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Literatura infantil, una herramienta que derrumba estigmas

En entrevista con EMEEQUIS, madres, niñas y miembros del ámbito editorial infantil describen por qué los libros para infancias no pueden encasillarse solamente en una categoría y debe complejizarse sobre cómo a través de la lectura pueden acercarse de una forma distinta a ellos.

4 / 28 / 23

EMEEQUIS.– Renata tiene 8 años y uno de sus libros favoritos es El gato que buscaba un nombre, un libro que trata de un gatito sin identidad que busca a sus amigos que sí tienen un nombre hasta que es adoptado, lo tratan con cariño y finalmente tiene un nombre. Para la pequeña, leer es algo que hace por gusto porque le hace ver “que la vida es bonita”. 

La literatura infantil es un mundo, responde Yessica Cortés, editora de literatura infantil en el Fondo de Cultura Económica, y a través de éste es cuando se abren las puertas a la lectura, aunque esto no signifique que los libros estén limitados a determinada edad: “sus lectores pueden ir desde cero hasta los 100 años”, reitera.

En entrevista con EMEEQUIS, madres, niñas y miembros del ámbito editorial infantil describen por qué los libros para infancias no pueden encasillarse solo en una categoría y debe complejizarse sobre cómo a través de la lectura pueden acercarse de una forma distinta. 

DESDE LA MIRADA DE LAS INFANCIAS 

Ximena y Valeria, de 10 y 7 años respectivamente, cuentan junto con su hermana Renata, cuáles son las cosas que más les gusta de leer.

Coraline, de Neil Gaiman, es el libro favorito de Ximena porque es una historia de fantasía y le ayuda a comprender la vida e imaginar las historias de otras niñas y niños diferentes a ella.

“Entiendo más cosas de la vida y me gusta saber cómo una niña o un niño vienen de otro lugar y saben otras cosas y misterios”, relata Ximena.

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Por su parte, Valeria cuenta que por las noches comparte con su abuelita y sus hermanas qué es lo que más le gusta del libro que están leyendo, por lo que es uno de sus momentos favoritos del día:

“Me gusta leer porque así nos reunimos mis hermanas, Tita (su abuelita) y yo. El libro de Olivia me gusta porque sus aventuras me hacen querer contar las mías”, describe Valeria.

 Cuando los juguetes se van.

“ME ACERQUÉ A ESTOS LIBROS POR MIS HIJAS”

La historia de Paulina Cuarón, artista textil y madre de Ximena, Renata y Valeria, es totalmente distinta a la de sus hijas, pues de niña no leía libros infantiles, sino que hasta que se encontró con las novelas juveniles que inició un hábito de lectura.  

“No tenía esta dinámica de antes de ‘mi mamá me compra libros’ sino que fue hasta que en la adolescencia descubrí Harry Potter y cambió en mí los hábitos y aún más cuando me convertí en madre, mi deseo era de ojalá pueda transmitirle a mis hijas el gusto pero sentía la limitante de ese ‘¿qué tal si no les gusta?’ porque al final una cosa es la que deseas como mamá o papá y otra la que mueve a los niños, no podemos cumplir con esa meta tan idealizada de tener niños lectores sino que a partir de sus gustos y cuando retienen más la atención conforme van creciendo puedes acercarles lo que le agrada más”, cuenta.

Además de esto, Paulina comparte que ya que su hija mayor fue diagnosticada con dislalia -dificultad para pronunciar palabras-, los ejercicios de pronunciación a través de la lectura se volvieron muy útiles por lo que encontrar libros que le gustaran y pudiera realizar su terapia del habla se volvió una meta.

“Con Ximena descubrí que no le gustaban los libros de princesas pero sí los de fantasía como Coraline o si le gustaba una película buscaba el libro, así practicaba más a gusto. Esto fue un efecto que transmitió a sus hermanas porque ellas la seguían y poco a poco quisieron leer sus libros, no fue algo que les dijera yo”, cuenta.

   No podía faltar Coraline. 

“LOS LIBROS QUE MÁS ME HAN HECHO SENTIR SON LOS INFANTILES”

Day Cuervo es ilustradora, escritora y madre que reside en Mérida, Yucatán, y su primer acercamiento con los libros infantiles fue cuando estudiaba Diseño Gráfico. Sin embargo, hasta que tuvo a su primera hija fue que tuvo mayor cercanía con estos libros.

“A mí me ha ayudado mucho dándome herramientas con Pao que es mi hija mayor, a partir de los libros donde se abordan las emociones nos hemos podido acercar para que las pueda identificar. Tenemos muchos libros sobre la tristeza, la felicidad, el duelo, la depresión y me encanta porque tanto las infancias como los papás podemos entender juntos qué sentimos”.

Un gato que no tenía nombre. 

Entre los libros que le gustan a Day son los que le permiten hablar de la diversidad con su hija y que se pueda comprender que ser distinta no tiene nada de malo y que acompañar un duelo puede ser difícil pero se puede hablar.

“Un día que yo comprendí que los libros cumplían con su cometido fue un día que yo estaba llorando por algo que me tenía triste y mi niña, en ese momento de tres años, me dijo mira mamá vamos a leer esto juntas, la tristeza está bien, es pasajera; yo realmente con los libros que más he reflexionado y llorado son los libros infantiles, se vuelve una terapia para las dos”, describe.

Es así, del FCE.

Por su parte, Yessica abunda, y coincide con la postura de madres como Paulina y Day, pues afirma que comentar y platicar después de leer un libro consigue un mayor vínculo con la lectura.

“Más que decir un ‘qué te pareció o qué decía’ a manera de examen, platicar en serio como cuando vemos una película, comentar la historia puede acercarles más a los libros. Yo recomiendo mucho a padres y madres de familia es platicarles sobre lo que vivimos y relacionarlos con el libro, contarles experiencias que les hagan saber que lo que leen son historias que se viven”, aconseja.

MEDIACIÓN LECTORA AYUDA VS TABÚS 

La editora del FCE comenta en entrevista con EMEEQUIS que el trabajo de mediación de lectura por parte de la familia, profesores, narradores, cuentacuentos y promotores de libros forman parte del trabajo que logra quitar tabús a los libros infantiles. 

“Realmente no es una literatura simple, menor o boba como hace muchos años atrás se consideraba, tal vez a la mejor desde sus inicios con la concepción comercial o de mercado, hacía que se encasillara, ya que solemos tener esta manera de encajonar las cosas, a veces por necesidades comerciales a veces por otro tipo de circunstancias, pero afortunadamente quienes formamos parte del mundo del libro nos hemos dado cuenta que para nada es una literatura menor, al contrario. 

“Creo que la literatura dirigida a niños es de las más arriesgadas porque los niños son lectores críticos por naturaleza que si no les gusta un libro lo van a dejar ahí y no lo van a acabar de leer, que eso es muy sano también. Entonces ellos son los que deciden al final de cuentas, si se apropian o no de una lectura y entonces, precisamente tenemos que ofrecerles libros que traigan temáticas de su interés y abordadas desde una manera claro dirigida a ciertas edades”, responde.

La lectura y las emociones. 

Es por ello que Yessica describe que conforme a la edad, cada libro debe tener un criterio distinto de creación ya que en el caso de los bebés, los libros deben ser de cartón para evitar que se lastimen con el papel y puedan manipular a su gusto los libros. 

De igual forma las ilustraciones, la sintaxis y el lenguaje deben ir avanzando conforme a la edad ya que con un correcto cuidado editorial los libros les permitirán descubrir su mundo, reconocer su cuerpo, los sonidos y sentir.

“Con niños más grandes están los libros que los retan como los libros álbum, y podemos decir que estos son aún mejor leídos que por las personas adultas. En este formato de libros, niñas y niños pueden encontrar detalles que amplían la historia”, explica.

EL HÁBITO LECTOR EN MÉXICO

En la Fiesta del Libro y la Rosa realizada en la Zona Cultural de Ciudad Universitaria un fin de semana atrás, una decena de stands rodea un pequeño escenario donde un cuentacuentos lee a los niños.

Dichos stands corresponden a editoriales infantiles como el FCE, El Naranjo, Tecolote, entre otras. Los libros abordan temas como la discapacidad, el mundo prehispánico, los animales y más.

Libros prehispánicos.

Al mismo tiempo algunos padres se acercan a preguntar por libros para determinada edad, hojean los libros y algunos adquieren, otros se van.

De acuerdo con datos del Censo de Población y Vivienda 2020, publicado por el INEGI, la población infantil en México de 0 a 14 años era de 31.7 millones, todos potenciales lectores.

Sin embargo, no existen estudios específicos sobre los hábitos de lectura en menores de edad, una encuesta realizada en 2015 por Ibby México un colectivo que busca propiciar el acercamiento a los libros, muestra que de 2 mil 081 personas de entre 12 y 29 años, el 77% afirma que le gusta leer en formato digital o impreso. 

Del 23% restante que no le gusta leer, los principales motivos son el considerar aburrida la lectura, no les interesa ni llama la atención o no tienen tiempo para hacerlo. 

“Considero que como todo, la lectura debe ser una actividad que se apropia efectivamente desde el acompañamiento y el cariño, buscando que no sea una obligación sin horarios o lugares fijos”, concluye Yessica Cortés.

@FridaMendoza_ 

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Frida Mendoza



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