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Los fantasmas y El Güero Palma

La de Héctor “El Güero” Palma Salazar es una historia dramática, un venezolano enamoró a su esposa, con quien huyó, secuestró a sus hijos y los tiró de un puente en Venezuela, en una historia de venganzas que hasta la fecha no termina

Por Emequis
5 / 12 / 23

CONFIDENTE EMEEQUIS

EMEEQUIS. Pocas historias tan duras y dramáticas como las de Héctor “El Güero” Palma Salazar. Ejerció un mando férreo en el cártel de Sinaloa, pero pagó un precio elevadísimo por ello.

Su mujer y sus dos hijos fueron asesinados y ello derivó en un enfrentamiento entre clanes criminales que aún no termina. 

El autor del crimen, Fernando Clavel Moreno, llegó a Sinaloa, proveniente de Venezuela, con las credenciales de jurista y luchador social. Se infiltró en organizaciones civiles para colaborar en denunciar abusos policiales, pero también lo hizo el círculo más cercano a Palma Salazar, su propia familia, porque se casó con Minerva Palma Salazar.  

En realidad, Clavel Moreno tenía una misión secreta, recobrar un dinero que viejos jefes del crimen organizado reclamaban a Palma Salazar, y para ello contaba con todo el apoyo que hiciera falta. Eligió una vía tortuosa. 

Clavel Moreno enamoró y huyó con la esposa de “El Güero” a quien convenció de retirar dos millones de dólares en un banco de California, en Estados Unidos y después la asesinó. Clavel Moreno regresó a Venezuela, pero con los pequeños hijos del capo sinaloense, quienes fueron arrojados de un puente y no sobrevivieron a la caída. 

Clavel Moreno fue detenido por las autoridades venezolanas. Murió en una celda. El estudio forense apuntó al suicidio, pero los hechos mostraron la dureza del momento: el cadáver tenía arrancadas las diez uñas de las manos y otras diez de cada uno de los pies. 

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Como podría preverse, la muerte violenta de los familiares de Palma Salazar desató una disputa entre el grupo de Sinaloa, ya jefaturado por Joaquín “El Chapo” Guzmán, y el cártel de Tijuana, en el que mandaban los hermanos Arellano Félix. 

Las extensiones de aquellos pleitos se adicionaron con atentados con bomba, masacres y ataques en restaurantes y discotecas. 

Un hecho muy relevante fue el asesinato de varios integrantes de la familia de Félix Gallardo y uno de sus abogados, ocurrido en Iguala, Guerrero, como represalia a lo que había pasado con los hijos y la mujer de Palma Salazar. 

En 1990 en Sinaloa se vivía un momento delicado, la colusión de comandantes de la Policía Judicial Federal con los narcotraficantes era un secreto a voces, que cobraría toda su dimensión con el homicidio de la defensora de derechos humanos, Norma Corona.

Este hecho, relacionado con el caso de Clavel Moreno, ya que la activista investigaba la muerte de ciudadanos venezolanos en Culiacán, motivó la creación de la CNDH. Inclusive, muchos años después, Jorge Carpizo, el primer ombudsman, recibió amenazas graves, que influyeron en su nombramiento de embajador en Francia, como una medida para dotarlo de la protección ante grupos muy peligrosos. 

El asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, en 1993, puede inscribirse en el contexto de esos diferendos entre cárteles, porque su muerte se debió a una confusión, mientras sicarios de los Arellano Félix intentaban matar al “Chapo” Guzmán en el aeropuerto de Guadalajara.  

El automóvil del prelado, de las mismas características de uno de que utilizaba el jefe del cártel de Sinaloa, se estacionó en la bahía de entrada a la terminal aérea, segundos antes de que iniciara el tiroteo. 

Sicarios que fueron detenidos por esos hechos, incluido el autor material del crimen, refirieron que tenían el propósito de terminar con la vida de “El Chapo” Guzmán y que ello era debido a disputas con sus jefes, los Arellano Félix

Palma Salazar lleva 28 años tras las rejas. El 10 de mayo que acaba de pasar, estuvo a punto de alcanzar la libertad. La FGR lo impidió, encontrando elementos de un homicidio. 

Vendrá otro proceso, y seguramente se abrirán otras vertientes de una historia que, se quiera o no, está poblada por fantasmas. Es quizá la ilustración de los bajos fondos y sus reglas duras e inapelables.  

Es un pasado que no acaba de cerrar, porque algunos de sus eslabones explican, de algún modo, las rutas que llevaron a las estructuras criminales a una ruptura que propició la expansión los cárteles de Sinaloa y Tijuana. 

Por décadas definieron el mapa del narcotráfico y sus mercados ilegales. Eso ya cambió, porque la propia dinámica del negocio y la irrupción de otras organizaciones desplazaron a los Arellano, y, paradójicamente, encumbraron a los sinaloenses, aunque dos de sus líderes llevan años en las cárceles de México y de Estados Unidos. 

 @jandradej

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