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Un presidente de España electo en el cabildo de la CDMX

En el viejo Palacio del Ayuntamiento en la Ciudad de México, las Cortes españolas designaron en 1945 como presidente de la Segunda República en el exilio a Diego Martínez Barrio.

6 / 18 / 24

Diego Martínez Barrio fue presidente español en el exilio designado en México. Análisis de Julián Andrade.

CONFIDENTE EMEEQUIS

EMEEQUIS.– La República Española en el exilio tuvo su sede en la calle de Londres número 7 en la colonia Anzures. El lugar está semidestruido, pero el jefe de Gobierno, Martí Batres, anunció que se contempla recuperarlo para establecer ahí un centro de memoria. 

Es una iniciativa que se empalma con el recuerdo de la llegada de los refugiados españoles hace 85 años, en un momento complicado para el mundo por el avance del fascismo y de los nazis en Europa, además de triunfo de Francisco Franco quien instauró un gobierno totalitario que se prolongaría por cuatro décadas. 

Hace apenas unos días, el Ateneo Español, fundado en 1949, se convirtió en el primer lugar fuera de España en ser declarado de memoria democrática. El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, señaló que se trata de un reconocimiento a una deuda entre el exilio español y la sociedad mexicana.

Pero las huellas del paso de los refugiados se pueden apreciar en diversos lugares, como el Colegio de México o el Fondo de Cultura Económica. Después de todo, se estableció una relación sólida, porque existían convergencias de visiones del presidente Lázaro Cárdenas con la República. 

En las instalaciones de lo que era el Departamento del Distrito Federal se realizó una reunión que simboliza, de alguna manera, la relación del gobierno mexicano con quienes perdieron la guerra, pero siempre tuvieron la razón.

En el viejo Palacio del Ayuntamiento en la Ciudad de México, en el Salón de Cabildos, hay una placa, colocada en febrero de 2006, que recuerda que, en sus salones, el 17 de agosto de 1945, las Cortes españolas designaron como presidente de la Segunda República en el exilio a Diego Martínez Barrio. 

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Si bien las diferencias entre los propios exiliados no dejaban claro a quien le asistía la legitimidad de ostentar el gobierno, lo interesante es que esas disputas políticas, muchas de ellas producto de la propia derrota, se podían airear en el México de los generales Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho. 

En efecto, en 1943, en el Casino Militar, Martínez Barrio se reunió con el presidente Ávila Camacho para explorar las posibilidades de establecer un gobierno provisional en el exilio. La luz verde que se dio en ese momento abrió inclusive toda una serie de actividades antifranquistas. 

Pero el 17 de agosto de 1945, las Cortes pudieron sesionar, con el permiso de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Asistieron 96 diputados de los 470 (149 murieron asesinados en la guerra) que fueron electos en febrero de 1936. 

Se eligió a Martínez Barrio y se leyó, entre vítores, una carta del entonces secretario de Defensa, Lázaro Cárdenas, quien hacía votos porque la unión de los republicanos trajera pronto la liberación de su patria.

Julián Chaves Palacios en “Restauración de las Instituciones republicanas españolas en el exilio. El gobierno de José Giral (1945-1945)”, publicado por el Centro de Estudios Constitucionales (Madrid 2022), hace un recuento de todos los esfuerzos por mantener la esperanza del retorno.  

Pero la sesión en el Cabildo era la culminación momentánea de lo que había iniciado años antes, en 1939, y de un momento simbólico, la llegada del vapor Sinaia al puerto de Veracruz, con los primeros mil 500 refugiados, la mayoría campesinos y obreros, quienes pudieron abandonar Francia, desde el puerto de Sète, gracias al Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles. 

Un mes antes del arribo, el secretario de Gobernación, Ignacio García Téllez, envió un telegrama al presidente Cárdenas, quien se encontraba en Ciudad Juárez, dándole los pormenores del asunto.  

El presidente Cárdenas tomó una decisión generosa al ordenar que a cualquier español que solicitara refugio que se abrieran las puertas de México. “A los que han luchado en su país en favor del gobierno legalmente constituido, no se les puede ofender con un interrogatorio”. 

Y acaso por ello, ante la llegada de 500 niños, Cárdenas escribió al todavía presidente Manuel Azaña, para confirmarle que la confianza de dejar a esos pequeños en las manos del gobierno mexicano sería honrada a cabalidad, como lo fue. 

@jandradej



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SOBRE EL AUTOR

Julián Andrade



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