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El presupuesto como arma: ¿entidades federativas en la mira?

El gasto centralizado son recursos ejercidos directamente por el gobierno federal en las entidades. Estos fondos no están regulados por la ley, lo que permite un uso completamente discrecional y alineado con los intereses del presidente en turno: por ejemplo, megaobras.

10 / 12 / 23

Por Juan Ortiz / Lupa Legislativa

EMEEQUIS.– La llegada al poder de López Obrador marcó un cambio significativo en la dinámica política de México, sobre todo en lo que respecta al fortalecimiento del presidencialismo. Esto ha impactado directamente en el equilibrio de poderes, debilitando no sólo al legislativo y al judicial, sino también a las entidades federativas.

Uno de los primeros movimientos en esta dirección fue la introducción de los superdelegados. Estas figuras, vinculadas a la Secretaría de Bienestar, se convirtieron en intermediarios entre los gobernadores y la presidencia. Pero su papel no se detuvo ahí; también se convirtieron en plataformas para futuros candidatos políticos.

Ahora, hablemos del presupuesto, una herramienta que el presidente ha utilizado para ejercer presión sobre las entidades federativas. Aquí es donde entra en juego el concepto de Gasto Federalizado, que son fondos entregados directamente a estados y municipios, regidos por la Ley de Coordinación Fiscal desde 1978.

Este gasto se divide en participaciones y aportaciones federales. Las primeras son recursos no condicionados que los estados pueden usar a su discreción, mientras que las segundas están destinadas a servicios públicos básicos como educación, salud e infraestructura social. También hay recursos que se reciben a través de convenios y subsidios.

Si observamos la distribución de estos recursos, notamos que se concentran principalmente en estados con alta población y niveles de pobreza. Según el proyecto de presupuesto para 2024, los estados más beneficiados son el Estado de México, Ciudad de México, Veracruz, Jalisco, Chiapas, Puebla, Nuevo León, Guanajuato, Oaxaca y Michoacán.

Aunque el gasto federal ha aumentado desde 2018, esto no se ha traducido en un incremento significativo para las entidades federativas. De hecho, ajustado por inflación, el crecimiento ha sido de apenas un 3%.

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Además, el gasto federalizado representa una porción cada vez menor del presupuesto federal. En 2018, constituía el 34%; ahora, según el proyecto de presupuesto 2024, es solo el 27%.

Elaborado por Laboratorio de Automatización y Análisis Presupuestario con datos de la SCHP
 

Es más, de 2023 a 2024, los recursos federales para los estados crecerán sólo un 0.5%. Y hay 12 estados que recibirán incluso menos recursos el próximo año.

Elaborado por Laboratorio de Automatización y Análisis Presupuestario con datos de la SCHP

No podemos olvidar los programas de infraestructura Ramo 23, que fueron eliminados en el presupuesto 2019. Este ramo era famoso por su uso en “moches” para ganar apoyo político, pero su eliminación no ha erradicado las malas prácticas; simplemente cambiaron de forma.

Esto se confirma mediante el gasto centralizado, que son recursos ejercidos directamente por el gobierno federal en las entidades. Estos fondos no están regulados por la ley, lo que permite un uso completamente discrecional y alineado con los intereses del presidente en turno.

Elaboración propia con datos de la SCHP

Un análisis de estos recursos revela que las prioridades del presidente se han centrado ahí donde se construyen sus megaobras, beneficiando principalmente a estados como Campeche, Tabasco, Ciudad de México, Yucatán, Veracruz, Estado de México, Chiapas, Oaxaca y Quintana Roo. Solo en Campeche y Tabasco se habrán invertido un billón de pesos aproximadamente, cada uno, durante el sexenio de López Obrador.

México es un país de grandes desigualdades regionales. Tanto el gasto federalizado como el centralizado tienen el potencial de nivelar el campo de juego, asegurando una distribución más equitativa de los recursos.

Para lograr esto, los recursos federales podrían usarse como incentivos para mejorar la gestión y eficiencia en los estados. Imaginemos un sistema donde se premie a los estados que alcancen metas específicas en áreas como educación o salud.

Desafortunadamente, el actual gobierno ha mantenido las prácticas de uso discrecional de los recursos, perdiendo la oportunidad de abordar las desigualdades regionales y promover un desarrollo más equilibrado a nivel nacional.

Es importante que en la discusión del presupuesto federal abramos un debate serio sobre cómo se distribuyen y utilizan los recursos federales en las entidades federativas. No podemos conformarnos de que estos fondos se utilicen como una herramienta política, especialmente cuando hay tanto en juego en términos de desarrollo y equidad.

@Juan_OrtizMX

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