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Análisis

Xavier Velasco en el confesionario

ENRIQUE SERNA sobre la novela autobiográfica de Xavier Velasco: “Un elemento fundamental en la armazón o la estructura de El último en morir es la relación de Velasco con las mujeres, empezando por Celia, su abuelita, la primera persona que creyó en su talento”.

Por Enrique Serna
18 ene 2021

Xavier Velasco
Ilustración: Raquel Moreno.

EMEEQUIS.– Para darse importancia y al mismo tiempo, eludir el campo minado de las confidencias íntimas, los escritores suelen escribir autobiografías intelectuales donde las lecturas suelen ser más importantes que las vivencias.  En El último en morir, Xavier Velasco marcha a contrapelo de esa tendenciaDefinida por él mismo como “el feliz recuento de las derrotas que me han hecho novelista”, su autobiografía no pretende hacernos creer que se hizo escritor en las bibliotecas, aunque mencione las principales lecturas de su juventud temprana. Más bien nos muestra que siempre trató de leer la vida y de vivir los libros, una combinación que lo mantuvo a salvo de la pedantería erudita. 

Velasco había ya había retratado su infancia y su adolescencia en Este que ves y La edad de la punzada, de modo que ahora completa una trilogía autobiográfica, un caso bastante raro en las letras mexicanas, donde escasean los libros de memorias, porque a los mexicanos nos encanta escondernos de los demás, para mantener a salvo nuestros flancos débiles. Libre de ese pudor atávico, Velasco se expone a los ojos del público abierto en canal, sin ocultar ninguno de sus defectos y ninguno de sus vicios, renunciando de entrada a la supuesta autoridad moral de los fariseos. Le vendría como anillo al dedo el proverbio de Álvaro Carrillo: “en este mundo tan profano, quien muere limpio no ha sido humano”.

Tanto en esa trilogía como en Diablo guardián, Velasco se ha reinventado como personaje, con un obsesivo interés por descifrar las claves de su existencia en una aventura experimental sin red protectora. Alguien podría creer que es fácil contar la propia vida, pues el autor de una autobiografía o de una novela autobiográfica no tiene que inventar nada, pero quienes nos hemos aventurado por ese camino sabemos que se trata de una empresa literaria difícil, quizá más difícil que escribir una novela cien por ciento ficticia, porque se corre el riesgo de caer en el anecdotario si el relato no tiene una arquitectura y una trama sólidas. Obligado a identificar sus parteaguas existenciales, algo que mucha gente no logra elucidar después de 10 o 20 años de terapia, Velasco se las ingenió para colocar en el lugar preciso las columnas o las bisagras que transforman una serie de acontecimientos inconexos en una cadena de causas y efectos.

Un elemento fundamental en la armazón o la estructura de El último en morir es la relación de Velasco con las mujeres, empezando por Celia, su abuelita, la primera persona que creyó en su talento. El empeño de un escritor en ciernes por conocer el alma femenina es uno de los motivos simbólicos que sostiene la narración en pie. Varón atípico, el joven Velasco escuchaba a las mujeres con la mayor atención sin el propósito de conquistarlas en un plazo breve. Aunque muchas de ellas le gustaran, prefería ser primero su confidente, en busca de una comunión espiritual que precediera al amor físico.

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Esta fineza de carácter contrasta con su mentalidad de pícaro, pues a pesar de haberse despeñado alegremente en la golfería, de haber abandonado dos carreras universitarias, de haber probado casi todos los paraísos artificiales y de haber caído preso por indecent exposure en Baton Rouge, Louisiana, Velasco nunca tuvo una mentalidad donjuanesca y conservó siempre un reducto de pureza romántica que lo llevó a buscar durante varias décadas una mujer ideal con quien pudiera tener una perfecta empatía. Al escuchar con arrobo a tantas damas parlanchinas, estaba incubando sin saberlo a Violeta, la gran protagonista de Diablo guardián. ¿Cuánto de su propia personalidad le prestó a ese personaje? Mucho, sin duda, porque la juventud de Velasco se parece mucho a la de esa pícara, pero tal vez no hubiera creado un personaje tan convincente sin el proceso de inmersión en el alma femenina que empezó desde la adolescencia.

Si la contracultura es la crítica del comercio cultural viciado por la avidez de prestigio, en El último en morir Velasco deja en claro su filiación con en ese movimiento, sin mencionarlo nunca por su nombre, tal vez porque ya le huele a jerigonza académica. Yo siempre lo consideré un outsider desde que los dos escribíamos en el suplemento sábado. Me sorprendía que se juntara principalmente con rocanroleros y en cambio tratara a poquísimos escritores. Eso lo salvó, en mi opinión, de incurrir en el vicio de exhibir lecturas prestigiosas. Desde muy joven supo que la principal herramienta de un escritor son sus intuiciones y por haberlas mantenido incontaminadas, cuando por fin venció a sus demonios y a los impedimentos económicos que le impedían dedicarse de lleno a las letras sorprendió a todo el mundo con la extraordinaria vitalidad de su Diablo guardián, cuya génesis relata con detalle en esta mirada retrospectiva.    

 

 

 

 

Xavier Velasco

Enrique Serna

El autor (Ciudad de México, 1959) es novelista, cuentista, ensayista, guionista y biógrafo. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio de Narrativa Antonin Artaud. Acaba de publicar “El vendedor de silencio”, novela sobre el periodista Carlos Denegri. (Alfaguara, 2019).

Xavier Velasco

Enrique Serna

El autor (Ciudad de México, 1959) es novelista, cuentista, ensayista, guionista y biógrafo. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio de Narrativa Antonin Artaud. Acaba de publicar “El vendedor de silencio”, novela sobre el periodista Carlos Denegri. (Alfaguara, 2019).

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