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Layda Sansores, la deriva en Campeche 

Los policías campechanos están en el abandono y cualquier avance puede funcionar como paliativo, pero el problema está en la propia gestión de gobierno y en estrategias de combate al crimen dudosas o de plano poco funcionales.

3 / 26 / 24

Las protestas policiales exhiben la falta de estrategia en seguridad. Análisis de Julián Andrade.

EMEEQUIS.– Layda Sansores despertó a los campechanos. Miles de ciudadanos salieron a recorrer el malecón para exigir su renuncia y la de su secretaria de Seguridad, Marcela Muñoz. 

Una ola blanca de rechazo a unas maneras de gobernar autoritarias y que han hecho que Campeche deje de ser un lugar seguro.

La chispa que prendió la pradera es la protesta de elementos policiacos que fueron enviados a controlar un motín, en el penal de San Francisco Kobén, sin información y sin los equipos adecuados, dejándolos en un alto riesgo, que tuvo como saldo 30 heridos y entre ellos oficiales mujeres que fueron violentadas sexualmente por los reos. Es decir, los mandaron a la guerra sin fusil y a sabiendas de que su vida estaría en riesgo. 

La gobernadora Sansores, con el estilo que la caracteriza, en un primer momento amenazó a los elementos de seguridad que iniciaron un paro de labores. 

Acudió a la cantaleta de que todo era un complot en su contra, orquestado por partidos políticos adversarios de su gobierno.

Pero no es así, la inconformidad policiaca, a la que ya se sumaron amplias franjas de la ciudadanía, se explica por años de maltratos, por jefes poco capacitados y que ni siquiera conocen Campeche. 

http://eme.local/al-dia/campeche-a-la-incertidumbre-electoral-se-suma-inestabilidad-policial/

Acorralada, Sansores ofreció las cabezas de Antonio Saradan Santiago, jefe de la policía estatal, Natasha Bidaut, subsecretaria del Sistema Penitenciario de Prevención y Reinserción Social y de Melisa García, directora de Atención a Víctimas.

En cambio, se empecinó, hasta ahora, en sostener a Muñoz, una funcionaria que la acompaña desde la alcaldía Álvaro Obregón, en la Ciudad de México, donde los resultados en lo que se refiere a seguridad fueron reprobatorios. 

La gobernadora acudió al antídoto que ella cree puede ser el remedio para cada uno de sus disparates: el dinero. Ofreció diversos bonos a los policías que participaron en el operativo en el penal de Kobén y diversas mejoras en la designación de los mandos. 

Los policías campechanos están en el abandono y cualquier avance puede funcionar como paliativo, pero el problema está en la propia gestión de gobierno y en estrategias de combate al crimen dudosas o de plano poco funcionales. 

La gobernadora Sansores es una fiel expresión de los gobiernos morenistas, concentrados en ejecutar venganzas políticas, mientras los problemas en sus regiones crecen. 

La movilización de este domingo, a lo largo del malecón, es de las más grandes de la historia. Entre 8 mil y 10 mil participantes.  No es frecuente que una protesta policiaca converja con el hartazgo ciudadano. 

Eso es lo que hay que observar con cuidado, para tratar de dilucidar lo que en realidad está ocurriendo, pero que en alguna medida se explica por lo que es un encontronazo entre la demagogia que impera en el Palacio de Gobierno y la realidad en las calles.

Por lo pronto, una de las alumnas más avezadas del presidente López Obrador, sin proponérselo, mostró que la ciudadanía está cansada, que ya les molestan los cuentos de que se vive una época paradisiaca y de paso muestran su solidaridad con los policías estatales, menospreciados desde el poder mismo.

Hay, por supuesto, una enseñanza, y es la que da cuenta de que en la sociedad sí hay claridad de que las fuerzas de seguridad requieren de respeto y aprecio por las labores que desempeñan. 

No hay tampoco un autoengaño, se conocen historias y excesos de algunos uniformados, pero se advierte, al mismo tiempo, que se requiere de todo un rearme institucional y ético, pero que este tiene que iniciar con claridad respecto a dónde están las líneas que separar a la legalidad y a los bandidos. 

Por lo pronto, los uniformados campechanos que fueron enviados al infierno en Kobén, con la expresión de sus inconformidades, abrieron una grieta por la que se puede observar la descomposición de un gobierno de corte caciquil y nada eficiente. 

Y a nivel regional, es lo que se juega en Yucatán, donde “Huacho” Díaz Mena reproduciría el desastre campechano y, en cambio, Renán Barrera inclusive ratificaría al encargado de la seguridad, Luis Felipe Saidén, ya que ahí sí se han hecho bien las cosas. 

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@jandradej

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