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Vidas recortadas: en México, la causa principal de muerte en jóvenes es el homicidio

En este país, es más probable que los jóvenes mueran asesinados que accidentados o enfermos. La causa principal de muerte en personas de entre 15 y 34 años es el homicidio

Por Aldo Canedo
5 ago 2022

Miles de jóvenes fueron asesinados.

EMEEQUIS.- Ni suicidio, ni accidentes, ni enfermedades. En México, la causa principal de muerte en jóvenes de entre 15 y 34 años es el homicidio. En 2021 se registraron 35 mil 625 homicidios en total, de los cuales, casi la mitad fueron cometidos contra personas de este rango de edad.

Según información del Instituto de Estadística y Geografía (Inegi), en 2021 la causa principal de defunciones en personas de entre 15 y 34 años fueron agresiones (homicidios). Y en adultos de entre 35 y 44 años, es la segunda causa principal de muerte, por detrás del covid-19. Esta información es preliminar porque se debe concluir el proceso de confrontación con la Secretaría de Salud para generar las cifras definitivas.

Es decir, de los 35 mil 625 homicidios registrados en el país durante el año pasado, 17 mil 568 se cometieron contra jóvenes de entre 15 y 34 años, lo que representa el 49% del total. No obstante, si a esa cifra le adherimos los 7 mil 664 asesinatos contra personas de entre 34 y 44 años (segunda causa principal de muerte en este grupo de edad), suman 25 mil 232. En porcentaje, del total de homicidios en el país, el 70.82% se dieron contra personas de entre 15 y 44 años.

EL DISCURSO DEL PRESIDENTE

Si bien el presidente López Obrador festejó que en 2021 bajó un 3% el número de homicidios en México respecto al 2020, y que la secretaria federal de seguridad pública, Rosa Icela Rodríguez, afirmó que la estrategia de seguridad en el país está dando resultados; hay un tema que no han resuelto las autoridades: el número de homicidios cometidos contra jóvenes en el país.

Pese a intentos con programas sociales como “Jóvenes construyendo el futuro”, su similar “Jóvenes transformando el futuro”, o las becas Elisa Acuña, la situación de la juventud en el país es crítica, y lo ha sido desde años atrás. La gravedad de la situación se refleja en el hecho de que los jóvenes en este país corren más riesgo de morir asesinados que morir en un accidente o por una enfermedad.

Pero el discurso del presidente sigue encaminado a que la violencia en México es, en gran medida, culpa de la juventud. Tal como expuso el 8 de julio de este año: “Si se atiende al pueblo, si mejoran las condiciones de vida y de trabajo, si se atiende a los jóvenes, claro que se va a serenar el país, esa es la estrategia que estamos llevando a cabo”, declaró.

Aquella mañana, también indicó que “a falta de opciones y oportunidades de trabajo y estudio para los jóvenes, estos terminan siendo seducidos por el crimen organizado. Los encandilan y los enganchan para dedicarse a actividades ilícitas”, apuntó. “No se puede enfrentar violencia con la violencia, no se puede enfrentar el mal con el mal”, agregó.

De acuerdo con lo dicho, la estrategia de seguridad de la 4T es dar opciones de trabajo y estudio a jóvenes del país, argumentando que con ello se alejarán del crimen organizado y disminuirá la violencia en México. Posiblemente muchos homicidios en el país son cometidos bajo este patrón; pero López Obrador y su equipo están ignorando el hecho de que —si bien gran parte del crimen organizado está constituido por jóvenes—, son los mismos jóvenes los que están siendo las víctimas principales de este desfile diario de homicidios.

EMEEQUIS recopiló la historia de 5 jóvenes, hombres y mujeres, a los que, sin deberla ni temerla, les arrebataron la vida. Personas de distintos rangos de edad y de diferentes entidades que fueron víctimas de un país con más de 36 mil homicidios en un solo año.

LUIS FERNANDO, 24 AÑOS, ZACATECAS

Luis Fernando Montes de Oca tenía 24 años. Era estudiante de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG) y se encontraba realizando su servicio social —según sus compañeros, al joven le restaba solamente un mes para concluir este trámite— y al mismo tiempo, era pasante médico del Hospital Regional de Huejuquilla el Alto.

Sin embargo, la noche del miércoles 30 de junio del año pasado, sería una víctima de los más de 17 mil 500 homicidios en mexicanos de su edad. Aquella noche viajó dentro de una ambulancia de la Secretaría de Salud Jalisco luego de dejar a una mujer por complicaciones en su embarazo en Fresnillo, Zacatecas. Se esperaba que la unidad médica retornara a las 20:00 horas, pero nunca regresó.

Más tarde, Seguridad Pública del municipio de Valparaíso, Zacatecas, hizo público que aproximadamente a las 23:30 horas, en la comunidad La Florida —zona con alta presencia de crimen organizado— localizaron la ambulancia abandonada e incendiada. Cerca del móvil, se encontró el cuerpo del médico Luis Fernando, así como del operador de la ambulancia. Ambos presentaban impactos de balas de arma de fuego en diferentes partes del cuerpo, habían sido acribillados.

MARISOL, 18 AÑOS, SONORA

Se manifestaba en Guaymas, Sonora, contra la violencia de género que viven las mujeres en este país. Fue el 25 de noviembre, frente al Palacio Municipal del lugar, cuando un comando armado llegó al lugar a abrir fuego. Las balas solo alcanzaron a dos personas: un guardia de seguridad y Marisol Cuadras.

Minutos después de tomarse una fotografía con la alcaldesa, Marisol—quien vestía de negro con un pañuelo morado al cuello— salió a reunirse con las demás manifestantes. Fue ahí cuando, a las 18:40 horas, un grupo armado de sicarios arremetió contra autoridades que se encontraban en la puerta del Palacio Municipal. Según la Fiscalía, los homicidas llevaban armas largas “de uso exclusivo del Ejército”, y también explosivos.

Desafortunadamente, uno de los disparos terminó con la vida de la joven, quien, sin deberla ni temerla, fue víctima de homicidio; justo en un día de protesta nacional por violencia de género. El colmo fue la declaración del almirante Ojeda, quien, tras los hechos, expresó que el atentado iba dirigido al secretario de seguridad municipal, y dijo que “desgraciadamente hubo daños colaterales”, refiriéndose al homicidio de Marisol Cuadras.

SARAY, 31 AÑOS, COLIMA

Los homicidios contra personas de este grupo de edad no se limitan a alguna bala pérdida o a personas que estuvieron en un mal lugar en algún momento equivocado. Casos como el de Saray, exponen que las agresiones por odio son también mayoría en los asesinatos en el país.

Saray Ramos Izaguirre tenía 31 años cuando fue asesinada el pasado 11 de diciembre en Colima. Su cuerpo fue probablemente la razón que originó su homicidio: Saray no era una mujer común: era abiertamente transexual, y esa misma característica, según activistas de la ciudad, fue la razón por la que su cuerpo fue encontrado en el Canal Juárez, al sur de la entidad, con marcas de tortura y un narcomensaje escrito en una cartulina.

El lugar donde se encontró el cuerpo de Saray Atenea es conocido en Colima como "el corredor de la muerte". Es un canal de riego que en sus alrededores presenta una mezcla letal para la vida humana: narcotráfico, trabajadoras sexuales y poco interés de las autoridades por vigilar. El caso de Saray significó el quinto transfeminicidio registrado en Colima durante 2021, según datos del colectivo Orgullo Disidente.

ALEXANDER, 16 AÑOS, OAXACA

Los homicidios en México no solo son cometidos por criminales o personas que salieron de sus casillas por odio o enojo. Hay asesinatos cometidos “por error”. ¿Pero qué pasa cuándo esos errores le arrebatan la vida a un joven de 16 años? Y más grave aún, ¿Y si el error es cometido por un policía?

Alexander era un joven Mexicoamericano que radicaba en Oaxaca, específicamente en el poblado Vicente Camalote. La noche del 9 de junio el joven, junto a tres de sus amigos, salió de casa a comprar un refresco a la tienda más cercana. Quizá un antojo nocturno tras entrenar fútbol en la filial de Rayados Tierra Blanca, equipo donde jugaba y ya participaba en Tercera División Profesional.

Pero ninguno de los 4 jóvenes alcanzó a cruzar la calle rumbo a la tienda cuando —sin idea de lo que ocurría— fueron atacados por arma de fuego. Los disparos provenían de una patrulla de la Policía Municipal de Acatlán de Pérez. Un joven resultó gravemente herido y fue trasladado al hospital más cercano, dos más no sufrieron heridas; y uno fue asesinado de inmediato: Alexander.

Los policías se habían equivocado, ni Alexander ni sus amigos estaban involucrados en algún crimen. Fue asesinado “por accidente”. Su madre publicó en sus redes sociales: “Anoche policías del municipio de Acatlán de Pérez Figueroa Oaxaca asesinaron en Vicente Camalote a un niño inocente de 16 años, un niño sano, sin vicios; según lo confundieron. #justiciaparaalexander”

MARIANA, 24 AÑOS, CHIAPAS

Es difícil, sino imposible, saber cuántos de los más de 17 mil 500 homicidios contra jóvenes en este país pudieron prevenirse o incluso salvarse en el último momento. Lo que sí se puede afirmar es que hay casos, como el de Mariana, que tuvieron dos culpables: el presunto homicida, y la autoridad que decidió ignorar a la víctima cuando pidió ayuda.

Mariana Sánchez Dávalos fue encontrada muerta el 28 de enero del año pasado. Como en varios casos, las autoridades decidieron culpar a la víctima: se trató de un suicidio, afirmaron en la Fiscalía de Chiapas. Específicamente, “muerte por asfixia secundaria por ahorcamiento. Sin signos de violencia ni agresión sexual”, dictaba el primer informe forense.

Días después, salió a la luz la presunta verdad: Mariana, estudiante de medicina —quien se encontraba realizando su servicio social en una clínica rural de la Secretaría de Salud en la comunidad de Nueva Palestina, en Ocosingo— había denunciado abuso sexual por parte de un compañero que había entrado a su cuarto a la fuerza. Incluso, la joven había solicitado un cambio de horario para alejarse de su agresor.

Ni la Universidad Nacional Autónoma de Chiapas, ni la Secretaría de Salud tomaron en serio su caso. Tras el presunto feminicidio, existieron múltiples inconsistencias en el caso: se detuvo a la directora del hospital donde Mariana realizaba su servicio social por no haber cumplido con el protocolo de género y abuso de poder, pero no se investigó al joven denunciado. La madre, familiares y amigos de Mariana, afirman que fue víctima de un feminicidio.

ES UN PATRÓN

Los datos de que la causa principal de muerte en jóvenes sea el homicidio no es un hecho aislado al 2021. En 2020, el homicidio también fue la causa principal de muerte en personas de entre 15 y 34 años (18 mil 064). E igualmente, fue la segunda causa en el grupo de 35-44 años.

Es un patrón: según los datos del Inegi, desde antes del covid-19, en el 2018 y 2019, el homicidio fue la principal causa de muerte en personas de entre 15 y 44 años (en años posteriores el covid fue la causa principal en el grupo de 34-44). En este rango de edad se suscitaron 27 mil 36 asesinatos (2019) y 26 mil 628 (2018). Y en 2017, lo mismo, el homicidio prepondera sobre todas las demás causas en este grupo de edad.

Otro detalle para destacar es la contundencia de los asesinatos: de todos los homicidios cometidos el año pasado contra personas de 15-34 años, el 70% no alcanzó a recibir atención médica.

México vive muchas crisis, pero sin duda alguna, el hecho de que el futuro del país, la juventud, esté siendo asesinada año tras año no es algo común, mucho menos normal. La crisis de la violencia en este país arrebató la vida de más de 17 mil jóvenes el año pasado, y un año antes 18 mil, y años atrás más de 20 mil. Mientras tanto, el ejecutivo federal continúa con un discurso que busca criminalizar a la propia juventud, aunque, como expusimos arriba, los homicidios van más allá de eso: en muchos casos, las muertes pudieron ser prevenidas, o son causa de fallas sistemáticas de un gobierno que, tal como indican las estadísticas, romperá récord en homicidios.

@emeeequis

@aldo_canedov



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