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Organizar un funeral a los restos equivocados: fosas clandestinas

La primera desaparición de Manuel de Jesús se dio el 23 de mayo al ser levantado por un grupo delictivo, la segunda cuando el personal de la Fiscalía perdió su cabeza entre los restos encontrados por colectivos de búsqueda. La tercera, cuando equivocaron el trozo de brazo entregado a su familia.

10 / 18 / 23

EMEEQUIS.– Llevaba el nombre de su madre tatuado en el tobillo izquierdo. Fue la forma en que pudieron identificar que los restos humanos encontrados dentro de la tierra pertenecían a Manuel de Jesús Guzmán, desaparecido el pasado 23 de mayo en el estado de Tamaulipas.

La palabra tatuada era “Amalia” en letras cursivas y sobresalía de la pierna encontrada en una fosa clandestina en Reynosa. La encontraron las madres, hijas, abuelas y esposas que forman parte del Colectivo Amor por los Desaparecidos en Tamaulipas, el hallazgo se dio el pasado 14 de julio. Las buscadoras informaron a las autoridades sobre el hallazgo de, al menos, 27 personas dentro de 11 fosas clandestinas.

Supieron de la localización después de una llamada anónima, pero al llegar al terreno encontraron la tierra marcada con cruces rojas. Comenzaron las excavaciones con picos y palas hasta que de la tierra brotaron trozos humanos, algunos de reciente descomposición. La Fiscalía estatal informó oficialmente del hallazgo cuatro días después, iniciaron investigaciones para identificar los restos, pero hasta el momento sólo uno, Manuel, ha sido identificado y entregado a sus familias. Otras seis familias con positivo a perfiles genéticos esperan por tener los restos de sus desaparecidos. 

Manuel de Jesús Guzmán era padre de una niña que acaba de cumplir un año, esposo de Edna Viviana e hijo de Amalia. Tenía 28 años y trabajaba como guardia de seguridad en un centro nocturno. Desapareció a plena luz del día. Pasaban las tres de la tarde cuando fue a comprar comida a un centro comercial en Reynosa y lo retuvo un comando armado, lo subieron a una camioneta y se lo llevaron. 

Fue encontrado dos meses después en un entierro furtivo del crimen organizado. Su cuerpo estaba descuartizado. Viviana Pérez, de 19 años de edad, reconoció que se trataba del cuerpo de su esposo Manuel cuando escuchó la descripción de su tatuaje en una transmisión en vivo que hicieron las madres buscadoras del colectivo a través de redes sociales. 

“Aquí salió uno que trae un tatuaje en el tobillo que dice Amaya (Amalia) en letras cursivas, por si alguien identifica”, dice una miembro del colectivo en el video publicado en julio de este año. 

Prendas halladas. 

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La excavación.

 Cuerpo en fosa.

Viviana se comunicó con el colectivo y le enviaron fotos del cuerpo. Eran sus piernas, sus brazos sin manos, sus tatuajes, era su esposo. Pidió apoyo de las autoridades, por miedo a represalias, no había denunciado la desaparición de su esposo hasta ese momento. 

La demora fue exhaustiva. Tardaron más de dos meses en identificar el cuerpo, pese a que ella entregó todas las pruebas, fotografías, descripciones y pruebas genéticas para confirmar su localización. Fue hasta el mes de septiembre que se comprometieron a dar una respuesta. 

“Me hablan y dan positivo al cuerpo de mi esposo pero sólo a cuatro partes del cuerpo de él, no venía la cabeza. Yo les pregunto dónde está la cabeza de mi esposo y su única respuesta fue que al momento de encontrarlos los revolvieron y ahora no encontraban su cabeza”, cuenta la esposa Manuel sobre las justificaciones que le dieron las autoridades por demorar en la entrega cuerpo. Finalmente el cráneo de Manuel pudo ser ubicado por la forma de sus dientes y los brackets con ligas color naranja que portaba antes de su desaparición.

Su esposa, Viviana cuenta a EMEEQUIS la travesía para encontrar, identificar y regresar a casa los restos de su ser amado. Algo muy poco frecuente entre la historias de las más de 112 mil 500 personas desaparecidas. 

Aunque el cuerpo no fue encontrado completo, ella dice que fue también “un alivio tener donde ir a llorarle, a platicar con él. Dónde decirle a mi hija que ahí está su papá. Esa era mi angustia, saber que ella iba a crecer y cómo le iba a decir dónde estaba su papá”.

Manuel de Jesús. 

“NO ENCONTRAMOS LA CABEZA”

Las pruebas genéticas hechas a la madre, hermano e hija de Manuel daban positivo a los rastros de huesos y piel que encontraron en fosas clandestinas en Reynosa, Tamaulipas el pasado mes de julio. 

Viviana tuvo que reconocer que los restos pertenecían a su esposo y, al entregarlos, le hicieron firmar una hoja de conformidad; sin embargo, ella quedó extrañada sobre si todas las partes del cuerpo que sepultó pertenecían o no, a Manuel de Jesús.

“Veo a mi esposo y me doy cuenta que el brazo que me entregaron no es el de mi esposo, porque no venía su tatuaje”, cuenta Viviana sobre el tatuaje en los brazos que compartía con su pareja. Ambos tenían la misma silueta de una fotografía juntos tatuada en el antebrazo. Ella del lado izquierdo, él en el derecho. 

“Nosotros tenemos un tatuaje. Yo lo tengo en el brazo izquierdo, él en el derecho, es una foto de nosotros tatuada. Yo les pregunté (a las autoridades) dónde estaba ese tatuaje y me dicen que no, que se descompuso, porque el brazo derecho sólo era un huesito, no tenía nada de carne”, cuenta que sólo le dieron los restos óseos de un brazo del codo hacia abajo, pero sin manos. 

Personal de la Fiscalía de Tamaulipas justificó “que estaban revueltos los cuerpos y esas partes estaban más a la intemperie y que los restos se habían descompuesto más rápido”, afirma Viviana Pérez, quien ante la posibilidad de una segunda inspección de los restos encontrados en las fosas, buscará más partes del cuerpo de su esposo. 

La primera desaparición de Manuel de Jesús se dio el 23 de mayo al ser levantado por un grupo delictivo, pero la segunda cuando el personal de la Fiscalía perdió su cabeza entre los restos encontrados por colectivos de búsqueda. La tercera, cuando equivocaron el trozo de brazo entregado a su familia. 

“Es un proceso tan doloroso, y una decepción tan grande porque tuve que recurrir a apoyo y al juez de control para que me pudieran entregar a mi esposo. Era una desesperación tan grande que no te dieran ni una respuesta, ni siquiera un positivo de ADN”, cuenta Viviana. 

Manuel de Jesús es el primero en ser identificado tras la localización de cuerpos en las fosas comunes de la zona de Arboledas y las Fuentes en Reynosa, Tamaulipas. Seis familias con expedientes genéticos positivos están a la espera de la entrega de cuerpos, pero se calcula que en México hay más de 52 mil cadáveres sin identificar. 

“Soy la primera que le entregan un cuerpo, porque al parecer son seis, pero al resto de las familias que están reconociendo los cuerpos, no los han entregado. No sé qué esperan para hacer su trabajo, ellos no se ponen en lugar de la familia”, apunta Edna Viviana. 

El resumen del calvario.

ELLAS ENCUENTRAN, ELLAS IDENTIFICAN 

Los colectivos de madres que buscan desaparecidos, muchas veces sin el apoyo del gobierno, también tienen que exponer sus hallazgos para que otras familias puedan encontrar similitudes con rasgos, ropas o características de los cuerpos que puedan coincidir con los suyos. 

En Tamaulipas, el colectivo Amor por los Desaparecidos lo hace a través de fotografías y videos en vivo de los hallazgos en las fosas con descripciones sobre los restos que encuentran. 

Hace unos meses el gobierno de Jalisco intentó prohibir e inhibir las búsquedas, amenazando a las madres son ser denunciadas a través de la Ley Ingrid, por difundir fotografías de restos humanos pues podrían representar un agravio a la memoria y dignidad de las víctimas. Esto fue repudiado por los colectivos, ya que afirmaron que realizaban labores que le corresponden al Estado, pero son omisos en buscar a los más de 100 mil desaparecidos que se registran en el país. 

Los videos y fotografías que las mujeres tomaron en la búsqueda entre fosas de Tamaulipas, hicieron posible el hallazgo y localización de Manuel de Jesús Guzmán, pero identificar y volver el cuerpo de los desaparecidos a casa es algo no muy frecuente. 

“Cómo le explicas a la familia que sólo hay cachitos, que alguien tomó a tu familiar, lo descuartizó, lo quemó y sólo quedaron dos o tres partes”, explica Delia Quiroa, asesora jurídica y fundadora del Colectivo 10 de mayo en Tamaulipas, quien apoyó a Viviana Pérez para que las autoridades gestionaran la entrega del cuerpo de su esposo. 

Afirma que en el estado de Tamaulipas y en todo el país hay una tendencia por querer disminuir la cifra de homicidios al no entregar los cuerpos de personas desaparecidas a sus familias.

El Colectivo 10 de mayo refiere que, de manera extraoficial, autoridades del gobierno de Tamaulipas les han referido la existencia de al menos 500 cuerpos y restos de personas que ya fueron identificados conforme a perfiles genéticos cedidos por las familias, pero aún ninguno ha sido entregado. Ocurre con seis familias de las fosas de Arboledas y las Fuentes que, pese a que ya se comprobó la identificación de los cuerpos, no son entregados a sus familias. 

Esta tendencia se percibe también cuando el gobierno federal ha intentado bajar las cifras de desaparecidos a través de la elaboración de un nuevo registro a iniciativa del presidente Andrés Manuel López Obrador. 

“El presidente de la República estaría cometiendo el delito de desaparición forzada de acuerdo a lo que dice la ley, quien oculte u obstruya información para dar con el paradero de una persona. Si el presidente quiere cambiar las cifras, estaría cometiendo delitos de lesa humanidad, hasta lo podríamos llevar ante la Corte Penal Internacional”, explica la buscadora Delia Quiroa en entrevista con EMEEQUIS.

LOS DESAPARECIDOS ENCONTRADOS SIN VIDA Y LOS QUE ESPERAN POR IDENTIFICACIÓN

Durante la actual gestión presidencial, se reporta la desaparición de más de 44 mil personas, una cantidad superior a los desaparecidos en los dos sexenios anteriores. Además de que mientras se reporta baja en homicidios, las desapariciones han aumentado en un 27%. 

De las personas reportadas como desaparecidas del 1 de diciembre de 2018 al 17 de octubre de 2023, 5 mil 960 fueron localizadas sin vida, lo que representa al 13.5% de los casos, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas de la Secretaría de Gobernación. 

El 85% de las personas encontradas sin vida son hombres ( 5 mil 122), el 13.7% son mujeres (820) y en 18 casos el género ha sido indeterminado. 

La mayor parte de los desaparecidos que fueron encontrados muertos se hallaron en Jalisco, Nuevo León, Veracruz, Zacatecas, Sinaloa, Puebla y Tamaulipas. 

De acuerdo con las cifras oficiales, el 73% de los reportes iniciados por la localización de cuerpos sin vida se hizo por particulares y sólo 27.3% fueron localizados por autoridades, del año 2019 a 2023. 

Mientras tanto, cifras del Movimiento Nacional por Nuestros Desaparecidos señalan que la crisis forense en México se refleja con 52 mil cuerpos que esperan por identificación en los servicios médicos forenses del país, cifras que fueron reconocidas por el subsecretario de gobernación, Alejandro Encinas. 

En tanto, el INEGI reportó que tan sólo durante el año pasado, de los 130 mil 470 cadáveres que ingresaron a servicios forenses y periciales en todo el país, no se logró identificar al 37.6%, es decir, más de 49 mil personas que esperan por ser identificadas.

@GloriaPE_

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SOBRE EL AUTOR

Gloria Piña



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