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Análisis

La trama de la conquista

¿En qué momento Moctezuma dejó de creer que los españoles eran dioses? ¿Es cierto o falso que los conquistadores lo tomaron como rehén seis días después de su llegada a Tenochtitlan? ENRIQUE SERNA escribe sobre las dudas en la historia oficial.

Por Enrique Serna
25 ene 2021

ENRIQUE SERNA
Ilustración: Raquel Moreno.

EMEEQUIS.– Una de las mayores dificultades para narrar la conquista de México en una novela o en una serie de televisión es la falta de una trama coherente en la versión canónica de los hechos históricos, en especial durante la luna de miel entre Moctezuma y Cortés que terminó con el desembarco en Veracruz de Pánfilo de Narváez. Como las inconsistencias y las lagunas en los testimonios de los españoles ofrecen motivos de sobra para poner en duda su veracidad, desde hace décadas un importante grupo de historiadores anglosajones (Ross Hassig, Francis Brooks, Matthew Restall, Camilla Towsend) los han sometido a una crítica lapidaria. En 2018 escribí el argumento de una teleserie sobre la conquista, y aunque deseaba atenerme lo más posible a las fuentes, sus dislates me obligaron a tomar en cuenta las objeciones de la historiografía moderna, que descubrí gracias a la invaluable asesoría de Andrea Martínez Baracs, o de lo contrario, la conducta inmotivada de los personajes hubiera dado al traste con la verosimilitud de la trama.

No me considero ni de lejos una autoridad en esta materia, pero todo novelista posee un detector de mentiras que emite señales de alarma cuando los episodios de un relato no embonan bien y creo que vale la pena revisar desde ese ángulo el relato la génesis de nuestra nacionalidad. La función de la trama, según E.M. Forster, autor del ensayo Aspectos de la novela, es introducir nexos de causalidad en una secuencia de acontecimientos. “El rey murió y entonces la reina murió es una anécdota. El rey murió y luego la reina murió de tristeza es una trama. Una sucesión de anécdotas nos incita a preguntar: ¿y luego? Una trama, en cambio, nos hace preguntar: ¿por qué?”. Puesto que los testimonios de Cortés, Bernal Díaz del Castillo, Pedro de Alvarado, Andrés de Tapia y otros conquistadores son en gran parte anecdotarios sin una cadena clara de causas y efectos, un escritor de ficción está obligado a atar los cabos que dejaron sueltos para eximirse de culpas ante la corona española, tomando partido por los documentos o las conjeturas de los historiadores revisionistas.

 ¿En qué momento Moctezuma dejó de creer que los españoles eran dioses? ¿Es cierto o falso que los conquistadores lo tomaron como rehén seis días después de su llegada a Tenochtitlan? Si lo apresaron tan pronto, ¿por qué los nobles no encabezaron una sublevación popular? ¿Son verdaderas o falsas las dos abdicaciones de Moctezuma, una a la llegada de los españoles, la otra un mes más tarde, ante un escribano, cuando Cortés encarceló a todos los nobles involucrados en la conspiración de Cacama? ¿Por qué el tlatoani hospedó con el mayor lujo a Cortés y a su tropa durante seis meses y repentinamente decidió expulsarlos de la ciudad?  ¿Cómo pudo hacerlo si estaba preso? ¿Por qué los españoles permitieron los sacrificios humanos en el Templo Mayor durante cuatro o cinco meses y de pronto Cortés subió a la pirámide para destruir los ídolos con una barra de hierro? 

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Las respuestas que improvisé para urdir mi trama se conocerán si algún día la empresa que me encargó ese trabajo decide producir la teleserie (cosa difícil, en virtud de su enorme costo). Pero como en agosto se conmemoran los 500 años de la caída de Tenochtitlan, sería deseable que la Secretaría de Cultura o la UNAM organizaran un coloquio entre historiadores mexicanos y extranjeros para explorar a fondo las lagunas de la epopeya que nos dejó una huella indeleble. Si el presidente López Obrador y su esposa Beatriz Gutiérrez Müller exigieron al rey de España una disculpa por los atropellos contra la población indígena durante la conquista y el virreinato, con más razón deberían emprender una vindicación pública de Moctezuma, quizá el personaje más injustamente vilipendiado de nuestra historia, divulgando a gran escala los argumentos de los historiadores que reconstruyen su tragedia bajo una luz muy distinta.

Por supuesto, cualquier empeño revisionista implica un riesgo: si desecháramos por completo los testimonios de los españoles, la historia de la conquista no tendría sostén alguno. Sucedería entonces que por haber querido limpiar de mentiras ese relato nos quedaríamos con un cascarón vacío. Eso explica, por ejemplo, las reticencias de Michel Graulich a poner en duda la versión de los conquistadores en su reciente biografía de Moctezuma, publicada por Era. Ningún relato histórico se puede sostener en pie sin pruebas documentales, y sería muy difícil que a estas alturas surgieran otras para desmentir a las existentes. 

Hay mucho de cierto, sin duda, en los relatos de Cortés, Bernal y compañía, pero los libros de texto oficiales deberían señalar los pasajes en que probablemente mintieron, si queremos defendernos mejor contra la soberbia falaz de los vencedores.

   

 

ENRIQUE SERNA

Enrique Serna

El autor (Ciudad de México, 1959) es novelista, cuentista, ensayista, guionista y biógrafo. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio de Narrativa Antonin Artaud. Acaba de publicar “El vendedor de silencio”, novela sobre el periodista Carlos Denegri. (Alfaguara, 2019).

ENRIQUE SERNA

Enrique Serna

El autor (Ciudad de México, 1959) es novelista, cuentista, ensayista, guionista y biógrafo. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio de Narrativa Antonin Artaud. Acaba de publicar “El vendedor de silencio”, novela sobre el periodista Carlos Denegri. (Alfaguara, 2019).

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