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Análisis

País de lectoras

“Las figuras literarias más importantes del futuro cercano serán mujeres (los éxitos internacionales de Fernanda Melchor y Valeria Luiselli apuntan ya en esa dirección)”. Análisis de ENRIQUE SERNA.

Por Enrique Serna
30 nov 2020

SERNA
Ilustración: Raquel Moreno.

EMEEQUIS.– Los clubes de lectura tienden a proliferar por toda la república y no le cuestan un centavo al erario público. Nacen por generación espontánea en cualquier ciudad, y aunque generalmente una lectora culta funge como guía de las lectoras incipientes, se limita a recomendar libros que no siempre son elegidos por el resto del grupo (la poesía, el ensayo y el drama nunca figuran en su menú de opciones, una grave limitación que deberían subsanar). El libro seleccionado se comenta en una animada tertulia mensual o bimestral donde cada quien expresa su opinión, de modo que el club no solo fomenta la lectura sino el espíritu crítico. En los felices tiempos anteriores a la pandemia, esas reuniones eran presenciales y cuando el autor del libro elegido residía en la misma ciudad, la anfitriona del convivio solía invitarlo. El auge de las videoconferencias provocado por el Covid facilita esos encuentros, pues la lejanía física ya no es un obstáculo para dialogar con los escritores.

En la mayoría de los clubes, los varones brillan por su ausencia, a pesar de que nadie les niega el acceso. El viernes pasado, por ejemplo, participé en la tertulia de un club integrado por 40 mujeres y apenas dos hombres (uno de ellos adolescente). En muchos otros clubes, ni siquiera esa exigua minoría saca la cara por el sexo masculino. Los solteros podrían asistir a las reuniones en plan de ligue, pero según parece, ni el poderoso incentivo erótico los anima a chutarse un libro.  En los últimos meses he charlado por zoom con tal cantidad de mujeres, que ya no tengo lector sino lectora ideal. La catástrofe delictiva de los últimos quince años quizá no sea ajena a este fenómeno, pues la lectura es una gimnasia espiritual que aparta a los hombres de la violencia.

 El público estudiantil está conformado por lectores de ambos sexos, pero al terminar la prepa, una buena cantidad de varones abandona los libros, quizá porque antes los leyeron a la fuerza, obligados por sus maestros. Hay, desde luego, algunos clubes de lectura integrados por matrimonios, pero siempre me ha parecido que los varones van a las reuniones remolcados por sus esposas y a menudo se disculpan por no haber hecho la tarea. He aquí un campo fértil para los psiquiatras y los sociólogos. ¿Por qué el mexicano promedio es tan zafio? ¿Algún bloqueo psicológico lo predispone contra los libros? ¿El machismo lo ha embrutecido al extremo de considerar la lectura una actividad impropia de su sexo, como el ballet o el tejido? Con tantos iletrados obtusos pegados a la tele o al celular, ningún país del mundo puede levantar cabeza. 

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Las feministas se quejan con razón de que, hasta hace poco, las letras y las humanidades fueron un coto de poder masculino, donde las escritoras eran tratadas con menosprecio.   Por lo menos en México, la situación se revertirá dentro de poco, pues tal como van las cosas, los hombres perderemos por default ese predominio. Las figuras literarias más importantes del futuro cercano serán mujeres (los éxitos internacionales de Fernanda Melchor y Valeria Luiselli apuntan ya en esa dirección), y si alguno que otro escritor destaca en ese campo, el público pondrá en duda su virilidad. Quizá la literatura saldrá ganando con el liderazgo de las mujeres, pues entienden mejor que nosotros la química de las pasiones y los móviles secretos de la conducta, cuando no se dejan arrastrar por el victimismo esquemático y panfletario que actualmente infesta las mesas de novedades. Sor Juana, Karen Blixen, Virginia Woolf, Mercé Rodoreda o Anna Ajmátova escribieron obras maestras porque ningún catecismo constreñía su enorme talento. Los dogmas feministas encierran a las escritoras militantes en un gueto que las arrincona y las uniforma, en vez de expandir su capacidad creadora. 

En la difícil tarea de valorar el talento, las mujeres también están tomando el poder, como lo demuestra la irrupción de Julieta Venegas en el campo de la crítica literaria. La libertad con que Julieta expresa sus opiniones, en particular cuando comenta obras de escritoras contemporáneas, ha desentonado en un mundo literario tan proclive al compadrazgo y el trueque de favores. Escritas en un lenguaje incisivo y directo, accesible a cualquiera, sus críticas llaman la atención, no sólo por venir de una cantante famosa, sino porque lanza bombas molotov desde una posición de outsider. Podemos coincidir o no con las netas que suelta a diestra y siniestra, pero da gusto escuchar una voz como la suya en medio de tanta diplomacia convenenciera. 

Si yo fuera una de las escritoras a quienes ha zarandeado no me molestaría: su rigor será benéfico para la literatura femenina, mientras la masculina se estanca en un pantano de autocomplacencia.

 



SERNA

Enrique Serna

El autor (Ciudad de México, 1959) es novelista, cuentista, ensayista, guionista y biógrafo. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio de Narrativa Antonin Artaud. Acaba de publicar “El vendedor de silencio”, novela sobre el periodista Carlos Denegri. (Alfaguara, 2019).

SERNA

Enrique Serna

El autor (Ciudad de México, 1959) es novelista, cuentista, ensayista, guionista y biógrafo. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio de Narrativa Antonin Artaud. Acaba de publicar “El vendedor de silencio”, novela sobre el periodista Carlos Denegri. (Alfaguara, 2019).

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