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Análisis

Grítame pero quedito… Nunca más sin nosotras

Que pinten y rayen cuadros de figuras de la historia patria “es una manera de reescribirla”, escribe ANA CLAVEL sobre las protestas feministas. Esperar que usen fórmulas de cortesía “es una contradicción”.

Por Ana V. Clavel
19 sep 2020

ANA CLAVEL
Ilustración: Raquel Moreno.

EMEEQUIS.– Tanto va el cántaro a la fuente que, ante reclamos de justicia no resuelta, el agua termina por llegar al río. Recuerdo que en 1994, ante el levantamiento zapatista que reivindicaba el gobierno autónomo y los derechos de comunidades indígenas en Chiapas, la gente de bien decía: “Tienen un poquito de razón pero no es el modo”. Me hacían acordarme tanto de don Miguel Hidalgo y Rabadilla –Periñón para los amigos de Ibargüengoitia–, que decidió no seguir inclinando la propia ante la Corona Española invadida por el hermano de Napoleón, y llamó a la guerra de independencia en estos territorios de la Nueva España. Imagínense que en vez de la lucha a sangre y fuego que se desató, alguien le hubiera dicho: “A ver, señor don cura Fidealgo, lleva usted razón en parte pero sírvase guardar las maneras que para eso están las leyes de Indias, y si no le acomoda váyase a sus viñedos con sus amancebadas que bien sabemos cómo le gusta a vuestra merced el caldo de gallina, y llévese a sus feligreses e inconformes con la misa a otro lado”. Vaya… que cuando los actos de rebeldía triunfan hasta los conmemoramos con días festivos, y si no, pues entonces les dejamos sólo un rinconcito en la historia, o hasta los metemos debajo de la alfombra.

Así los reclamos de justicia de las mujeres frente a las instituciones encargadas de vigilarla e impartirla, que hoy como antes siguen teniendo oídos como tapias. Mujeres y colectivos que han organizado marchas, mítines, movimientos como #Un día sin nosotras del pasado 9 de marzo, y que sólo la pandemia ha podido aplacar por un tiempo, mientras la cifra de feminicidios y abusos se mantiene como un mal endémico: 10 mujeres asesinadas al día en el país es un grito urgente y alarmante que ninguna autoridad parece escuchar. Me acuerdo tanto de días de movilización de agosto del 2019 cuando el fulgor de la diamantina rosa nos hizo exigir #Ni una menos y, parafraseando al poeta López Velarde, la “patria será implacable y diamantina” para todas y todos. O las pintas del Ángel y otros monumentos que muchos consideraron actos de vandalismo y que otros vimos con asombro ante la belleza revulsiva de colores y pintas que mostraron cuán vivos pueden estar los monumentos muertos por glorias del pasado y tan vacíos e indiferentes frente a la debacle actual… 

Por eso, la reciente toma de una de las sedes de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en la CdMx, por parte de madres de víctimas y colectivos para acusar la indiferencia y negligencia ante los reclamos de justicia, mostró uno de sus rostros más vívidos al intervenir el cuadro de Madero y después los de Morelos y Juárez. Para ojos conservadores –que los hay tanto de izquierda como de derecha–, los héroes de la patria, sus efigies y monumentos, no se tocan. La verdad es que son ojos puritanos que tampoco entienden nada de las vanguardias de la vida y mucho menos las revoluciones en el arte. Su idea de lo sagrado es rígida y estrecha y por eso tampoco pueden entender que un héroe como Zapata haya podido ser representado desnudo y tan lúbricamente femenino, en el cuadro colgado en Bellas Artes que desató la polémica a fines de año pasado. Una pintura que, al mostrar desnudo al caudillo, en realidad nos puso en cueros con nuestros prejuicios a todos.

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Esos ojos escandalizados pertenecen a las mismas huestes reaccionarias que se ofendieron y no dejaron que sus esposas vieran un cuadro como El origen del mundo de Courbet (1866), que mostraba en primer plano el vientre y el sexo desnudo de una mujer. La misma banda de censores que pusieron el grito en el cielo cuando Marcel Duchamp le pintó bigotes a una reproducción de la Mona Lisa en 1919 y le colocó una suerte de acróstico que aludía a su intensidad y temperatura sexual –algo así como “ella es una caliente”. 

Hay un gesto transgresor y hasta lúdico en pintar bigotes, o colorearles los labios o los párpados, o añadirle florecitas o cuernos y cola de diablo a una imagen canónica para desacralizarla, pero también para hacerla bajar del pedestal, volverla más humana, y que diga así lo que bien portada, calla. Y si todo esto es provocado por reclamos legítimos de justicia, entonces ¿cómo esperar que las mujeres indignadas y enfurecidas no busquen hacerse oír? Que pinten y rayen cuadros de figuras de la historia patria es una manera de reescribirla, de decir: “Nunca más sin nosotras”, de gritar por el horror feminicida de madres, hermanas, hijas, amigas… y al hacerlo de ese modo, es también una propuesta creativa e irreverente de arte contestatario y social. 

Esperar que el rebelde se amanse con fórmulas de cortesía y pida permiso para manifestar su desacuerdo, eso sí que, dadas las circunstancias de impunidad, es inaudito. (“A ver, Sr. Cura don Periñón, escriba usted una carta con sus peticiones y reclamos a Su Graciosa Majestad y ya verá cómo en unos doscientos años le hacemos llegar su mensaje”.) Es pedir un contrasentido, un oxímoron, una contradicción, un “Grítame pero quedito…”, que resume la naturaleza ambigua con la que está entramada nuestra política y nuestra moral. 

Habrá quien se persigne y hasta sermonee o condene. A mí me parece que esas pinturas que antes parecían estampitas escolares de historia oficial, ahora intervenidas con imaginación, colorido y rabia son un retrato mucho más vociferante y fiel de la realidad violentada de nuestros días. 


@anaclavel99




ANA CLAVEL

Ana V. Clavel

La autora (Ciudad de México, 1961) es narradora y ensayista. Entre sus libros se encuentran cuentos, novelas y ensayos como “Las Violetas son flores del deseo”, “Las ninfas a veces sonríen”, “Territorio Lolita” y, recientemente, “Breve tratado del corazón”.

ANA CLAVEL

Ana V. Clavel

La autora (Ciudad de México, 1961) es narradora y ensayista. Entre sus libros se encuentran cuentos, novelas y ensayos como “Las Violetas son flores del deseo”, “Las ninfas a veces sonríen”, “Territorio Lolita” y, recientemente, “Breve tratado del corazón”.

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