Abandonado por sus familiares, Landon murió de hambre

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Abandonado por sus familiares, Landon murió de hambre

El niño de 8 años vagaba entre casas de familiares hasta que falleció por desnutrición. Un análisis de las actas de defunción indica que el abandono y la negligencia están entre las causas de muerte #MatarAUnHijo

Por Alejandra Crail
16 oct 2019

Ilustración: Elian Tuya

A la Estación de Bomberos de la zona oriente de Saltillo, en Coahuila, un estado al norte de México, llegó un hombre cargando a un niño delgadísimo. Las escuálidas extremidades de Landon contrastaban con la complexión robusta de quien se identificó como su padre. Era un asunto de vida o muerte, a juzgar por la agonía del menor de edad. 


Los bomberos y el personal médico que los recibieron pensaron que, por sus características físicas, el menor tenía un problema motriz. No era eso. 


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Jacinto Á., 23 años, les explicó que su hijo se estaba ahogando con el vómito que le provocó un caldo. Los paramédicos trataron de regresar a la vida al niño. Era demasiado tarde. 

 

Posteriormente circularía una inquietante versión, que viralizaría su muerte por medio de encabezados sensacionalistas, incluso en otros países: que a Landon Yahir lo obligaron a comer su propio excremento y por eso comenzó a vomitar incontrolablemente hasta broncoaspirarse. Sin embargo, Everardo Lazo Chapa, delegado de la Fiscalía General del Estado, desmintió lo anterior días después, pues la necropsia sólo arrojó broncoaspiración como causa de muerte. Pese a ello, reconoció que había huellas de maltrato y desnutrición en el cuerpo de Landon Yahir. 

 

“Perdóname mi amor, no te me vayas”, le suplicaba Jacinto al chiquillo que recostado en su pecho ya había dejado de respirar, recuerda el taxista que los llevó en un trayecto de 10 minutos desde la calle Misión San Agustín hasta la Estación de Bomberos. 

 

El jueves 25 de octubre de 2018 se filtró a los medios locales la noticia de que, a las 11 de la mañana, un menor de 8 años había llegado muerto a la estación, que se había golpeado la cabeza al caer de un sillón y que aparentemente tenía problemas motrices.


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Después la versión cambió. Los mismos paramédicos llamaron a la Procuraduría para Niños, Niñas y la Familia (Pronnif) de Coahuila porque detectaron diversos moretones en el cuerpo de Landon, además de graves síntomas de desnutrición.

 

Así fue que el cuerpo del pequeño de ojos grandes y pestañas rizadas terminó en una plancha del Servicio Médico Forense en la colonia Satélite.

 

Esta es la historia de un niño que murió víctima de negligencia y abandono por parte de su familia. Un caso perdido entre cientos de muertes en el país de menores de 15 años en los que la autoridad no pudo establecer quiénes fueron los responsables. A Landon lo mataron de hambre.

 

A disparos, ahorcados por sus progenitores, acuchillados, maltratados o víctimas de negligencia, así son asesinados cientos de niños año tras año en México. Una investigación realizada por EMEEQUIS, basada en las actas de defunción que procesa el INEGI, revela que cuatro de cada 10 homicidios en contra de menores de 15 años ocurren en sus propias casas. 

 

ASESINADO POR TU PADRE

 

El caso del niño originario de Coahuila refleja la vulnerabilidad a la que está expuesto el 27% de la población en el país, pues en ocasiones los pequeños corren más peligro con sus propias familias. Muchos sobreviven y crecen con las secuelas de los maltratos físicos y psicológicos, otros nunca van a poder contar su historia.

 

La base de datos de EMEEQUIS, creada a partir de las actas de defunción que procesa el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), muestra que cada dos días es asesinado un menor de 15 años por algún familiar cercano, dentro de sus hogares o directamente por maltrato. 

 

Este registro muestra la última parada de la cadena de violencia que padecen miles de menores de edad al lado de sus cuidadores: la muerte. Los médicos alrededor del mundo lo han llamado Síndrome de Kempe (por el investigador Henry Kempe, quien lo identificó en los años sesenta), Síndrome del Niño Maltratado y, recientemente, Maltrato Infantil. Se trata de actos deliberados por parte de padres, madres, padrastros y cualquier familiar que tenga a cargo a un menor, que buscan dañar física, emocional o psicológicamente a las niñas y niños.



Tras procesar la base de datos, esta revista digital pudo determinar cómo las familias asesinan a sus niñas y niños. Los agresores no atacan de la misma forma a un recién nacido que a un adolescente de 14 años, tampoco lo hacen igual si se trata de un niño o una niña. El género también pesa. Entre más jóvenes, mayor indefensión, aunque todos en ese rango de edad son víctimas potenciales.

 

Aún con ello hay realidades tangibles que sobresalen del universo: las familias están matando a sus pequeños con armas de fuego (36% de los casos) y las autoridades no se esfuerzan en determinar las causas en 26% de los asesinatos.

 

MORIR A DISPAROS

 

En 2016 hubo un pico en el número de homicidios con armas de fuego relacionados con maltrato infantil. A partir de ese año morir de un balazo se convirtió en la principal causa de muerte de este sector poblacional. Los padres son quienes más disparan.

 

Si para 2014 se habían acumulado 103 homicidios contra menores de 15 años con arma de fuego, en los que los agresores eran conocidos, dos años más tarde la cifra subió a 198, un incremento de 48%. Este aumento es, incluso, superior al que hubo en ese periodo a nivel nacional, cuando el uso de armas de fuego en homicidios contra la población en general subió casi 20%.

 

Esto pese a que existen programas nacionales y estatales de desarme voluntario, como el Canje de Armas de Fuego de la Secretaría de la Defensa Nacional o la jornada “Sí al desarme, sí a la Paz”, de la Ciudad de México, con los que se apuesta a que las familias intercambien sus armas por recursos económicos, para reducir el número de delitos que se cometen con ellas. 

 

Al tiempo que los niños y niñas van cumpliendo años, sube la posibilidad de que se use un arma de fuego en su contra. Los casos se acumulan mayoritariamente entre los menores que van de los 12 a los 14 años.


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Sin embargo, hay homicidios como aquel que ocurrió en Chimalhuacán, Estado de México, donde un padre de familia mató de un disparo a su hijo de 8 meses de edad dentro de su casa en 2016. Existen otros registros de homicidios con arma de fuego cometidos dentro de los hogares en los que la autoridad no pudo determinar quién mató a los pequeños. 

 

Del otro lado están los cientos de homicidios de menores de edad en los que no se pudo determinar la causa de muerte. Muchos de ellos como el caso de Landon, en el que los impartidores de justicia no pudieron encontrar la relación entre la negligencia y el abandono que sufría y la causa de su muerte.

 

La desnutrición severa que padeció y el rastro de los golpes en su cuerpo debieron bastar para que su deceso no quedara impune. 

 

“Sus condiciones físicas y neurológicas pueden favorecer un cuadro de broncoaspiración. Es muy probable que el caso corresponda a una modalidad de maltrato infantil, negligencia, y la autoridad no lo manejó correctamente”, detalla el doctor Arturo Loredo Abdalá, creador de la Clínica de Atención Integral al Niño Maltratado del Instituto Nacional de Pediatría (INP). 

 

María Teresa Sotelo, ex fundadora de la Fundación en Pantalla contra la Violencia Infantil (FUPAVI), dice que hay un subregistro estadístico porque los decesos infantiles están mal diagnosticados.

“Diagnostican, por ejemplo, que murió de una infección gastrointestinal, pero no cuál fue el detonante, el qué y el cómo. La autoridad no está señalando lo que dio lugar a la muerte, aún con los elementos que pueden demostrar que ese niño vivía en condiciones de negligencia, aunque los papás digan que fueron accidentes. Hay datos que pueden llevar a sacar conclusiones, como que los niños mueren más el fin de semana cuando están los padres, los rangos de edades, el lugar donde mueren”.

Casos como el de Landon, donde los niños mueren a consecuencia directa de maltratos, negligencias o abandonos, son el único modus homicida constante en la línea de violencia que EMEEQUIS encontró. Año tras año hay mínimo 20 asuntos comprobables en los que los menores pierden la vida después de ser víctimas de maltratos y abandonos. Este pequeño ni siquiera figura en esa estadística. 

 

MATAR A UN HIJO

 

Jacinto Á. tenía 14 años cuando nació su primer hijo. Su hermana, a quien llamaremos María Elena para proteger su identidad, aún recuerda la sonrisa plena del adolescente. También cuenta orgullosa que fue ella quien cargó primero al recién nacido.

 

Cuando todavía estaba presente su madre, Ángeles Villalobos, los primeros meses de su vida “fueron muy bonitos”, comenta. Pero antes de que cumpliera un año sus papás se separaron. “A partir de entonces su historia se hizo más triste”, reconoce. 

 

Landon quedó 100 por ciento a cargo de Jacinto, quien solía apoyarse en su madre y hermana para los cuidados del bebé, mientras él cruzaba diariamente la frontera de Saltillo para irse a trabajar a Monterrey. Era carnicero.


Esta fotografía de Landon se reproduce con la autorización de su tía **


Los hermanos de Jacinto evocan aquellos tiempos, cuando el joven papá solía decir: “Ya llegué mi amor, ¿cómo te fue? ¿cómo te trataron? ¿ya comiste?”

 

Cuando el niño cumplió cuatro, Jacinto empezó una nueva relación con Olga M., una mujer que también tenía una pequeña y optaron por mudarse juntos, fuera de la casa en la que el niño era criado por su abuela y su tía. Fue ahí donde su vida comenzó a decaer.

 

El amor del que dan cuenta sus familiares mudó a regaños y golpes. Entonces Landon iba de casa en casa, de la de su abuelo materno a la de su abuela paterna, de ésta a la de María Elena, para luego regresar con Jacinto. Y así de forma intermitente. 

 

Para 2016, cuando Jacinto y su nueva familia se mudaron a la colonia Santa Cristina, a un par de kilómetros de su antigua casa, fue que los tíos del pequeño comenzaron a presentir que era maltratado. 

 

La primera alerta fue que uno de los tíos detectó que lo mandaban sin lunch a la escuela, aunque a su hermanastra sí le ponían comida. En el colegio Cristóbal Colón, el niño era conocido porque tomaba el refrigerio de sus compañeros. Tenía hambre. Cuando hablaron con el papá, éste dejó en claro que era su hijo y que él sabía cómo educarlo. No se habló más del asunto.


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Poco después, Landon regresó a vivir con su tía. Ya tenía siete años.

 

Lo llevamos al pediatra porque estaba delgadito pero con una panza enorme, haz de cuenta como los niños de África. Olga, su madrastra, nos había dicho que un doctor ordenó que no le diera tanto de comer. Cuando nosotros lo llevamos al pediatra, éste nos dijo que, al contrario, que al niño le faltaba alimento, que le diéramos de poco en poco porque se veía que no estaba acostumbrado a grandes cantidades —explica María Elena

 

Así recuerda que le fueron engordando las piernas, los brazos y la cara. También que fue ganando unos cuantos centímetros de altura, pues pese a que su familia es alta, él no tenía la estatura mínima para un niño de su edad. 

 

Poco a poco el niño recobró la confianza. Dejó de asustarse si alguien levantaba la voz, también de agacharse si alguien alzaba un brazo. Confesó que su papá lo castigaba a golpes por cosas que él aseguraba no había hecho, como decir groserías a su cuidadora, que tenía que pedir comida a su madrastra y que no siempre le daba, que a sus hermanos (a esas alturas ya tenía tres) les compraban todo y a él nada, ni un dulce ni un juguete.  

—Mi último recuerdo con él fue en mi cumpleaños. Me regaló un pingüinito y antes de irse a la escuela me cantó las mañanitas, me dijo que me amaba y me agradeció todo el amor que le di —narra María Elena

Pero el 3 de noviembre de 2017, un día antes de que la fiesta de Dragon Ball con la que festejarían su cumpleaños ocho se llevara a cabo, Jacinto se lo llevó. 

 

—Me lo arrebató de las manos, se lo llevó a pesar de que le dije ‘te vas a meter en broncas’. Él dijo bien claro: la justicia y todos no me van a hacer nada —contó casi un año después Juan Villalobos, abuelo materno.

 

Al enterarse de la sustracción, la familia paterna acudió a la comandancia de Saltillo para pedir apoyo y rescatar al menor.

 

—¿Por qué se lo quieren quitar si él es su padre? —les cuestionó la encargada tras escuchar el temor de la familia sobre el destino de Landon. Les pidió pruebas de los maltratos a los que era sometido el niño cuando estaba a cargo de su padre y, finalmente, les negó la ayuda. 

 

Fueron a buscar al niño al lugar donde se estaba quedando Jacinto. Éste, al ver a su familia, solo les dijo: “Es mi hijo y se queda conmigo”. No volvieron a verlo vivo.

 

14 KILOGRAMOS

 

Un pequeño cuerpo resalta del resto en la fría plancha del Servicio Médico Forense de Saltillo. Se trata de un niño con la piel pegada a los huesos, tan pegada que, de lejos, se puede ver el contorno de sus costillas, clavículas y pómulos.

 

El último día de su vida pesó 14 kilogramos, 60% menos que la talla promedio de un niño mexicano de 8 años. Su familia lo mató de hambre.

 

—Estaba muy desnutrido, con muchos golpes. La verdad sí. El golpe que más se le veía era el de su cachetito, era el más reciente. Quedó como un bebé con pañal. Mucha gente se asustó al verlo en su cajita. Todavía no me hago a la idea de ver cómo terminó mi Landon. No puedo creer que mi hermano le haya hecho eso —cuenta María Elena, semanas después de la muerte del pequeño. 

 

El médico forense le explicó que las condiciones en las que llegó a su plancha mostraban que el niño ya no podía caminar ni ir al baño, que usaba pañal, y que la desnutrición aguda grave que presentaba impidió que su cuerpo reaccionara ante cualquier eventualidad. 

 

La tía sintió que se desvanecía al oír los detalles. “Ni a un perro se le trata así”, escuchó decir a lo lejos a la agente del Ministerio Público que llevaba el caso. 

 

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) explica que un niño con desnutrición aguda grave es el que tiene un peso muy inferior respecto a su altura y que “su riesgo de muerte es inminente, por lo que necesita atención médica urgente”.

 

A Landon, el niño de ojos grandes y pestañas chinas, la ayuda médica le llegó tarde. La autopsia determinó que murió por broncoaspiración: se ahogó con su propio vómito. 

 

Sobre su muerte, Everardo Lazo Chapa, delegado de la Región Sureste de la Fiscalía General del Estado de Coahuila, dijo a EMEEQUIS que, pese a los golpes y la visible desnutrición, la investigación no había arrojado evidencia de que esta hubiera sucedido con violencia. 

“Lo que sí te puedo asegurar es que la causa de la muerte fue una broncoaspiración que no fue provocada y, por lo tanto, lo podemos tomar como una muerte natural”, detalló.

Otras autoridades de la Fiscalía confirmaron de manera extraoficial que, aunque se mantenía una línea de investigación abierta contra el padre de Landon, la realidad es que no sabían cómo adjudicarle la responsabilidad del estado de salud del menor, pues se centraban en los datos de la autopsia (broncoaspiración equivalente a muerte natural) y que si la investigación seguía abierta era porque el caso era mediático, pero que lo cerrarían como muerte natural en un par de semanas *.


EMEEQUIS solicitó la actualización del caso a la Fiscalía General del Estado de Coahuila y a la Delegación Regional Sureste del estado, sin que hasta el cierre de esta edición se haya obtenido respuesta. A decir de los familiares de Landon el caso se cerró como muerte natural.


** La imagen de Landon se reproduce con autorización de la familia de la víctima, con la única intención de hacer conciencia sobre este problema social.


@alecrail

 

 

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