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Va por México, el recurso del método

El reto de la alianza es postular una candidatura presidencial competitiva y con legitimidad. Menuda tarea la de Marko Cortés, Alejandro Moreno y Jesús Zambrano, ya que es como construir una maquinaria de precisión.

Por Emequis
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CONFIDENTE EMEEQUIS

EMEEQUIS.– En Va por México tienen un enorme desafío: postular una candidatura presidencial competitiva y con legitimidad entre los aliados, los partidos y las organizaciones civiles que han acompañado esta iniciativa.

Se requerirá de trabajo político, pero también de un sentido de realismo que aleje visiones románticas sobre quién debe encabezar el proyecto.

Si bien, el acuerdo al que llegaron el PRI y el PAN (el PRD un poco a regañadientes) establece que les tocará a los panistas el determinar la manera de la selección, esta debe tener niveles de consenso altos, porque si no es así no funcionará y se pondrá en riesgo la alianza. 

La primera tarea es definir, con claridad, quiénes podrán participar en la selección. Es decir, tiene que haber requisitos mínimos al respecto. Sí, no es un tema de “inscríbase el que quiera”.

Por lo pronto, hay ya perfiles avanzando, como Santiago Creel, Lilly Téllez, Beatriz Paredes, Claudia Ruiz Massieu y Enrique de la Madrid, por citar algunos que han dicho que van a jugarla.  

¿Cómo incluirán los partidos a expresiones ciudadanas, si es que las hay? ¿Dónde quedará la opinión de los que respaldan de modo silencioso? Esto es central porque tiene que ver con la representatividad. 

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Una solución puede ser que cada partido postule a su aspirante, que las postulaciones ciudadanas sean aceptadas y que en una elección preliminar abierta se defina la candidatura. Tiene sus riesgos y ventajas. Los primeros consisten en que las estructuras partidistas pueden hacer la diferencia si no hay una amplia participación ciudadana. Tiene a su favor que es un método democrático que inclusive, en su esfera técnica, puede ser encargado al INE.

Menuda tarea la de Marko Cortés, Alejandro Moreno y Jesús Zambrano, ya que es como construir una maquinaria de precisión, con todo lo que ello implica, y porque se realiza en las aguas revueltas de la política. 

El primer partido en organizar un ejercicio de ese tipo fue el Partido Mexicano Socialista (PMS). En septiembre de 1987 se hizo una elección preliminar abierta a la ciudadanía. Compitieron Heberto Castillo, Eraclio Zepeda, Ricardo Becerra Gaitán y Jesús Hernández Delgadillo. Ganó Heberto Castillo con un 55 por ciento de los 217 mil sufragios que se emitieron.

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Aquella resultó una experiencia importante, que permitió resolver la integración de una fuerza política que apenas nacía, pero 10 meses después, se impuso el realismo y Heberto Castillo declinó su candidatura en favor de Cuauhtémoc Cárdenas, sumándose al Frente Democrático Nacional. 

Quizá por eso, la primera selección democrática por voto directo de un aspirante presidencial quedó sepultada en el olvido, porque lo que se convirtió en relevante, provino de los resultados electorales del cardenismo, en los que, por primera vez, se puso a temblar al PRI. 

También en noviembre, pero de 1999, los priístas eligieron al que sería su candidato en las urnas. Arrasó Francisco Labastida, exsecretario de Gobernación, imponiéndose a Roberto Madrazo, quien había gobernado Tabasco, en 277 de los 300 distritos. 

También participaron Manuel Bartlett y Humberto Roque Villanueva. 

Acudieron a las urnas 10 millones de ciudadanos y, si bien el resultado estaba atado a mayoría de distritos, Labastida de todas formas obtuvo 4 millones de votos, frente a los 2 millones de su competidor más cercano. 

El PRI había enterrado, de algún modo, el dedazo; parecía invencible ante una oposición dividida, pero perdió la elección. En efecto, no hay recetas infalibles. 

Los partidos prefieren las convenciones y los delegados. Los sudores de las asambleas siempre son menos agobiantes que las incertidumbres de las urnas. No es que esto esté mal, el asunto es que Va por México, por sus características, requerirá de mucha imaginación y compromiso para no comprometer su unidad. 

Está la posibilidad, por supuesto, de las encuestas. Hay empresas muy serias que pueden proporcionar estudios precisos al respecto. Es seguir la ruta marcada por Morena. Tienen la ventaja de que no se requieren de operaciones costosas, pero sus debilidades son evidentes. 

Podrían servir, sin embargo, para determinar quiénes cuentan con los apoyos y la viabilidad para ir a la siguiente etapa. Todo un tema. El recurso del método, en el que se fijará la viabilidad de la propuesta, aunque de modo irremediable tenga que pasar por la prueba de las urnas, donde errores y aciertos son calificados por la ciudadanía y de modo contundente. 

@jandradej

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