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Alcoholímetro, estrategia que salva vidas

Conducir bajo los efectos del alcohol no sólo eleva la probabilidad de protagonizar un siniestro vial, sino hace que, en automático, dicho percance deje de ser un accidente para convertirse en un delito punible por la ley.

12 / 17 / 23

Por Fabiola Méndez / Emmanuel Medina

EMEEQUIS.– Los siniestros viales provocados por la ingesta de alcohol provocan 1.3 millones de muertes en el planeta y 50 millones de personas de todos los países son heridas de gravedad, según la ONU.

De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, el consumo de estas bebidas, incluso en cantidades pequeñas, aumenta el riesgo de protagonizar incidentes viales. Y es que beber disminuye las capacidades básicas para conducir de forma segura (como la visión, reflejos y discernimiento) y nos hace proclives a adoptar conductas de riesgo (como ir a exceso de velocidad o no usar cinturón de seguridad o casco).

Manejar alcoholizado puede ser fatal para cualquiera, pues las víctimas no sólo son los conductores ebrios, sino sus acompañantes, los pasajeros de otros automotores, peatones, ciclistas o motociclistas.

“Si una persona se ve involucrada en un siniestro de tránsito vehicular y está bajo el influjo de alguna sustancia (alcohol o drogas) el incidente ya no se considera accidente o infracción, se convierte en delito”, explicó Gerardo Moisés Loyo Martínez, titular de la Dirección General de Análisis, Protección y Seguridad Universitaria (DGAPSU) de la UNAM.

A decir del maestro en Derecho, un percance de este tipo desata un entramado penal que comprende un catálogo de delitos que van desde lesiones hasta homicidio. Según el Informe sobre la Situación de la Seguridad Vial en México 2021 (del Secretariado Técnico del Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes de la Secretaría de Salud), en 2020 fallecieron 13 mil 630 mexicanos por lesiones de siniestros viales, lo que da un promedio de 11 muertes por cada 100 mil habitantes.

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Con el propósito de prevenir o inhibir percances en automotores que atenten contra la integridad física o patrimonial de conductores embriagados o de terceros, desde el 19 de septiembre de 2003 el Gobierno de la CDMX instrumentó el Programa Conduce sin Alcohol, a través del cual se instalan estaciones, en puntos aleatorios de las 16 delegaciones de la capital, donde autoridades de tránsito entrevistan a conductores de vehículos a fin de detectar si han bebido.

En 20 años, a pesar del aumento de automóviles, los siniestros de tránsito relacionados con el consumo de alcohol han disminuido en 56 por ciento, pasando de 13 mil 499 en 2003 a siete mil 596 en 2022, de acuerdo con la Base de Accidentes de Tránsito Terrestre en Zonas Urbanas y Suburbanas, INEGI 2023, en el rubro Accidentes de Tránsito con Aliento Alcohólico del Conductor.

La entrevista que hace el oficial de tránsito al conductor es el primer contacto, luego se realiza una prueba de alcoholemia con un aparato llamado alcoholímetro, capaz de medir el porcentaje de alcohol en sangre o aliento. En México el límite permitido no debe ser superior a 0.8 gramos por litro de sangre o de 0.4 miligramos por litro de aire espirado.

Estos puntos se encuentran en vías de acceso principal con alta afluencia de vehículos y alta presencia de centros de espectáculos, deportivos o zonas con establecimientos mercantiles donde se permite el consumo de alcohol, explica Juan Manuel Ríos Navarrete, director de Programas Preventivos en la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX.

A partir de ahí se diseñan los puntos que operan en dos modalidades: en jornadas diurnas que van de las ocho a las 19 horas y en nocturnas, de 10 de la noche a cuatro de la mañana. “En épocas de asueto como fiestas patrias, Semana Santa y diciembre intensificamos el programa e instalamos más puntos de revisión. En dichas ocasiones sí operan las 24 horas del día para dar mayor cobertura”, explicó Ríos Navarrete.

A decir de Juan Manuel, el programa Conduce sin Alcohol es preventivo y su objetivo no es detener al mayor número de conductores posible, sino salvaguardar la integridad física de los conductores y de todos los usuarios de la vía (peatones, ciclistas motociclistas y automovilistas).

Con frecuencia hay quienes buscan burlar al punto del alcoholímetro con excusas. “Lo que más nos dicen es que llevan apenas una copa, que están enfermos o que son asmáticos y no pueden soplar, pero la experiencia de nuestros oficiales les permite detectar a quien ha abusado del alcohol y debe hacerse la prueba”, explicó Juan Manuel Ríos.

También hay mitos sobre qué hacer para pasar esta revisión. “Por más que alguien se haya echado unos tacos de pastor bien cargados de cebolla y traiga un aliento oloroso que cubra el del alcohol, el alcoholímetro detecta el aire expirado desde el alveolo pulmonar y ése no se puede alterar ni disfrazar mascando chicle o servilletas, ni comiendo cacahuetes o mazapán”, detalló Gerardo Loyo.

Un aspecto a subrayar es que el programa no está diseñado para señalar a quien se ha embriagado, sino para evitar que esa persona se ponga al volante y se dañe a sí mismo o a los demás.

“Eres responsable de ti y de tu entorno. En la medida en que tomemos conciencia habrá un cambio perceptible. Ya hay mecanismos para llegar sanos y a salvo, para no poner a nadie en riesgo. Es importante que nuestros jóvenes no asocien el consumo de alcohol con la conducción de vehículos”, finalizó Loyo Martínez.

LÁ PÉRDIDA DE ABRIL

Abril Dávila es periodista, locutora y curadora de música. En noviembre de 2013 perdió a alguien esencial en su vida. “Mi familia quedó hecha mierda de un día para otro cuando una chica que manejaba borrachísima embistió el auto en el que viajaban mi hermana, mi cuñado y un tío. Ellos tres murieron. Mi tía quedó en coma, pero mi sobrina, de milagro, salió casi intacta. Todo fue terrible e inesperado”, relató en entrevista.

“Recuerdo una campaña algo vieja sobre la importancia de contar con un conductor designado. Los comerciales tenían tono de chiste y hasta resultaban graciosos. Yo no entendía su valor hasta que pasó esto”, señaló la comunicadora, quien confiesa que ahora entiende el verdadero valor de esos esfuerzos mediáticos de concienciación.

Aunque no le ha sido fácil, Abril ha echado mano de su profesión, de terapias y de la experiencia de haber sido madre para salir adelante. A 10 años de distancia, ella y su familia buscan reconstruir su vida y, cuando pueden, relatan su historia para que nada similar vuelva a ocurrir. Como locutora, Abril usa el micrófono para crear conciencia, por lo que en una de las emisiones más recientes de su programa de radio se despidió así de sus escuchas: “Sabemos que en México consumir bebidas espirituosas es casi requisito en cualquier fiesta y que, de diciembre a enero, no paramos de festejar. Si van a hacer eso, mi querida gente, tomen las medidas necesarias para cuidarse y para proteger a los otros, y si toman por favor no manejen”.

@emeequis

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