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Análisis

Las Mañanitas virtuales

Al terminar las Mañanitas, el hombre de 82 años cierra su laptop y se queda solo. “El coronavirus nos da la oportunidad de hacer una pausa. De regresar a lo verdaderamente importante”. La colaboración de BEATRIZ RIVAS.

Por Beatriz Rivas
28 mar 2020

coronavirus
Ilustración: Raquel Moreno.

A Lourdes Meraz,

gracias por la lección.

 

David era un rey israelita perteneciente a la tribu de Judá, hijo de Isaí, sucesor de Saúl. Como gobernante, fue admirado y muy querido pues unificó y expandió el territorio. Es reconocido por tres religiones: judíos, católicos y musulmanes. Además, es personaje de varias películas; de pinturas que lo retratan tal vez matando a Goliat, y de esculturas, como el famoso David de Miguel Ángel. Pero lo que más le sorprendería a este rey valiente y justo, si hoy viviera, sería saberse el protagonista del happy birthday mexicano.

"Estas son las mañanitas que cantaba el rey David, hoy por ser día de tu santo te las cantamos así... ", se escucha, mientras el hombre que está cumpliendo 82 años apaga las velas de un enorme pastel de chocolate relleno de cajeta; su favorito. Las voces de hijos, nueras, yernos y nietos suenan claras, aunque algo lejanas. Después de dar las gracias, emocionado, y aceptar las promesas de que pronto recibirá sus regalos (ya envueltos) y que antes de que se dé cuenta todos irán a abrazarlo, cierra su laptop y se queda solo. Lleva una semana de encierro pues bien sabe que pertenece a un sector de la población vulnerable.

Así se celebran los cumpleaños en una época incierta, en la que el coronavirus nos mantiene separados. Mi madre cumplió el 16 de marzo y no pude estar con ella. El novio de mi hija, el 22, el mismo día en que el hijo del muy extrañado Armando Vega-Gil tuvo una pequeña fiesta en la que los invitados fueron sus muñecos de peluche. No continúo pues la lista es demasiado larga. ¿La buena noticia? Precisamente ésa: que seguimos cumpliendo años y festejándolo porque hay que celebrar que estamos vivos. Juntos, aun a la distancia. Preocupados los unos por los otros. 

Las redes sociales ayudan a no sentirnos aislados. Aunque es cierto que la profunda división se acentúo más, que todavía se destila odio y se lanzan insultos sin argumentos, lo que más prevalece es la solidaridad y una creatividad admirables.

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Se forman grupos en WhatsApp titulados "Coronavirus" donde familiares, amigos, alumnos o vecinos de un barrio se mantienen informados y ofrecen apoyo de algún tipo. En condominios o vecindarios, los jóvenes se anotan para ir de compras y traer, a los ancianos, alimentos o medicinas. Se lanzan llamados pidiendo que al ir al súper, la gente compre productos básicos extra para dárselos a las personas mayores que ayudan en las cajas. Médicos ofrecen consejos o consultas virtuales, gratis. También se suben videos chistosos en una época en que conservar el buen humor es imprescindible. Maestros de educación física o de yoga, dan clases virtuales gratuitas o a un precio muy bajo. Museos y bibliotecas ponen a la disposición recorridos virtuales o libros sin costo. Quienes no dependen de sus rentas, ofrecen un descuento a sus arrendatarios o, de plano, dos meses sin pagar su cuota. Novelistas y poetas suben a la redes sus textos. Editoriales obsequian e-books. Un grupo de escritoras (#Teleo) lee, en voz alta, fragmentos de novelas. Se dan clases de cocina y de baile a través de Instagram. Organizaciones filantrópicas como comedores comunitarios que tuvieron que cerrar, por ejemplo, piden canastas básicas para repartir. Hay muchísimos ejemplos más de una sociedad que, aunque separada físicamente, cada vez se une de manera más profunda y muestra empatía y solidaridad en formas creativas y emocionantes.

Sé que es un lugar común decir que "todo pasa por algo". Pues aunque "no pase por algo", si ya está sucediendo, hay que hace un esfuerzo para verle lo positivo. En estos momentos en casi todo se debe llevar a cabo de manera virtual y no podemos abrazar a nuestros seres queridos, el coronavirus nos da la oportunidad de hacer una pausa. De regresar a lo verdaderamente importante. De salirnos de nuestra rutina y nuestra zona de confort para volver la vista hacia los lados. Quienes somos privilegiados y tenemos mucho o tan solo un poco más que quienes nos rodean, compartámoslo: información verificada, sentido del humor, gel antibacterial, dinero, consejos, tiempo para escuchar, alimentos, música o bailes, medicamentos, apapachos a la distancia, un sentido de pertenencia, productos de primera necesidad, ánimo, compañía...

 

Como bien dice Ana María Olabuenaga, los pulmones y corazones de todos son iguales, sin importar clase social o tendencia política. A todos nos gusta soplar las velas de un pastel, rodeados de nuestros quereres. Mientras tengamos que seguir cantando Las Mañanitas virtuales, hagamos un esfuerzo extra para mostrar apoyo, unión, respaldo. También para ser concientes y responsables. Empáticos.


PD.- Ahora el tema que nos mantiene ocupados es el coronavirus y sus consecuencias. La pandemia llegó a México casi al mismo tiempo en que miles de mujeres salimos a marchar, el 8 de marzo, y nos quedamos recluidas, el 9. No olvidemos el terreno ganado y todos los pendientes que quedaron. Una nota publicada el lunes 23 de marzo afirma que el promedio mensual de feminicidios en nuestro país aumentó 36%. Comparan febrero de 2020 con el de 2019. Es decir, 91 mujeres fueron asesinadas el mes pasado por razones de género. No dejemos que el miedo a ser contagiadas, silencie nuestra indignación y nos haga dejar en el cajón un asunto tan urgente de resolver.

 

@Brivaso

 

 

coronavirus

Beatriz Rivas

La autora es novelista. Ha publicado, entre otros libros, "La hora sin diosas", "Jamás, nadie", "Dios se fue de viaje" y "Fecha de caducidad", todos en Alfaguara. Tiene cuatro vicios: escribir, leer, viajar y tomar mucho whisky

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Beatriz Rivas

La autora es novelista. Ha publicado, entre otros libros, "La hora sin diosas", "Jamás, nadie", "Dios se fue de viaje" y "Fecha de caducidad", todos en Alfaguara. Tiene cuatro vicios: escribir, leer, viajar y tomar mucho whisky

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