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Petro y López Obrador ¿hablan de lo mismo?

Los presidentes de Colombia y de México, Gustavo Petro y Andrés Manuel López Obrador ¿replantearán el combate a las drogas? El mexicano es conservador en la reglamentación de su consumo.

Por Emequis
11 / 29 / 22

CONFIDENTE EMEEQUIS

EMEEQUIS.– Los presidentes de Colombia y de México, Gustavo Petro y Andrés Manuel López Obrador, esbozaron lo que podría ser un replanteamiento en el combate a las drogas.

Coinciden en que la visión de guerra contra las drogas, lanzada por Richard Nixon en los sesenta, no responde, si es que alguna vez lo hizo, a las realidades de América Latina y del resto del planeta. 

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Es un tema que ha estado presente desde hace algunos años y en el que coinciden exmandatarios como Juan Manuel Santos y Ernesto Zedillo. 

El animador principal de una Conferencia Internacional Mandatarios de Latinoamérica es Petro, quien tiene una visión trabajada sobre el tema de las drogas y que proviene de la historia del conflicto interno en su país.

López Obrador, en cambio, es conservador en los asuntos que se refieren a la reglamentación de las drogas. Porque hay que decirlo, el cambio en el paradigma pasa por una visión liberal sobre el consumo. No hay de otra, si lo que se trata de bajar la intensidad a la persecución de los delitos. 

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En México no se ha podido avanzar en una reglamentación más flexible de la marihuana, aunque haya resoluciones de la Suprema Corte que apuran al poder legislativo para que haga su trabajo.

De drogas más duras ni hablemos, porque ahí el solo planteamiento es escandaloso para diversos sectores de la sociedad, en los que hay que incluir a corrientes del partido en el poder. 

Por eso hay que ser cautos cuando se habla de terminar con la guerra contra las drogas, sobre todo si las ideas no se acompañan de políticas públicas que hagan esto posible. 

Supongamos que existiera la apertura para entrarle sin remilgos al problema y sus consecuencias, vendría una barrera adicional y acaso infranqueable, ya que el combate al crimen organizado hace años que dejó de ser primordialmente en lo relacionado con el narcotráfico, ya que las bandas se fueron diversificando a lo largo del tiempo e incursionaron en otras actividades ilegales, entre ellas, el tráfico de personas, el robo de automóviles, el huachicoleo, el secuestro y la extorsión. 

Estas organizaciones, muchas de ellas de carácter transnacional, tienen que ser combatidas y con determinación, porque inclusive representan, por momentos, riesgos a la seguridad interior e inclusive a la nacional.

De ahí que sea necesario precisar la definición de Guerra contra las drogas. Quizá la respuesta radique en posiciones más liberales respecto al consumo y en todo caso colocándolas en la esfera de la salud pública, pero ello no va a disminuir el desafío criminal en términos significativos, al menos en el corto plazo.

Más vale tener claro lo anterior, para entender y hacerse cargo de la complejidad que representa el tema de las drogas en la actualidad. En términos simples, no será nada sencillo el convencer a la comunidad internacional y mucho menos si no se dan pasos locales en ese sentido. 

Durante años se pensó que el tema de la reglamentación de la marihuana estaba atado a lo que ocurriera en Estados Unidos, pero a estas alturas es evidente que no es así, porque en al norte del Río Bravo han resultado menos conservadores que en México.

Otro factor que hay que tener presente, es el desafío que implican las drogas de diseño y entre ellas el fentanilo. Para Estados Unidos es un asunto de la mayor preocupación y no va a dejar de serlo en los próximos años. 

Por ello es que sospecho que Petro y López Obrador no necesariamente se están refiriendo lo mismo, o no se han aquilatado las consecuencias de impulsar con determinación una batalla distinta contra los criminales. 

Pero esto no obsta para celebrar que dos mandatarios anuncien y se comprometan a imaginar posibilidades distintas, que saquen a nuestros países de espirales de violencia que, en algunos aspectos, como el de la marihuana, a estas alturas resultan absurdas, sobre todo cuando se suman regiones enteras en Estados Unidos, al uso inclusive recreativo de la hierba. 

Para tener una idea, en 29 estados se permite el uso con fines médicos, pero en ocho por el solo placer de usarla. Toda una lección y, más aún, sin que termine o se matice la guerra de Nixon, la que alcanzó ya más de medio siglo. 

@jandradej

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