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Armenta no logra sacudirse su “crianza” en el clan “góber precioso”

No son pocas las entrevistas en las que Armenta Mier, exsecretario de Desarrollo Social del gobierno de Mario Marín, y uno de los finalistas en la lucha por sucederlo, se ve obligado a tener que negar su pasado político en el cubil del “góber precioso”.

3 / 11 / 24

Su pasado lo alcanza. Fotos: Cuartoscuro y Especial.

EMEEQUIS.– Tras su registro como candidato formal a la gubernatura de Puebla, efectuado este sábado, el cuarto de guerra del morenista Alejandro Armenta se concentra en la manera de “borrar” el pasado marinista del senador con licencia. 

Y es que, a lo largo de su precampaña, quedaron claras las dificultades del ahora abanderado obradorista para eludir la lluvia de cuestionamientos sobre su papel protagónico en el primer círculo del exmandatario priísta Mario Marín Torres, mejor conocido como  “el góber precioso”, por la manera en que se dirigía a él Jean Succar Kuri, uno de sus protegidos, condenado por manejar una red de pornografía infantil.

No son pocas las entrevistas de prensa en las que Armenta Mier, exsecretario de Desarrollo Social del gobierno marinista, y uno de los finalistas en la lucha por suceder al oscuro personaje, se ve obligado a tener que negar su pasado político en el cubil de Marín Torres.

En el cuarto de guerra del ahora morenista se ha valorado, según se cuenta entre operadores regionales, que en 2018 la misma especie corrió durante la campaña y aún así ganó Armenta, a pesar de que en esa elección la prensa enumeró a una buena cantidad de exmarinistas metidos en la promoción del voto guinda.

Pero aquella marea de votos a favor de Morena fue levantada en Puebla, como en otras partes del país, por la presencia de AMLO en la boleta electoral.

Por lo pronto, la oposición no quita el dedo del renglón y ha amenazado con armar una conferencia pública para dar la voz a la periodista Lydia Cacho, para que sea ella quien evalúe la compatibilidad del ADN de Armenta y su equipo de campaña, eventual equipo de gobierno, con la administración marinista.

Armenta con el “góber precioso”.

ATRAPADO POR SU PASADO

Ya en vísperas de su designación como candidato obradorista a la gubernatura poblana, Armenta comenzó una estrategia para marcar distancia de su antiguo protector y promotor político.

En agosto, tras la difusión de que su coordinador de asesores ―quien compró un automóvil con valor de tres millones de pesos― era sobrino de Mario Marín, Armenta salió a decir: “Yo sólo soy responsable de mis actos y de los de mi hija menor de edad… Y yo no formo sociedades delictivas”.

Luego, en una entrevista con el periodista Julio Astillero, Armenta dijo: “El exgobernador cometió muchos errores, uno de ellos, el maltrato a los medios de comunicación, como sucedió con Lydia Cacho. ¿Eso es lo que quieres que te diga?, eso es lo que te digo con mucho gusto. Pero también tuvo aciertos. Te lo digo porque soy una persona objetiva”.  

Y en febrero, tras ser cuestionado sobre su postura en el caso de tortura a Lydia Cacho, Armenta dijo: “Yo no tengo nada que ver con eso ni tengo por qué asumir una responsabilidad que no me toca”.

Incluso la presidenta de Morena en Puebla, Olga Romero Garci-Crespo, salió a deslindar a su candidato del grupo del “góber precioso”, procesado este por la detención ilegal y tortura a la periodista Lydia Cacho, y señalado por proteger a una red de explotación sexual de menores.

Pero para muchos observadores no hay margen a dónde hacerse: 13 años después de truncado el proyecto de continuidad del equipo prohijado por la administración de Mario Marín Torres, uno de sus principales cuadros vuelve por los fueros de aquel grupo que constituyó una de las gestiones estatales más cuestionadas en esa entidad, pero bajo las siglas de Morena.

MARÍN, TUTOR DE ARMENTA

El senador con licencia Armenta ha intentado explicar a la opinión pública que él se hizo a sí mismo, que no debe nada a nadie, y que su presencia en el círculo inmediato de Mario Marín fue una mera coincidencia en las rutas del poder. “No soy títere de nadie”, llegó a decir.

Pero los hechos parecen más contundentes. En 1993, cuando el joven de 25 años Alejandro Armenta obtuvo la candidatura del PRI a la presidencia municipal de Acatzingo, se trató de un paloméo de Mario Marín, que era secretario de Gobierno en la gestión de Manuel Bartlett.

Después de que fue alcalde de Acatzingo (1993-95), municipio de clasificación “C”, la carrera política de Armenta parecía destinada a la extinción, pero apareció Mario Marín de nuevo, que ya era presidente municipal de la capital poblana, y lo cubrió d de nuevo con su halo protector al nombrarlo director de Participación Social del ayuntamiento. Al salir de la alcaldía, Marín dejó amarrado a Armenta para una diputación local.

En 2004, cuando Mario Marín se convirtió en candidato a la gubernatura, Alejandro Armenta apareció en su estructura de campaña como coordinador de Promoción del Voto y Movilización, y una vez como gobernador, cumplió el sueño del joven priísta de Acatzingo haciéndolo diputado local.

Una vez en el gobierno estatal, Marín puso a Armenta al lado de su esposa, la primera dama, Margarita García: ella como presidenta del DIF y él como director.

A los dos años,  el llamado “gober precioso” nombró a Alejandro Armenta como secretario de Desarrollo Social, lo que de inmediato lo ponía en la carrera sucesoria de la gubernatura. Pero al cabo se le consideró demasiado verde y lo sacó de esa posición. Como sea, Marín encumbró de nuevo a Armenta, al designarlo presidente del comité estatal del PRI, en los enroques previos a la designación de candidato, que resultó ser Javier López Zavala, secretario de Gobierno, quien terminó perdiendo frente al panista Rafael Moreno Valle.

Caído su protector, Alejandro Armenta ya tenía suficiente cuerda para volar solo.  En 2005 todavía sacó del PRI una diputación federal, y en 2016 fue coordinador general de campaña de Blanca Alcalá. La prensa local le atribuyó “brazos caídos” en esa campaña.

@emeequis

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