicoleo derraman en ríos, arroyos y presas.

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La Comisión Nacional del Agua encontró en 2018 que el agua del río Tula contiene cantidades peligrosas de metales pesados como plomo, mercurio, arsénico, cianuro, níquel, distintos fosfatos –así como aceites y detergentes– que pueden provocar cáncer a quienes estén en contacto prolongado con el agua.

Las inundaciones podrían provocar no sólo un dolor de cabeza al gobierno de Omar Fayad para reconstruir Tula y alrededores, sino que podría desatar –en plena pandemia– otra crisis sanitaria en los próximos meses por el agua contaminada en los pies de los vecinos. 

Los cálculos que hacen en el PRI hidalguense no son halagadores para los tricolores rumbo a la elección para renovar gubernatura del 2022: en la elección de hace unos meses Morena se quedó con el control del Congreso estatal desplazando a los tricolores y triunfó en un número histórico de municipios que antes eran bastiones priistas.

Y hace apenas unas semanas, la encuestadora Massive Caller calculó las probabilidades de éxito del PRI para el próximo año: apenas el 22.5% de los votantes hidalguenses volverían a elegir a los tricolores y 44.7% estaba dispuesto a cambiar su voto y poner a un gobernador morenista.

Ahora, el agua ha sacado a flote una verdad indiscutible para el priísmo local: si la lucha por la silla del gobernador ya parecía difícil, después de las inundaciones ya parece una misión casi imposible. 

 

@emeequis 

 

 


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