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Todas las instituciones que mediaban se han debilitado: Daniel Innerarity

El filósofo español asegura en entrevista que la ciudadanía ya no le cree a los medios, los partidos y los expertos. “La gente desconfía de sus representantes, pero también los representantes desconfían de la gente”.

Por Patricia Tapia
27 nov 2019

"Gobernar no es solamente gestionar la economía", dice Innerarity. Foto: Alejandro Montes de Oca.

El gran problema que tienen las sociedades contemporáneas es la destrucción de la confianza en las instituciones, asegura el filósofo español Daniel Innerarity.

En entrevista con EMEEQUIS, el estudioso de la política explica que se han debilitado “las estructuras, las instituciones que creaban confianza en la sociedad, la confianza que podían crear los medios de comunicación, los partidos políticos, los profesores, los expertos. 

“Todas las instituciones que mediaban se han debilitado y en estos momentos hay una gran desconfianza que, por cierto, tiene una doble dirección. La gente desconfía de sus representantes, pero también los representantes desconfían de la gente”.


Hay decepcionados por todas partes y por diversos motivos, frecuentemente contradictorios, en la derecha y en la izquierda. Las viejas categorías binarias se desdibujan y lo que antes era indignación ahora es perplejidad, plantea el autor de Política para Perplejos, su más reciente libro.

Innerarity, quien en 2004 fue incluido por la revista francesa Le Nouvel Observateur como uno de los 25 grandes pensadores del mundo, platica con EMEEQUIS sobre puntos de la vida política mundial que se pueden aplicar a nuestro entorno: 

La derecha tiende a desconfiar de la gente y a confiar demasiado en los expertos. Mientras que la izquierda confía demasiado en la gente y muy poco en los expertos”

Dibuja a México como un gran país, que le gusta, pero que mira de lejos y del que no posee sus claves internas. No obstante, algunos de los fenómenos políticos que suceden a escala global se pueden aterrizar aquí y rendir las mismas reflexiones.

Una de ellas es que nuestros gobernantes deben ser cuidadosos al usar la palabra “pueblo”, pues lo somos todos y, citando a un teórico francés de la democracia, señala que es una realidad inasible, intangible e inencontrable.

LA UTILIZACIÓN PARTIDISTA

—¿Qué opina del uso constante de la palabra “pueblo” por parte del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador?

Deberíamos desconfiar de aquel que maneja el (término) pueblo como algo que tiene a su plena disposición y que establece con demasiada ligereza los criterios de pertenencia a ese pueblo. Que le parece la congregación de cierto tipo de gente y que permite la exclusión de ciertas élites. 

“Me parece que todo lo que sea construir el espacio político sobre la dicotomía rígida entre élites y pueblo es una contraposición bastante falsa, bastante interesada, entre otras cosas, porque muchas veces el que la formula así forma parte de la élite; como es el caso del presidente de un gran país como es México, que no se puede decir que sea una persona popular: es una persona que está, aunque sólo sea en un momento y durante unos años, formando parte de la élite de un país”.

EL FRACASO DE LOS GOBIERNOS 

—En México estamos viviendo una transformación política, por muchos años gobernó la derecha y ahora tenemos a la izquierda ¿Cuál es el análisis que haría de esto?

—No soy un especialista en la política mexicana, soy más bien un filósofo que se dedica a la teoría política, pero sí que me atrevo a hacer alguna consideración que igual les es útil aquí. 

“Yo siempre que hablo con los líderes políticos les digo que hay que medir muy bien las expectativas que se suscitan y lo que se promete, porque uno será medido conforme a lo que has generado, no conforme a las limitaciones de la realidad que tienes que gestionar.

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“Me parece que lo que hace fracasar a la mayoría de los gobiernos es un fenómeno que nos está pasando en casi todos los países. Tiene al menos tres partes: una parte de competición electoral, una parte de creación del gobierno y en tercer lugar la acción propia de gobierno. México y España creo que en esto son bastante parecidos, en el momento de competición electoral

¿Por qué tiene esto repercusiones negativas? Porque el momento de la competición electoral es en el que uno promete casi cualquier cosa y en el que uno combate al enemigo como un adversario frontalmente. Mientras que, cuando hay que crear el gobierno y gobernar, lo que hay que hacer es muchas veces colaborar con aquel al que se ha combatido en las elecciones”.

EL FENÓMENO DE LA INDIGNACIÓN

El director del Instituto de Gobernanza Democrático, quien estuvo recientemente en nuestro país para dar una plática para el sector empresarial y promover su libro Política para Perplejos, refiere que en una de sus obras anteriores estudió el fenómeno de la indignación en las sociedades, el cual muchas veces no hace tomar las mejores decisiones.

“No necesariamente lleva a que la ciudadanía escoja los gobiernos más competentes para combatir las causas que promovieron esa indignación. A veces lo que produce es momentos de gran desconcierto, donde hay también conductas muy regresivas”.

Pone de ejemplo el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, con quien se está llegando a fórmulas que en el largo plazo van a tener un efecto negativo, “de tipo proteccionista, formas de xenofobia, de cierre, de guerra comercial, de inestabilidad mundial. La indignación por sí misma no nos hace más inteligentes políticamente”.

DESCONFIANZA EN LAS INSTITUCIONES

El gran problema que tienen las sociedades contemporáneas es la destrucción de la confianza en las instituciones, asevera Daniel Innerarity. Hay síntomas que son muy visibles en el caso de Quito, Ecuador; Santiago de Chile, Barcelona, Beirut, París, Hong Kong.

“Yo diría que las estructuras, las instituciones que creaban confianza en la sociedad, los medios de comunicación, los partidos políticos, los profesores, los expertos, todas las instituciones que mediaban se ha debilitado. En estos momentos hay una gran desconfianza que, por cierto, tiene una doble dirección. La gente desconfía de sus representantes, pero también los representantes desconfían de la gente”. 

Esto se resume en que “la derecha tiende a desconfiar de la gente y a confiar demasiado en los expertos. Mientras que la izquierda confía demasiado en la gente y muy poco en los expertos

“Mientras no consigamos una construcción de confianza compartida no tendremos un equilibrio, ese equilibrio que necesitamos, porque las sociedades democráticas funcionan bien cuando combinan con acierto confianza y desconfianza”. 

LOS JÓVENES EN LA DEMOCRACIA

—¿Cómo está observando la participación de los jóvenes en la vida democrática de los países?

—Últimamente se han escrito muchos libros sobre esto y yo en los míos también, en los cuales se nos ha advertido de que la democracia es mortal, que la democracia no es una conquista de una vez para siempre de la humanidad, sino que puede tener momentos de regresión.

“Lo que está pasando es que los jóvenes, como se está observando el fenómeno, por ejemplo, en las manifestaciones contra la crisis climática o en los momentos álgidos de la indignación, se está demostrando que están interesados en la política, lo que no encuentran es cauces en los partidos y en los sindicatos tradicionales que respondan a su nueva idiosincrasia.

“Les interesa el compromiso con la política, pero un tipo de compromiso que es más puntual, más esporádico. Un aspecto un poco preocupante, porque sin una estructura duradera de intervención en la vida política, esas participaciones de los más jóvenes en los asuntos que nos preocupan a todos pueden terminar no resolviéndose en transformaciones efectivas para la sociedad”.

 LAS EMOCIONES COLECTIVAS

—En su libro Política para Perplejos menciona un concepto que llama la atención “las emociones colectivas”: ¿A qué se refiere? 

—Pues fundamentalmente a que gobernar no es solamente gestionar la economía. No es solamente comunicar, como si comunicar fuera un asunto emocionalmente neutral. Los gobiernos pueden animar a la gente a hacer cosas, pueden dar esperanza a la sociedad.  

Pueden también producir un enorme frustración cuando esas esperanzas no están acompasadas con la realidad y son ilusorias. Por lo tanto, todo aquel que comunica desde los gobiernos con la sociedad, tiene que pensar en comunicar no solamente datos objetivos, fríos, sino que tiene que comunicar emociones acordes con cada momento. 

“En teoría económica se suele decir que una de las funciones de las instituciones reguladoras es actuar de manera anticíclica, es decir, cuando la economía está demasiado caliente es necesario regular para que aquello se enfríe y a lo mejor animar a la gente a que no asuma tantos riesgos.

“Cuando la economía está demasiado fría, a lo mejor lo que hay que hacer es precisamente facilitar el crédito para que la gente o las empresas asuman más riesgos y aquello se dinamice”.

POLÍTICA PARA PERPLEJOS

—¿Cuál diría que es la idea central y la reflexión de este libro?

—El libro anterior que escribí se llamaba La Política en Tiempos de Indignación, hace cuatro años me pareció que, en aquel momento, en los momentos de indignación que hubo en todo el mundo, también aquí en México, teníamos las cosas relativamente claras, sabíamos qué se había hecho mal, qué había que hacer bien, quiénes eran los malos, quiénes eran los buenos.

“Con el transcurrir del tiempo me pareció que lo que era claridad en aquellos momentos se convirtió en perplejidad, en confusión. Las viejas categorías que nos orientaban políticamente, que solían ser binarias, parece que se desdibujan”.

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El ganador del Premio Príncipe de Viana de la Cultura en 2013, otorgado por el gobierno de Navarra, explica que esto tiene que ver con la aparición de nuevas tecnologías, la robotización, la digitalización, la inteligencia artificial, con el avance de la globalización y la ingeniería financiera . 

“Cosas que hacen que las categorías con las que concebíamos el mundo hasta ahora no resulten especialmente útiles”. El haber escrito este libro significa para él contribuir a dar elementos de orientación a personas que quieran entender qué es lo que está pasando hoy en día en la política.

NO SE ESTÁ PONIENDO ATENCIÓN

—¿Cuáles son los impactos que esto tendría en las sociedades?

—Mi impresión general es que no nos estamos dando cuenta de hasta qué punto este tipo de tecnología, ese tipo de cambios sociales culturales y tecnológicos van a afectar de una manera bastante radical a nuestra manera de autoorganización y a nuestra vida política.

“Por ejemplo, el mundo del trabajo y de la robotización. Todavía no sabemos exactamente, tardaremos en saberlo, si eso va a suponer una desaparición del trabajo, tal como lo teníamos concebido hasta ahora, o va dar una oportunidad para que el trabajo se reinvente de otra manera, o más bien va a producir una transformación de la idea misma de trabajo”.

—¿Los gobiernos se están preocupando por esto? 

Veo a nuestros dirigentes políticos bastante despistados, pensando que esto va a tener menos efectos, sin suficiente capacidad anticipatoria para no solamente enfrentarse a unos cambios como quien resiste una ola inevitable, sino también pensando cómo gobernar esos cambios.

“En general, la política es fundamentalmente reactiva. En su forma actual, la política reacciona a los cambios. En el mejor de los casos arregla los destrozos que ese desarrollo tecnológico irreflexivo va generando. Tiene que ocuparse menos del presente y más del futuro”.

 

@ptcervantes

 

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