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Balas y sombras en Nuevo Laredo

Lo sucedido en Nuevo Laredo revela una mala actuación de los soldados, quienes desplegaron una fuerza desproporcionada. En el fondo, es la evidencia de la falta de preparación para encarar tareas de orden policiaco.

Por Emequis
3 / 01 / 23

CONFIDENTE EMEEQUIS

EMEEQUIS.– Nuevo Laredo, Tamaulipas, es un lugar difícil. Por ello la seguridad está en manos del Ejército.  Es territorio del Cártel del Noreste, y a estas alturas ya nadie se hace ilusiones con las policías municipales y estatales. La densidad criminal es evidente.

Es triste, porque es una zona del país donde se han padecido las distintas olas de violencia y crimen con mayor intensidad y desde hace ya décadas. 

Pero frente a esta situación, la gente trata de seguir con su vida, de aprovechar uno de los puntos fronterizos con mayor tránsito y actividad económica. 

La madrugada del domingo, un convoy de soldados se topó con una camioneta en la que viajaban seis jóvenes que acababan de salir de una discoteca. Cinco de ellos terminaron muertos a balazos. 

El hecho es confuso, porque las autoridades han dicho poco sobre el asunto. El rutinario: se investigará, pero no más, por el momento. 

Pero es un tema que no se podrá evadir. Todo apunta a que los responsables de las muertes son los elementos del Ejército y hasta ahora no hay una sola evidencia de que los jóvenes estuvieran armados.

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Es una situación que revela una mala actuación de los soldados, quienes, más allá de cualquier motivación, desplegaron una fuerza desproporcionada. 

En el fondo, es la evidencia de la falta de preparación para encarar tareas de orden policiaco. No es algo que se tenga que reprochar a las fuerzas armadas, sino a la desidia de los tres órdenes de gobierno, que aprovechan el despliegue militar y el apoyo que proporcionan en tareas de seguridad pública, para desentenderse del asunto. Vamos, tan es así, que a nivel federal ya de plano se desistieron de conformar una agrupación policial de carácter civil. 

Esto tiene su relevancia y explica, aunque no justifica, que los soldados tengan que estar en refriegas callejeras. 

En un video, del que da cuenta Elefante Blanco, un medio de información central si se quiere saber de lo que ocurre en Tamaulipas, se muestra la desesperación del padre de uno de los chicos que murieron: 

–Mira mi hijo, viejo, ciudadano americano, somos ciudadanos americanos, viejo. Nadie tenía armas, viejo. 

–¿Cuántos años tenía tu hijo? –preguntó un reportero. 

–21 años, Gustavo Ángel Suárez Castillo. 

Y junto con él, también murieron en el lugar, Gustavo Pérez Beriles, Wilberto Mata, Jonathan Sánchez y Alejando Trujillo. Luis Gerardo se encuentra hospitalizado y grave. 

Después vendría una reacción más que airada de vecinos, quienes se enfrentaron con elementos del Ejército, cuando intentaban llevarse la camioneta baleada. Hubo golpes y los soldados dispararon al piso. Un desastre.

En el Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo están convencidos de que los soldados están fuera de control y por ello hicieron un llamado al presidente López Obrador para que haga algo al respecto. 

Después de todo, en la frontera de Tamaulipas, todavía tienen fresco el asesinato de Heidi Pérez, una niña de cuatro años a la que la alcanzó una bala en la cabeza. El relato es ya tristemente común. Su cuidadora la estaba trasladando, junto a su hermano Kevin, para encontrarse en el hospital donde trabajaba su madre. Eran las 22 horas y se toparon con una camioneta militar. Lo que siguió “fue como un granizo de piedras”, contra los vidrios polarizados del vehículo.

Cristina Pérez, la mamá de la pequeña dijo “era muy bonita, amorosa, inteligente, enojona”. Una historia dramática.  

Es una crisis en materia de Derechos Humanos la que sufre Tamaulipas, aunque se trate de esquivar ese aspecto que, de todas formas, estará presente, muy presente, por sus implicaciones.

Hay que insistir, falta policía, porque no todo es combate al crimen organizado y hay aspectos de la convivencia que requieren de pericia, colmillo y hasta buen trato. 

Para eso son los municipales, para trabajar todos los días, evitando que lo que son infracciones se conviertan en delitos, pero también generando una relación con la ciudadanía que permita construir confianza. 

Los soldados van a seguir actuando como soldados, y las violaciones a los derechos humanos no se van a detener. Más vale tenerlo presente, o el problema será más grave de lo que ya es.

Pero lo que urge, y no hay coartada posible, es que la FGR aclare lo que ocurrió la noche de ese domingo terrible en Nuevo Laredo.

@jandradej 

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