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López Obrador, el poder hasta el último minuto

A partir de octubre se empezará a percibir cuál es el margen de maniobra de Claudia Sheinbaum, pero no tanto para no cumplir lo que ofreció, sino para controlar los problemas que se van a generar cuando se concrete el Plan C.

7 / 02 / 24

¿Hasta cuándo soltará la estafeta AMLO? Análisis de Julián Andrade.

CONFIDENTE EMEEQUIS

EMEEQUIS.– Es un fin de sexenio atípico. El presidente López Obrador termina su mandato en tres meses, pero no está soltando ni una sola de las riendas del poder y muestra que estará a cargo hasta el último minuto de septiembre. 

Un contraste con lo que ocurrió hace seis años, porque Enrique Peña Nieto, luego del resultado electoral, lo que tenía era prisa para transferir la responsabilidad y así lo hizo, aunque fuera de modo informal. 

Otra diferencia, es que la agenda con la que tendrá que gobernar Claudia Sheinbaum, al menos en el arranque de su periodo, es la que marcó el actual mandatario desde febrero pasado, la que contempla toda una serie de cambios en el Poder Judicial, en el sistema electoral y la desaparición de la mayoría de los órganos autónomos. 

El objetivo, más que evidente, es el de terminar con cualquier forma de control sobre el Ejecutivo. 

En teoría o por ahora, no hay diferencias en el impulso de una batería de transformaciones que significarán un cambio de régimen. 

Terminó la etapa de consolidación de la democracia, la que inició desde los años setenta, y ahora el país se dirige a un escenario opuesto. 

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Este es uno de los ejes del proyecto de la 4T y es absurdo el tratar de encontrar recovecos de esperanza y matices. Para López Obrador y para Sheinbaum hay que enterrar lo que ellos consideran la herencia neoliberal. Por eso no funcionan los argumentos sobre la utilidad de instituciones que se construyeron a lo largo de los últimos 30 años, aunque muchos de los compañeros de ruta, de los triunfadores de la elección, hayan puesto más de un ladrillo.  

López Obrador fue claro desde 2006 cuando pronosticó que “sus instituciones”, la de los adversarios, se irán al diablo y todo indica que así será. 

Es algo ingenuo el pensar que habrá una ruptura, cuando el presidente y la presidenta provienen de un proyecto común. 

Es más, no hay un solo incentivo para que la virtual presidenta se separe de un esquema que les está funcionando y que ya tiene la medalla de dos victorias electorales por demás contundentes. 

A partir de octubre ya se empezará a percibir cuál es el margen de maniobra de la entonces presidenta Sheinbaum, pero no tanto para no cumplir lo que ella también ofreció, sino para poder controlar la serie de problemas que se van a generar cuando se lleve a cabo el Plan C en su totalidad. 

Tendrá que ocuparse de dos ámbitos de desastre mayor: los de la seguridad y la salud. Este sexenio han ocurrido 190 mil homicidios dolosos y durante la pandemia se registró una de las actuaciones de gobierno más desastrosas en el comparativo internacional. 

Los ciudadanos requieren no estar a merced del crimen, pero también el tener acceso a medicinas y el poder ser atendidos en los hospitales públicos con los estándares de calidad adecuados.

Las cosas no serán iguales en la superficie, donde quizá se actúe de acuerdo con las evidencias y con el acompañamiento de perfiles técnicos y hasta moderados en el gabinete, pero ninguno de estos funcionarios impedirá la deriva democrática a la que vamos. 

Es decir, no es que haya una falla de diagnóstico desde esa perspectiva, es una transformación de modelo. 

De ahí que no existirán sorpresas en el próximos 100 días, distinto, por supuesto, al problemático cierre de gobierno de José López Portillo, cuando la nacionalización de la Banca no fue consultada con el presidente electo, Miguel de la Madrid, e inclusive se le informó cuando ya no podía hacer nada para evitar una determinación que, por necesidad, marcaría a su propio periodo y de cuyas consecuencias se tendría que hacer cargo. 

Ahí la distancia era evidente y ni pensar en giras de agradecimiento y mucho menos en arengas para comprometerse a guardar un legado. 

@jandradej



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SOBRE EL AUTOR

Julián Andrade



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