Logo MX

Precio
dólar

Análisis

Mentiras convincentes

ENRIQUE SERNA escribe sobre teorías de la conspiración. “En la actualidad, los grandes manipuladores de la opinión pública no son los traficantes de mentiras verosímiles como Daniel Defoe, sino los creadores de teorías descabelladas como David Icke, el autor del best seller El mayor secreto”.

Por Enrique Serna
29 mar 2021

Enrique Serna escribe sobre teorías de la conspiración.
Ilustración: Raquel Moreno.

EMEEQUIS.– Desde su nacimiento, el periodismo siempre ha intentado revelar novedades insólitas o desentrañar verdades ocultas, para satisfacer la curiosidad insaciable de la opinión pública. Los primeros periódicos de Inglaterra no estaban blindados contra la mentira, porque representaban los intereses de las facciones políticas en pugna y a menudo los escribían mercenarios de la pluma, pero hasta ellos procuraban inventar historias verosímiles, o de lo contrario nadie les hubiera creído. Daniel Defoe, un periodista venal del siglo XVIII, alcanzó tal perfección en el arte de embaucar a los incautos que ya ni siquiera se molestaba en buscar noticias, pues las inventaba con gran éxito, sin advertir a su legión de lectores que obras como Robinson Crusoe, Diario del año de la peste y Moll Flanders eran ficciones: las presentó como historias verídicas, motivo por el cual Kennet Rextroth lo considera un “falsificador de documentos” más que un novelista en el moderno sentido de la palabra. En esa tarea contó con la ayuda del puritanismo, que había satanizado la literatura fantástica y la poesía épica, hediondos manantiales de ensoñaciones pecaminosas. Las obras de esos géneros tenían vedado el acceso a los hogares puritanos, no así las novelas camufladas como reportajes o testimonios. 

Ante la desconfianza que generaban los falsificadores de la verdad, la crónica tuvo que deslindarse de la novela y la historia de la ficción. Se creó así una convención literaria en la que el lector de una novela suspende momentáneamente su incredulidad para acceder a un mundo ficticio y en cambio exige veracidad a los diarios. Pero cuando un sector del público desconfía radicalmente de los periodistas, por falta de cultura  para entender la información que manejan o por creerlos cómplices del poder político y económico, se produce una exacerbación de la incredulidad que desemboca, paradójicamente, en una credulidad mucho más infantil y bobalicona: la del escéptico radical, dispuesto a no dejarse engañar por nadie, que acude a medios de información clandestinos en su desesperada búsqueda de certezas. 

En la actualidad, los grandes manipuladores de la opinión pública no son los traficantes de mentiras verosímiles como Daniel Defoe, sino los creadores de teorías descabelladas como David Icke, el autor del best seller El mayor secretouna especie de teogonía que atribuye todos los males de la tierra a una conjura de reptiles disfrazados de humanos. Según Icke, nuestros amos llegaron a la tierra en los albores de la civilización, invadieron el ADN de los terrícolas para debilitarnos, y desde entonces sojuzgan al género humano, infiltrados en los gobiernos de las grandes potencias, en el mundo del espectáculo, en el gremio científico y hasta en el alto clero.

Como la teoría de la dominación reptiliana exime de culpas a la raza humana por todas las atrocidades que hemos cometido desde la era de las cavernas, representa un gran alivio para las almas puras que se creen incapaces de matar una mosca.  Sentirse ajeno a la maldad es reconfortante para cualquier niño o adulto infantilizado, de modo que la teoría de Ike, elevada a la categoría de dogma, cuenta ya con 12 millones de adeptos en Estados Unidos. Ante esta involución de la opinión pública es legítimo preguntarse si ha quedado atrás la era de las falsedades verosímiles, porque hoy en día las mentiras con más arrastre son disparates colosales revestidos con la autoridad del conocimiento objetivo. 

TE RECOMENDAMOS: PAZ Y FUENTES: HISTORIA DE UNA AMISTAD

Ike tuvo la sagacidad de advertir que, para un sector del público, la frontera entre lo cierto y lo falso ya no existe, o quedó difuminada por cientos de películas o teleseries de ciencia ficción. Semejante a Daniel Defoe por su desfachatez para mentir, el portador de esta verdad revelada ha cautivado a la gente que llegó a la credulidad por la vía del escepticismo. Por fidelidad a sus ideales caballerescos, incompatibles con la grosera realidad cotidiana, Don Quijote creía que los molinos de viento eran gigantes y las rudas aldeanas, princesas encantadas. En la democracia más poderosa de la tierra, doce millones de votantes que se ufanan de poseer información privilegiada creen que varios de sus expresidentes son reptiles antropomorfos y comparten a diario en las redes información para desenmascararlos. Se trata, pues, de una ideología alucinógena con efectos reales en la arena política del imperio, y por lo tanto, en la del mundo entero. 

Una evasión colectiva de tal magnitud debería inquietar a los moralistas mucho más que el abuso de drogas duras, pues los adictos se pueden rehabilitar, pero los Quijotes en pugna con los vestiglos reptantes nunca volverán a este mundo. ¿Cómo no sentirse víctimas de una casta superior diabólica, si para efectos prácticos ya renunciaron a la especie del homo sapiens?

 

 

Enrique Serna escribe sobre teorías de la conspiración.

Enrique Serna

El autor (Ciudad de México, 1959) es novelista, cuentista, ensayista, guionista y biógrafo. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio de Narrativa Antonin Artaud. Acaba de publicar “El vendedor de silencio”, novela sobre el periodista Carlos Denegri. (Alfaguara, 2019).

Enrique Serna escribe sobre teorías de la conspiración.

Enrique Serna

El autor (Ciudad de México, 1959) es novelista, cuentista, ensayista, guionista y biógrafo. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio de Narrativa Antonin Artaud. Acaba de publicar “El vendedor de silencio”, novela sobre el periodista Carlos Denegri. (Alfaguara, 2019).

logo mx
Más contenido
Paz y Fuentes: historia de una amistad

Paz y Fuentes: historia de una amistad

“Hijo de un embajador, Fuentes superaba a Paz en astucia diplomática. Desde niño se forjó una personalidad pública seductora que lo catapultó a las altas esferas de la política internacional”. ENRIQUE SERNA sobre Octavio Paz y Carlos Fuentes.

22 / 03 / 2021