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Los 10 de mayo imposibles de las madres buscadoras

Llegaron el 10 de mayo a la CDMX, pero ellas no festejaron, las madres buscadoras dejaron algunas mantas frente a Palacio Nacional donde a estas alturas ya saben que no serán recibidas. El presidente López Obrador cree que charlar con ellas vulneraría su investidura.

5 / 17 / 24

CONFIDENTE EMEEQUIS

EMEEQUIS.- Para ellas es un 10 de mayo distinto, doloroso. Son las madres buscadoras y desde hace años marchan por las calles de diversas ciudades del país para exigir que vuelvan sus hijos. 

En su situación no hay posibilidades de festejo y más bien se activan sus afanes de no rendirse, de no cejar en su empeño que retornen los suyos. 

Ya no es el grito de los años setenta de “vivos los llevaron, vivos los queremos”, porque a diferencia de aquellos años, donde los responsables de las desapariciones forzadas eran integrantes de las diversas policías o fuerzas de seguridad, ahora lo que se tiene enfrente es un monstruo mucho más peligroso, porque no responde a una lógica concreta. 

En efecto, lo que ahora se enfrenta es una maquinaria que de algún modo funciona sola y no está sujeta a vaivenes de la coyuntura. 

En nuestro país, por desgracia, la desaparición es una herramienta del crimen organizado para enterrar sus fechorías y para evitar indagatorias que, de todas formas, o en la mayoría de los casos, no se realizarán. 

En la Ciudad de México las marchistas llegaron hasta el zócalo el viernes pasado. Dejaron algunas mantas frente a Palacio Nacional donde a estas alturas ya saben que no serán recibidas. 

El presidente López Obrador cree que charlar con ellas vulneraría su investidura. En el fondo no se atreve a enfrentarse a una realidad cruda y sin matices, donde no hay discurso que pueda reparar lo ocurrido. Por eso tampoco recibió a Javier Sicilia y a la familia Le Barón. 

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La 4T no tolera las malas noticias y esas señoras valientes que salen con picos y palas a explorar terrenos baldíos ilustran uno de los problemas más graves y sin solución a la vista. 

Hay poca empatía desde el poder para las madres buscadoras porque son portadoras de un mensaje terrible: el fracaso del Estado mexicano en lo que respecta a la justicia. 

Las imágenes son pedagógicas porque muestran a mujeres desfilando, portando camisetas con el retrato de sus hijos, carteles que en resumen indican que no puede existir tranquilidad mientras los desaparecidos aumenten día con día. Llevan años en ello.

La costumbre hace que se pierda el foco, pero las protestas de las familias que buscan a sus hijos nunca entrarán en la etapa de lo normal, porque lo que les ocurrió simplemente no puede serlo.

Por ello, en lo que respecta a la desaparición forzada, que es la que cometen los agentes del Estado, no hay prescripción alguna y ese delito se engloba en los que son de lesa humanidad. 

En lo que respecta a las acciones del crimen organizado son conductas delictivas continuas que engloban las peores conductas, ya que atentan contra la libertad y en la mayoría de los casos contra la vida misma. 

Y en ese panorama están los fiscales y policías que no actúan bajo los protocolos de búsqueda, que no actúan con la diligencia debida y pierden tiempo que es clave.

Las cifras, por lo demás, son abrumadoras, 100 mil personas de las que no se sabe su paradero y eso que desde la Secretaría de Gobernación han hecho todo lo posible recortar los listados. Sostiene que han localizado a unas 20 mil personas, pero en los grupos de madres buscadoras no han tenido la suerte estadística de que vuelva alguien que ellas reclamen, al menos por estos días. 

Por regla general lo que se encuentran son cadáveres, restos humanos que están regados por todo el país. Pero aún esta modesta esperanza, ya no la del retorno con vida, sino la localización de los restos se enfrenta al problema de que no hay dónde cotejar el ADN para establecer la identidad de los muertos. 

La Comisión Nacional de Búsqueda perdió sentido al convertirse en un instrumento para ocultar datos en lugar de revelarlos. 

Un desastre, pero ahí están las madres buscadoras, exigiendo, haciendo el trabajo al que están obligadas las autoridades.

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La propuesta de tarifas diferenciadas en el Metro, siempre a la baja, puede tener sentido y servirían para aprovechar los ahorros que genera no imprimir boletos, pero los diputados del PAN la presentaron en un mal momento. 

A unas semanas de las elecciones el tema es aprovechado por Morena para sembrar la idea de que la oposición busca aumentar el precio e inclusive privatizar el STC. 

@jandradej

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SOBRE EL AUTOR

Julián Andrade



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