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Análisis

El goleador apátrida

ENRIQUE SERNA escribe sobre Carlos Vela y su negativa a formar parte de la Selección: “No hay rasgo de carácter más mexicano que renegar de la patria, ni mayor evidencia de llevarla clavada en el alma”.

Por Enrique Serna
28 dic 2020

Carlos Vela
Ilustración: Raquel Moreno.

EMEEQUIS.– La primera vez que fui a la lucha libre en la arena Revolución me tocó ver el combate de un pelirrojo de pelo en pecho,  apodado “El Divino”, contra el Caballero Águila, un mexicano de tez cobriza. El Divino venía de España o se las daba de español. Cuando subió al ring, el público lo recibió con mentadas de madre y le gritó que se regresara a su tierra. Durante la primera parte de la lucha, el Divino aplicó al mexicano una llave letal, y aunque su víctima golpeaba la lona con la mano pidiendo clemencia, lo siguió torturando pese a las amonestaciones del réferi. Para enardecer más aún a la afición, que a esas alturas ya quería lincharlo, el español gritaba a su adversario: ¡Indio! ¡Indio!, con muecas de encomendero maldito.

En las canchas de futbol, el delantero Carlos Vela interpreta desde hace tiempo el papel del Divino. Su primera ofensa a la patria fue negarse a jugar con la selección el mundial de Brasil, pese a los ruegos del Piojo Herrera. Según los cronistas deportivos, Vela guardaba rencor a los directivos de la selección, por haberlo sancionado y expuesto a la vergüenza pública en 2010, cuando él y Efraín Juárez, después de un partido contra Colombia en Monterrey, organizaron una fiesta con mujeres del ganado bravo, a la que se coló también una guapa transexual. El resentido crack no encontró mejor manera de vengar su agravio que enemistarse con la afición mexicana. 

En un gesto condescendiente, Vela aceptó ponerse la verde en el mundial de Rusia, pero después de ese fracaso renunció en definitiva al Tri. De nada han servido las súplicas del Tata Martino: la gloria deportiva no colma las aspiraciones de un ego tan veleidoso. Ni siquiera le profesa un gran amor al futbol, pues ha declarado siempre que su deporte favorito es el basket. Quizá desprecia sus raíces y el deporte que mejor juega por espíritu de contradicción o para quitarse presiones de encima. Sea cual sea el móvil oculto del goleador apátrida, sus consecuencias deportivas han sido graves, pues nuestro balompié produce a cuentagotas jugadores de talla internacional (Hugo Sánchez se retiró en los 90 y desde entonces nadie lo iguala). Tenemos pocos delanteros talentosos y el mejor se pone moños de prima donna. 

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 La semana pasada, Vela protagonizó un capítulo más en su larga relación sadomasoquista con México. En los cuartos de final y en la semifinal de la Concachampions, anotó los goles que le dieron el triunfo a su equipo, Los Angeles Futbol Club, sobre el Cruz Azul y el América. Ahora los partidos se juegan en estadios vacíos, de modo que los gritos de jugadores y técnicos son claramente audibles en las transmisiones televisivas. Tras realizar la hazaña de anotarle dos veces al América en 72 segundos, con la colaboración de una defensiva pasmada, Vela festejó el segundo tanto con el grito: ¡Hijos de puta! ¿Insultaba al futbol mexicano humillado en ese partido? Por fortuna, en la final del torneo, los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León derrotaron 2-1 al equipo de Vela. Su arrogante delirio de superioridad recibió, al menos, un duchazo de agua helada. Pero de nuevo quedó en evidencia que Vela se resiste a cargar con su defectuosa nacionalidad y desde hace tiempo la arrojó al basurero.

Es natural que Vela se sienta ciudadano del mundo, pues ha hecho su carrera en Inglaterra, España y Estados Unidos. Pero la tenacidad de su fobia antimexicana tal vez obedezca a una patología social ampliamente extendida, por ejemplo, entre los hijos de compatriotas residentes en Estados Unidos, que se niegan a hablar en español con los clientes de tiendas o restaurantes, por temor a bajar de categoría. 

No es una casualidad que Vela haya ido a parar a un equipo de Los Angeles, donde tanta gente acomplejada se comporta así. Pero comete un error si cree que abjurando del águila y la serpiente se librará de su estigma: tal y como están las cosas, no hay rasgo de carácter más mexicano que renegar de la patria, ni mayor evidencia de llevarla clavada en el alma.




Carlos Vela

Enrique Serna

El autor (Ciudad de México, 1959) es novelista, cuentista, ensayista, guionista y biógrafo. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio de Narrativa Antonin Artaud. Acaba de publicar “El vendedor de silencio”, novela sobre el periodista Carlos Denegri. (Alfaguara, 2019).

Carlos Vela

Enrique Serna

El autor (Ciudad de México, 1959) es novelista, cuentista, ensayista, guionista y biógrafo. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio de Narrativa Antonin Artaud. Acaba de publicar “El vendedor de silencio”, novela sobre el periodista Carlos Denegri. (Alfaguara, 2019).

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