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Ciro Gómez Leyva, la naturaleza del reportero

Caso Ciro Gómez Leyva: no cualquiera abriría espacios y micrófonos a la única voz que por ahora tienen sus atacantes y que es, precisamente, la del consejero jurídico de cada uno de ellos.

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Ciro Gómez Leyva hizo algo inusitado, entrevistó al abogado de las personas acusadas de intentar matarlo. Análisis de Julián Andrade.

CONFIDENTE EMEEQUIS

EMEEQUIS.– Ciro Gómez Leyva hizo algo inusitado, entrevistó al abogado de las personas acusadas de intentar matarlo.

En el estudio de Radio Fórmula, escuchó los argumentos de David Hernández, las explicaciones y estrategia que, como defensor, intenta establecer para lograr que sus clientes salgan lo mejor librados.

Gómez Leyva lo interrogó, buscó dar luz a zonas que por regla general permanecen en las tinieblas. El propio litigante admitió que hay una parte de la trama, la que se desenvuelve quizá en la autoría intelectual del crimen, que prefiere no conocer.

Días antes Gómez Leyva estuvo en los juzgados y ahí intercambió miradas con el grupo que las autoridades señalan como responsables del ataque. Horas complejas.

A Gómez Leyva le ganó, supongo, la madera de periodista, eso que lo define, y desde hace ya décadas, como uno de los mejores.

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No cualquiera abriría espacios y micrófonos a la única voz que por ahora tienen sus atacantes y que es, precisamente, la de Hernández, en calidad de consejero jurídico de cada uno de ellos.

El detalle, sin embargo, consiste en no perder de vista que Gómez Leyva es víctima, un protagonista central de esa historia tan terrible. Es de reconocerse, por ello, su convencimiento genuino en la justicia, sin dobleces ni coartadas.

Para nada es sencillo y seguramente las emociones se empalman y confunden, donde la única guía es el compromiso con la verdad.

Javier Darío Restrepo, el periodista colombiano, que además era experto en la ética, solía recordar dos momentos de definición sobre el oficio.

La del corresponsal de guerra que se mira ante un espejo y piensa en lo absurdo que es ponerse una corbata, chaleco y casco, antes de salir a recorrer las calles de Sarajevo, a sabiendas que una sola equivocación, un paso en falso, lo pueden hacer presa de los francotiradores.

Pero que, a pesar de los elementos racionales sobre el peligro, sabe que se subirá al vehículo de prensa, observará, tomará notas y escribirá un cable noticioso.  De estas situaciones, dudas y apremios, se ocupa Arturo Pérez-Reverte en “Territorio Comanche.”

Y la del director de un diario, El Espectador, quien, a pesar de todos los malos augurios, de las amenazas creíbles, optó por contarle a Colombia quién era Pablo Escobar, en ese momento un oscuro congresista que adquiría poder e influencia gracias al dinero de las drogas.

Guillermo Cano sabía de los riesgos de su labor, pero era más grande su indignación y la necesidad de que un ladrón de lápidas no lograra el propósito de capturar a los poderes político y económico, para limpiar sus fechorías.

En estas pequeñas viñetas es en las que se esboza la naturaleza del reportero, esa fuerza extraña que hace que, a pesar de todo, se haga el trabajo.

A Gómez Leyva nadie le podría reprochar una cobertura dura sobre lo que le ocurrió. No hay atajos sencillos, pero eligió seguir los pasos del seguimiento periodístico más profesional y ahí reside un mérito y una lección.

Es de destacar su valor, el compromiso que tiene con los que lo escuchan todas las mañanas y la enseñanza proviene de que se puede caminar en las incertidumbres con gran elegancia. 

Esa es la naturaleza del oficio, ahora sujeto a tantas acechanzas, pero no cualquiera está dispuesto a encararlo como lo viene haciendo Gómez Leyva desde hace ya tantos años.

Lo que busca, y con constancia, son respuestas a tres preguntas: ¿quién fue?, ¿por qué?, ¿y cómo es que fallaron?

En casos como el suyo, es difícil que se llegue a conocer, con certeza, todas las piezas que se engranaron y propiciaron lo que ocurrió y que, por fortuna, les salió mal a los perpetradores.

Pero lo que sí podemos visualizar, en blanco y negro, es que tenemos en Gómez Leyva a uno de los grandes, lo sabíamos, es verdad, pero hay una fuerza especial en constatarlo cada día.

LAS VÍSPERAS DEL 2024

Xóchitl Gálvez, antes de regresar a la Ciudad de México, fue a Roma y tuvo una audiencia con el Papa Francisco. Todo un mensaje, por lo que implica para los millones de católicos, pero también un ejemplo de habilidad y talento político que permitió que se abriera la puerta en El Vaticano.

En el fondo es una muestra del talante de la abanderada de Fuerza y Corazón por México,  y su mente abierta al mundo.

@jandradej

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SOBRE EL AUTOR

Julián Andrade



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