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La indagatoria de Ayotzinapa en paradero desconocido

Si no bastara con la serie de desencuentros entre el gobierno de López Obrador y los familiares de los 43 normalistas de Ayotzinapa, incluida la muerte de Yanqui Kothan recientemente, en los juzgados no localizan al testigo estrella de la FGR Gildado López “El Gil”, uno de los líderes más importantes de Guerreros Unidos

4 / 12 / 24

CONFIDENTE EMEEQUIS

EMEEQUIS.- Lo que faltaba. En los juzgados no localizan a Gildardo López “El Gil”, el testigo estrella de la FGR en el caso Ayotzinapa. El periodista. 

Andrés Becerril publicó en Excélsior una extensa nota que contextualiza la ausencia de uno de los líderes más importantes de los Guerreros Unidos, al no acudir al juzgado para ratificar una petición de amparo para no ser detenido, pero sobre todo en el hecho incontrovertible de que no fue posible notificarlo en el domicilio respectivo. 

La estrella de El Gil se fue apagando a la par que las hipótesis de la Fiscalía que manejaba Omar Gómez Trejo se diluyeron por inconsistentes, y donde uno de los afanes principales era el de implicar a mandos militares y civiles federales como Tomás Zerón, el entonces director de la Agencia de Investigación Criminal, en la desaparición, al menos por omisión, de los 43 estudiantes normalistas. 

Para lograr ese propósito requerían de un informante y lo encontraron en El Gil, quien había sido detenido en septiembre de 2015, pero que fue liberado en 2019 por una resolución del Juez Primero de Distrito de Procesos Penales Federales en Tamaulipas y porque la FGR no movió un dedo para impedirlo. 

En la fiscalía pudieron realizar exámenes independientes del Protocolo de Estambul, con el que certifica si existió o no tortura, o fincar responsabilidades por delitos diversos. No lo hicieron y 80 delincuentes están en las calles.

En lugar de evitar la impunidad, a El Gil, quien sí participó en la desaparición de los normalistas, le proporcionaron, en la Fiscalía, un salario, escolta y chofer cuando se requería, y casa donde vivir. 

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Era la época dorada, aquella en que se decía que “romperían el pacto de silencio” y que se conocería el paradero de los normalistas ausentes desde septiembre de 2014

Todo, ahora lo sabemos, resultó una patraña, en parte por las mentiras de El Gil, quien acomodaba las historias para no contrariar un libreto que olvidó a las víctimas del caso, para concentrarse en castigar a los que indagaron y, por extensión, permitir que se liberara a los que delinquieron. 

En la Fiscalía resultaron cándidos o cómplices de un cuento, el de la implicación de altos cargos de las Fuerzas Armadas, que ahora tiene furioso al presidente López Obrador, quien ya sabe que no se llegará a nada de lo ofrecido desde la campaña electoral del 2018 y en donde su relación con los padres de los normalistas es cada día más distante.

La muerte del normalista Yanqui Kothan, hace unas semanas, en manos de policías, exacerbó los ánimos, al cerrar espacios de entendimiento con las autoridades. Para los normalistas las cosas están terminado como iniciaron, contando a sus muertos, los de antes y los de ahora. 

Es probable que ni siquiera la captura del asesino del muchacho detenga la escalada del conflicto, que ya se expresa incendiado oficinas de gobierno y automóviles, en un esquema ya conocido y es lo que inquieta. 

Pero no dejan de existir ruindades marcadas en esta historia, como las de ensañarse con Jesús Murillo Karam, el exprocurador de la República, para saciar las ansias de un público al que le prometieron políticos de relieve tras las rejas. 

Murillo Karam continúa sujeto a proceso por revelar la única explicación sustentada con pruebas y que sigue vigente: a los estudiantes normalistas los detuvieron policías municipales de Iguala y los entregaron a sicarios de los Guerreros Unidos, los que procedieron a matarlos y a desaparecer sus cuerpos, parte de ellos en una hoguera que prendieron en el basurero de Cocula.

Pero esta injusticia se profundiza al conocerse que uno de los principales implicados en el caso está en calidad de ilocalizable por su propio gusto y por múltiples irresponsabilidades ministeriales. 

LAS VÍSPERAS DEL 2024

En Culiacán se realizó un interesante encuentro de aspirantes al Senado con la Coparmex. Los representantes de Morena no asistieron, pero sí los de Fuerza y Corazón por México y MC.

Paloma Sánchez aprovechó para denunciar la corrupción que impera en Sinaloa, donde se dejaron de hacer licitaciones para favorecer a los amigos del gobernador y una espiral de inseguridad que aleja la inversión.  

La aspirante priista también ofreció terminar con los abrazos a la delincuencia y concentrarse en la mejora de las policías locales, dignificando su trabajo, con créditos para vivienda, seguro de gastos médicos y becas de estudios para los hijos de los uniformados. 

@jandradej

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SOBRE EL AUTOR

Julián Andrade



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