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La violencia estética acecha a Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez

Lo más probable es que México tenga por primera vez a una presidenta, mientras tanto, Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez enfrentan violencia estética, que se manifiesta en comentarios y representaciones audiovisuales agresivas, “atacando su apariencia física y su corporalidad, dejando de lado su desempeño político”, señala la especialista Esther Pineda.

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Las candidatas enfrentan estereotipos, estigmas y presiones por cumplir estándares de belleza hegemónicos. Fotos: Cuartoscuro.com.

EMEEQUIS.– “Critican mis kilos de más y me critican los dientes chuecos. No se preocupen, eso se quita”, dice entre risas la candidata presidencial Xóchitl Gálvez, después de recibir mensajes de odio en su número telefónico que fue filtrado durante el fin de semana. Estas no han sido las únicas burlas, a la candidata del PRI, PAN y PRD, la han caricaturizado como un “globo” o “botarga” , en críticas gordofóbicas sobre su aspecto físico.

Los mensajes de odio también fueron enviados a Claudia Sheinbaum, candidata presidencial por el partido Morena. No sólo a su número filtrado, también ha sido objeto de comentarios que la señalan más por su aspecto físico y arreglo personal, que por su trabajo en la política.

A Claudia, las marcas naturales de envejecimiento en su rostro la han hecho objeto de burlas; al grado de convertir su expresión de cansancio en un popular “meme” con la frase “wey ya”.

Es la primera vez en la historia de México que dos mujeres buscan la presidencia del país y, de acuerdo a las encuestas, lo más que probable es que llegue una mujer a ocupar la silla presidencial después de los comicios.

Si bien, la participación política de las mujeres ha ido en aumento gradualmente en el país, no se han eliminado los estereotipos, estigmas y presiones por cumplir estándares de belleza hegemónicos e inalcanzables, que limitan su libre desarrollo profesional y de toma de decisiones sobre su propio aspecto.

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“La violencia estética es el conjunto de discursos, representaciones y prácticas que presionan a las mujeres a responder al ideal de belleza, presión que se realiza mediante la persuasión, la discriminación, la ridiculización, la comparación, entre otras. En el caso del ámbito político, esa violencia estética se manifiesta principalmente mediante comentarios virtuales o presenciales y representaciones audiovisuales que agreden a las mujeres que hacen vida en la política, atacando su apariencia física y su corporalidad, dejando de lado su desempeño político”, explica, en entrevista con EMEEQUIS, Esther Pineda, doctora en Ciencias Sociales, autora del libro Bellas para morir. Estereotipos de género y violencia estética contra la mujer.

La escritora refiere que estos estándares sociales que agreden y coaccionan la libre participación de las mujeres en todo ámbito profesional, no son los mismos que se les dicta a los hombres, ya que la forma en que se vean no determina su crecimiento laboral, esto hace que la violencia estética tenga claras motivaciones de género.

Más aún, la violencia estética se presenta dentro de un ámbito que ha sido históricamente patriarcal, como lo es la política. Incluso, dice Esther Pineda, a las mujeres se les orilla a masculinizarse, o mostrarse lo menos femeninas posibles para ser tomadas en cuenta, respetadas y validadas.

“Es poco probable que haya una imagen que logre agradar a los electores o colegas políticos, porque más que la apariencia de las mujeres lo que molesta es su participación en la política, ámbito tradicionalmente concebido como masculino”, explica Pineda, pionera en acuñar el concepto de “violencia estética”.

Durante estos comicios, los señalamientos y juicios sobre la manera en que se ven las candidatas es una forma de violencia política de género. Pese al avance de la paridad, donde hay dos mujeres por la presidencia y serán postuladas mujeres, de manera obligatoria, en al menos cinco de las ocho gubernaturas de elección, las formas de coacción a través de la violencia estética han sido tan normalizadas al grado de ignorarse o borrarse.

EMEEQUIS consultó con especialistas, consultoras e investigadoras de género para analizar la manera en que la violencia estética estará presente en los comicios electorales y por qué estas presiones y críticas hacia el aspecto de las mujeres deben considerarse una forma de violencia política en razón de género.

LA SEXUALIZACIÓN Y EL VOTO: LA PRESIÓN POR SER PERFECTAS

El cabello de la candidata Claudia Sheinbaum pasó de tener rizos a ser completamente lacio y sujetado con una coleta alta que ya se volvió un signo característico de su persona; se aplicó carillas en los dientes e hizo algunas adecuaciones faciales para evitar que se vieran manchas y arrugas en su rostro.

De igual forma, Clara Brugada, aspirante a gobernar la Ciudad de México por Morena, pasó de tener el cabello quebrado sujetado en un chongo a hacerse peinados de salón, con el cabello planchado y pigmentado.

En el caso de Xóchitl Gálvez, a través de campañas creadas por inteligencia artificial, los cambios hechos a su aspecto son notorios al disminuir su edad, mostrarla con un rostro sin arrugas ni imperfecciones, afinar sus rasgos y mostrarla en un semblante más delgado.

Las modificaciones que han hecho las candidatas a su aspecto responden a imposiciones culturales por alcanzar un estándar de belleza en el que se busca que los cuerpos tengan un mismo tamaño, estética, pigmentación blanqueada y rasgos hegemónicos.

“La realización de estas modificaciones en medio de una campaña política pone en evidencia cuánto puede afectarles la violencia estética que están recibiendo, lo cual puede ser percibido por el electorado, colegas y adversarios, como un signo de debilidad basado en su condición de mujer; lo cual favorece la exacerbación de los prejuicios sexistas que ya existen sobre las mujeres en la política”, explica la doctora Esther Pineda sobre las razones por las que surgen cambios físicos en las candidatas y corresponden a la profundización de inseguridades e inconformidades hacia su propia imagen.

“Para poder alcanzar esa imposición le hacemos a nuestro cuerpo de todo, desde una ceja depilada, hasta operaciones más invasivas, tratamientos estéticos invasivos”, explica Alejandra Collado, investigadora postdoctoral en el Centro de investigaciones y Estudios de Género de la UNAM.

Afirma que estas normas sociales sobre la estética vinculadas con prácticas sexistas “han estado tan normalizadas históricamente que no se ve como una violencia, incluso hay quienes lo relacionan con prácticas de autocuidado e inclusos algunos hablan que es por salud. Por ello es tan difícil que se le pueda nombrar como tal”, explica en entrevista.

Por su parte, la especialista en comunicación política, Alejandra López, directora de Consultoras en Género y Gobierno, dice que las mujeres que tienen participación en la política se ven forzadas a navegar en una disyuntiva en la que serán juzgadas por la manera en que se ven, deben arreglar su imágen personal pero no parecer “muy atractivas” o serán juzgadas por frivolidad.

“Tener una imagen más cercana a los estereotipos te ayuda a que pongan más atención en tu discurso y en lo que propones que en cómo te ves”, afirma la especialista en liderazgo femenino, sin embargo, reconoce que toda la presión que se ejerce estética sobre las mujeres forma parte de la violencia política por razón de género.

“Hablar del físico de una persona es ejercer violencia, y ejercer violencia política de género porque es una mujer que está en un cargo público, porque es visible y porque hablar de su peso no tiene nada que ver con las decisiones que tome como política (…) El papel que va a tomar el INE como árbitro al denunciar la violencia política de género va a ser muy importante”, dice.

Al ser la política un espacio históricamente patriarcal, donde sólo estaba permitida la voz masculina los cánones de belleza no se ven reflejados en la misma exigencia para ellos, pero sí para las mujeres que, además de la preparación académica deben cumplir verse atractivas, jóvenes, delgadas y blanqueadas.

“Para que seas tomada en cuenta en la política, también cumple con todas las normas que estipula tu género, que es cierto tipo de maquillaje, accesorios, el color de piel, cabello”; dice Alejandra Collado, al afirmar que en la política una mujer “va a ser una intrusa hasta que ya sea normalizado que haya mujeres presidentas. Lo mismo ocurre por ejemplo, en el fútbol, en espacios que originalmente no fueron pensados para nosotras, somos vistas como intrusas, lo que se intenta es que regresemos al lugar al que pertenecemos”.

LA GORDOFOBIA Y LA VIOLENCIA POLÍTICA

La gordofobia es la discriminación hacia personas gordas por el hecho de serlo. Es una afectación transversal e interseccional, también ligada al racismo, clasismo y la discriminación contra comunidades indígenas.

Es a partir de la construcción de narrativas de exclusión y estereotipos, que la gordofobia se convierte en una forma de discriminación, ya que limita el acceso de las personas a otros derechos, de acuerdo con Georgina Diédhiou, subdirectora de Educación del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.

“La gordofobia se convierte en un presunto acto de discriminación, cuando se niega un derecho humano. Cuando se restringe el acceso, goce y ejercicio de un derecho como podría ser el derecho a la vida, a la salud, la educación, la vivienda, el derecho al trabajo, a la identidad o al el derecho al libre desarrollo de la personalidad, la cultura o la movilidad por el territorio”, explica en entrevista con EMEEQUIS.

La libre participación política tambien se ve mermada bajo esta forma de discriminación. Ocurrió con las agresiones contra la senadora de Morena, Citlalli Hernández, donde se inició una queja ante Conapred contra el empresario Ricardo Salinas Pliego por las constantes ofensas en redes sociales relacionadas al físico de la política.

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, de 2018 a 2023 recibió 20 quejas relacionadas a presuntos actos de discriminación derivadas de gordofobia y violencia corporal. La forma de resolver las quejas va desde disculpas públicas, privadas y el incluir programas de capacitación de sensibilización en materia de igualdad y discriminación.

El 23.7% de la población adulta en México ha sido discriminada por su condición de apariencia física, como el color de su piel, su altura o su peso; de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) 2022 realizada por el INEGI.

Para las mujeres con participación política, la violencia estética a través de la gordofobia ha limitado la representación de personas gordas en perfiles de cargos políticos, de elección popular, en espacios que ya de por sí, están capitalizados por varones; como explica la analista política especialista en gordofobia y violencia corporal, Daniela Castell.

“Ser mujer y estar en la política es muy difícil”, comenta Castell. “De por sí a las mujeres se nos obstaculizan por el simple hecho de ser mujeres, también se nos violenta, se nos juzga, sufrimos de prejuicios constantes que ponen en duda nuestra capacidad por el simple hecho de ser mujeres”.

¿NECESITAMOS LEYES PARA RECONOCER LA VIOLENCIA ESTÉTICA?

La violencia política en razón de género hace referencia a todas las acciones que menoscaban el derecho de las mujeres por ocupar puestos públicos; este tipo de violencia es reconocida dentro de la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia; sin embargo esta no contempla una conceptualización de violencia estética.

Lo más cercano entre violencia estética y corporal y su afectaciones como forma de violencia política de género se encuentran en el artículo 20 de la LGAMVLV, que describe las conductas que constituyen un delito electoral por violencia política de género, entre las que se menciona el emitir mensajes, imágenes o información sobre la vida privada de las mujeres que menoscaben su participación en la política, además de denigrar su imagen pública a través de propaganda basada en estereotipos de género.

Sin embargo, en marzo del año pasado, fue propuesta ante el Senado una iniciativa por tipificar la violencia estética en México; entendida como aquella que agrede a las mujeres bajo criterios racistas, gentrofóbicos y gordofóbicos, principalmente a través de contenidos difundidos por medios de comunicación donde se sexualiza el cuerpo de las mujeres con fines de entretenimiento.

La iniciativa fue presentada por las senadoras Antares Vázquez y Citlalli Hernández por modificar la Ley de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, reconociendo como una forma de agresión las presiones sociales por responder a cánones de belleza inalcanzables. Sin embargo, hasta ahora la propuesta no ha tenido mayor avance. 

Para la doctora Esther Pineda, antes de definir una tipificación y emitir  sanciones sobre la violencia estética, se debe de reconocer socialmente que es un problema emitir discursos sobre el cuerpo de las mujeres que condicionan y limitan su participación en diversos ámbitos sociales.

“La  tipificación por sí sola no va a erradicar la violencia estética, por lo cual la sanción siempre debe ir acompañada de la formación, la sensibilización social, y la modificación de las narrativas y representaciones”, de igual forma el esfuerzo tiene que surgir a partir de la forma en que se visualiza el papel de las mujeres en los medios de comunicación.

“Sabremos que como sociedad hemos cambiado cuando se habla del desempeño de las mujeres en la política y no de su aspecto físico”, afirma Pineda.

Al respecto, la doctora Alejandra Collado del CIEG, quien refiere que son necesarias leyes para nombrarla y reconocerla. Explica que son indispensables sanciones dirigidas a empresas, instituciones y entes que se dedican a producir discursos que reducen a las mujeres a la forma en la que se ven y siguen normalizando prácticas de violencia estética a través de tratamientos o cirugías, esto también en el campo de la política.

“El físico no tendría nada que ver, tampoco qué tan jóvenes son, qué tan delgadas o si usan tacones o huipiles, o se visten de negro, o si tienen chinos. Desafortunadamente son estereotipos tan arraigados que hay una idea de que si no se cumple con cierto físico vale menos la persona y también la propuesta”, afirma.

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Gloria Piña



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