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“El Bart”, la voz de un sicario

“El Bart” se define: “soy una persona noble que mata gente. Un oficio para ganar dinero”. No muestra remordimiento alguno tras atacar a Ciro Gómez Leyva.

7 / 11 / 24

El sicario es solo un eslabón de una cadena de la que no conocemos hasta su cúspide. Análisis de Julián Andrade.

CONFIDENTE EMEEQUIS

EMEEQUIS.– Es escalofriante escuchar a Héctor Martínez “El Bart”, el sujeto que intentó matar a Ciro Gómez Leyva. 

Lo entrevistó la activista Saskia Niño de Rivera para su podcast. Gómez Leyva presentó fragmentos de una charla de una hora que se realizó en el penal de Santa Martha Acatitla. 

Siempre es polémico darles voz a los asesinos, porque eso agrede a las víctimas y distorsiona el juicio. 

Pero gracias al trabajo de Niño de Rivera, y también a ese arrojo que suele cobijar a Gómez Leyva, es que tenemos algunos elementos para constatar la maldad que subyace en la personalidad del sicario.

Gómez Leyva, más allá del dolor y la inquietud que debe causarle escuchar a quien intentó quitarle la vida, se sobrepone ante la necesidad de encontrar una explicación a lo ocurrido. 

“El Bart” se define: “soy una persona noble que mata gente. Un oficio para ganar dinero”. 

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“El Bart” no muestra remordimiento alguno, como no sea el de haber fallado en su cometido. Explica que el error consistió en no considerar el blindaje de la camioneta y en no haber desistido del intento. 

“Lo mato, me voy a donde tenga que ir, me escondo un rato, se enfrían las cosas. Tengo dinero. Tan, tan. Lo que sigue. Esa era mi idea. Yo me lo imaginaba en su camioneta con una sábana blanca.”

Es más, señala que lo volvería a intentar, aunque es consciente que de parte del grupo al que pertenece o perteneció, no exista ya esa voluntad. 

El sicario es solo un eslabón de una cadena de la que no conocemos hasta su cúspide. Las autoridades han logrado detener a la estructura operativa, incluido Armando Escárcega “El Patrón”, quien contrató a los involucrados y dio las instrucciones concretas.

Por desgracia, es probable que ahí se rompa la cadena y que no conozcamos nunca a los jefes, a quienes tomaron la decisión de matar, y que por fortuna no lo lograron, a uno de los más destacados y mejores periodistas de México. 

Sin embargo, “El Bart” le dijo a Niño de Rivera que “los periodistas se meten con quien no deben o hablan de más. Y no se ponen a pensar que esas personas tienen un paro más arriba de ellos.”

Ojalá la difusión que se ha hecho de la entrevista y posteriormente la que provendrá del podcast funcionen como una señal de alerta sobre la descomposición social que permite que sujetos como “El Bart” escalen en la pirámide del sicariato y vean al asesinato como una forma de vida, en la que los riesgos de ser atrapados son menores.

Es más, “El Bart” está convencido de que está en prisión “por el pancho” que hizo Gómez Leyva. 

Hace algunos años, en 1998, Javier Alatorre entrevistó, para TV Azteca, a Daniel Arizmendi “El Mochaorejas”. 

Un secuestrador que mutilaba a sus víctimas contándoles las orejas con unas tijeras para pollos. Era la forma de presionar a los familiares de las personas cautivas, ya que “al mandarles una oreja, creo que es una impresión muy grande para cualquier gente.”

Arizmendi decía no sentir vergüenza de lo que había hecho, del daño causado a víctimas y familiares y del acopio de unos 180 millones de pesos en algunos años. 

Eso sí, pedía la pena de muerte por la zozobra que le causaba el pasar toda la vida tras las rejas. 

La captura de Arizmendi, en agosto de 1998, significó un éxito de las autoridades, porque era un momento de psicosis desatada por los secuestros y se atribuía a la banda del Mochaorejas, una centena de ellos. 

Verlo en la pantalla televisiva también resultó un impacto. Constatar que la maldad se explica y justifica es duro, porque, queramos o no, ilustra un territorio por demás oscuro y difícil de desmontar. 

Al igual que “El Bart”, “El Mochaorejas”, que también carece de escrúpulos, nunca escuchó que alguien se quejara del corte de una extremidad, “quizá porque ni tiempo tenían para reaccionar.”

@jandradej



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SOBRE EL AUTOR

Julián Andrade



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