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Ayotzinapa, la imposibilidad de cerrar el caso

México, ya se sabe, es el país de los expedientes abiertos. Resulta complicado poner punto final a los crímenes de alto impacto, porque nadie cree en las autoridades. El caso Ayotzinapa es un ejemplo.

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Otro caso de expediente incompleto. Análisis de Julián Andrade.

CONFIDENTE EMEEQUIS

EMEEQUIS.– El caso Ayotzinapa ya no se resolverá este sexenio. Será un pendiente que tendrá que asumir quien triunfe en la próxima contienda electoral.

Hace unos días, en Acapulco, el presidente López Obrador reveló: “desde ahora sostengo que ese es un expediente abierto, nunca se va a cerrar, nosotros no lo vamos a cerrar y tenemos que conocer la verdad”.

A unos meses de asumir el cargo, en septiembre de 2018, el entonces presidente electo se comprometió: “vamos a conocer lo que realmente sucedió, que se sepa dónde están los jóvenes y se castigue a los responsables.”

Tenía casi seis años por delante y por ello añadió: “mi compromiso es no fallarles a las madres, a los padres de los jóvenes de Ayotzinapa, al pueblo de México. No vamos a traicionar la confianza de nuestro pueblo.”

Pero esos días de esperanza para los padres de las 43 normalistas de Ayotzinapa se convirtieron en pleitos y la distancia entre el titular del Ejecutivo y ellos es cada día más grande.

Todo estalló por los aires. Ocurrió algo predecible, en las organizaciones de derechos humanos, entre las que se encuentran los asesores de las víctimas, existe la convicción de que hubo una participación y de alto rango del Ejército en los sucesos de Iguala y en las posteriores desapariciones de los normalistas.

Las indagatorias dicen otra cosa, las de antes, por las que está en prisión el exprocurador Jesús Murillo Karam, y las de ahora.

Hay un trecho, nada despreciable, sí esclarecido, y es que los jóvenes fueron detenidos por policías municipales, quienes los entregaron a sicarios de los Guerreros Unidos y fueron estos últimos quienes los mataron.

Ese es el nudo central que no es negado por nadie, pero se hizo insuficiente ante las expectativas que se generaron, sobre todo durante la campaña por la presidencia de la República, y en las que se sostenía que “Fue el Estado” y que los encontrarían con vida.

Se intentó dar un viraje a la historia, pero el desastre fue peor que lo que ya existía, porque debilitó la credibilidad de la Comisión de la Verdad y metió en aprietos a la FGR, cuando se dieron a conocer conversaciones de WhatsApp que resultaron una falsificación.

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Muchos de los implicados, algunos de ellos incluso confesos, alcanzaron la libertad por la negligencia de un fiscal, que ahora se encuentra fuera del país, interesado sólo en cobrar una venganza, en gran medida personal, contra los que tuvieron la responsabilidad de indagar los hechos en el gobierno del presidente Peña Nieto.

Las detenciones de militares tampoco han paliado las angustias de los quejosos, porque los detenidos no tienen los rangos que se creían inmiscuidos en el asunto, aunque entre ellos hay coroneles y generales.

El presidente López Obrador incluyó en su libro “Gracias” la versión de que algunos de los jóvenes fueron cremados en funerarias, algo desestimado en su momento por peritos que analizaron los restos encontrados.

México, ya se sabe, es el país de los expedientes abiertos. Resulta complicado poner punto final a los crímenes de alto impacto, porque nadie cree en las autoridades.

Este es un problema mayor, generado por elevar las expectativas de la ciudadanía, a cambio de éxitos efímeros, cuando la experiencia demuestra que eso no termina nunca bien.

Lo triste es para los deudos de los jóvenes, quienes ven pasar los años y tienen que lamentar todas las promesas que les han hecho y que terminaron rotas.

Ayotzinapa es uno de los casos criminales más graves de la historia contemporánea y muchos de los delitos que se cometieron son de lesa humanidad, pero, infortunadamente las urgencias políticas han hecho que se pierdan las perspectivas y que no se asuman las cosas como son.

En esto no hay atajo, ahora ya los saben todos los involucrados en intentar una explicación coherente, y sustentada con hechos, de lo ocurrido aquella tarde de tan mala memoria.

LAS VÍSPERAS DEL 2024

Alejandra Barrales será candidata al senado por MC, aunque acompañada por Sandra Cuevas, la alcaldesa de Cuauhtémoc. Una dupla extraña por la divergencia de perfiles y trayectorias.

Barrales contendió por la jefatura de Gobierno en el 2018, entonces arropada por el PAN, PRD y el propio MC, partido del que es cercana desde hace tiempo.

Quien fue presidenta del PRD le puede sumar a la campaña de Salomón Chertorivski, quien busca despachar en el palacio del Ayuntamiento.

@jandradej

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