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Análisis

AMLO evitó la venganza de Trump; ahora Ebrard debe evitar la de Biden

Mientras el secretario de Estado, Mike Pompeo, hace una agresiva gira por países que felicitaron a Biden, Marcelo Ebrard tiene que convencer a los demócratas de que AMLO no hizo lo que hizo por lealtad a Trump. Vienen semanas cruciales para la relación bilateral.

Por Témoris Grecko
17 nov 2020

Ebrard
"Ebrard va a tener que convencer a los demócratas de que lo que parece que hicimos no es lo que hicimos". Fotos: Especial.

EMEEQUIS.– Puede o no ser cierto el rumor de que Donald Trump llamó a AMLO para pedirle que no reconozca el triunfo de Joe Biden, a pesar de que fue vencido con amplia ventaja (5 millones de votos y 306 electores estatales contra 232) y los jueces no han encontrado méritos en ninguna de sus denuncias de fraude electoral. 

Lo que sí queda claro es que Donald Trump seguirá siendo presidente por nueve semanas más, que podría tomar decisiones destructivas muy importantes y con enorme impacto para su país, México y el mundo, y que de hecho, ya las está tomando.

El todavía líder de la aún superpotencia mundial va a sufrir “crisis tras crisis” (meltdown), advierte su sobrina Mary Trump. “No va a conceder” que Biden ganó, continúa”, “todo lo que va a hacer es ponerse a romper cosas y lo va a hacer con ganas”. Esas “cosas” no son los juguetes de un niño sino reglas, instituciones, acuerdos y relaciones internacionales y, por consecuencia, las vidas de muchas personas.

ENEMIGOS PERSONALES

Se asume, de entrada, que Trump va a utilizar el privilegio presidencial de dar amnistía para perdonarse a él mismo y a sus asociados, varios de los cuales están ya en la cárcel o bajo procesos judiciales, como su exjefe de campaña, Paul Manafort; su exconsejero de seguridad nacional, Michael Flynn, y su ideólogo, Steve Bannon (acusado de robarse un millón de dólares de una campaña de donaciones para construir el muro con México).

Por otro lado, a quienes recuerdan la película “Terminator” debe haberles sonado la palabra que utilizó Trump al anunciar que había echado a su secretario de Defensa: “Mark Esper has been terminated” (...ha sido “terminado”), tuiteó. Y lo hizo el 9 de noviembre, cuando ya era más que claro que había perdido las elecciones y que, aunque le cueste trabajo aceptarlo y so pena de incurrir en responsabilidades legales, deberá entregar el poder el 20 de enero.

No es novedad: Trump no entiende de responsabilidades del servicio público, sólo de incondicionalidad, y desde que echó al director del FBI, James Comey, en los primeros meses de su periodo, ha establecido un récord de despidos de altos funcionarios que él nombró y desechó cuando no lo pusieron a él por encima de sus obligaciones oficiales.

Lo inusual es el relevo en una posición clave cuando los electores ya han emitido un nuevo mandato y sin consultar al sucesor. Los observadores se preguntan si es el preludio de una ronda de despidos destinada a castigar a quienes Trump pueda considerar insuficientemente leales –lo que funciona además como advertencia para intimidar a cualquier funcionario tentado a disentir– y a ponerle piedras en el camino a Biden.

“Los que servimos en su administración estamos convencidos de que el presidente va a usar (este tiempo) para desplegar sus poderes para vengarse de sus oponentes políticos”, le dijo Miles Taylor, un exfuncionario del Departamento de Seguridad de la Patria que escribió un artículo crítico contra Trump, a The Atlantic. “Era algo que tendía a hacer pero solían convencerlo de abstenerse. Ahora que va de salida, creo que va a sentir que no tiene nada qué perder”.

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Y cuenta con una variedad de recursos para hacer sentir su ira: desde echar a funcionarios de carrera (ya ha anunciado públicamente su intención de deshacerse de Anthony Fauci, el prestigiado médico que ha sido jefe del organismo encargado de combatir las enfermedades infecciosas durante 36 años) hasta utilizar Twitter para humillar y difamar críticos, arrojándolos a la jauría de sus decenas de millones de seguidores, muchos de ellos aficionados a las armas y a la acción directa.

De hecho, ya ha montado una campaña nada menos que contra Fox News, la influyente cadena noticiosa que era su favorita y que no dudó en convertirse en una maquinaria de desinformación a favor de Trump pero que, una vez que su dueño –el famoso tiburón de los medios Rupert Murdoch– percibió que Trump ya no era caballo ganador lo abandonó, apresurándose a anunciar su derrota. El presidente ahora tuitea cada día su indignación con Fox News y llama a sus simpatizantes a pasarse a otros canales menos conocidos (y que en unos días han multiplicado varias veces su rating), además de adelantar sus planes de lanzar una cadena propia con el fin declarado de destruir a Fox News.

Si el expresidente Richard Nixon mantenía una lista secreta de enemigos personales, la de Trump es pública: “Le van a pasar cosas malas”, dijo en un mitin acerca de Miles Taylor.

ROCAS EN EL CAMINO

Si en política doméstica Trump quiere ponerle piedras en el camino a Biden, a nivel internacional ya está dejándole rocas. El secretario de Estado, Mike Pompeo, quien insiste en que Trump está por iniciar un segundo mandato tras haber vencido en las elecciones, acaba de iniciar una gira de 10 días por siete países cuyos gobiernos han felicitado a Biden y a los que va a poner en una posición incómoda. El lunes llegó a París y el presidente francés, Emmanuel Macron –que aclaró que el estadounidense se invitó solo– se aseguró de tener un encuentro discreto, sin conferencia de prensa. Después Pompeo irá a Estambul, donde se reunirá con el patriarca de la Iglesia cristiana ortodoxa y no con el presidente islamista Tayyip Erdogan, lo que agriará aún más las relaciones bilaterales con Turquía.

Más adelante verá a uno de los mandatarios que más favores le deben a Trump, Benjamín Netanyahu, quien sin embargo ya ha reconocido el triunfo de Biden y sentirá que Trump –siempre veloz para reclamar deslealtades– le envía un bofetón de larga distancia hasta Jerusalén. 

Por otro lado, Trump, que golpeó el prestigio de Washington al desconocer un delicado pacto ratificado por su Congreso, el acuerdo nuclear con Irán, quiere asegurarse de que Biden no pueda desfazer su entuerto y se prevé que Pompeo anuncie nuevas sanciones contra Teherán, con el objeto de provocar una equívoca reacción iraní o por lo menos complicar al extremo el futuro diálogo que Biden y los líderes europeos quieren iniciar. Según el New York Times, el 11 de noviembre Trump estuvo cerca de ordenar el bombardeo de sitios en Irán ligados a su programa nuclear pero fue disuadido por funcionarios que advirtieron que esto provocaría una guerra de mayores dimensiones. Persiste, de cualquier forma, la posibilidad de que el presidente ordene ataques contra objetivos iraníes en otros países.

Además, Pompeo va a visitar dos países enemigos de Irán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, y uno que no ha dejado de tener enfrentamientos militares con Rusia, Georgia.

Esto último incide en otro de los temores de los expertos: que Trump termine de desmantelar los acuerdos que contienen la carrera armamentística, el que pone límites a los arsenales nucleares de Estados Unidos y Rusia, el Nuevo Start, y el Tratado de Prohibición de Pruebas atómicas.

PERDER-PERDER

La discusión acerca de las consecuencias del “mayor berrinche político de la historia”, como lo describió el veterano analista de inteligencia Michael Nance, es un tema principal en medios liberales y conservadores. Se comportará “como un niño malvado con un mazo en una tienda de porcelana”, dijo Nance. Será “la era más temible para Estados Unidos”, se titula un artículo de la periodista Susan Surftone, en The Advocate.

Entre los preocupantes pronósticos, sin embargo, no se dice nada de México. Trump podría golpear el nuevo tratado comercial T-MEC, cerrar la frontera bajo cualquier pretexto –migración, drogas, Covid–, retirar su beneplácito a la política migratoria mexicana y castigar las exportaciones con aranceles enormes, facilitar el contrabando de armas hacia el sur, reducir el flujo de agua de los ríos Bravo y Colorado, etcétera. 

Nada de esto parece estar en las cartas, para alivio del país y del presidente. Pero aferrarse a no reconocer el triunfo de Biden, presentando argumentos legaloides, cuando ya el resto de naciones lo ha hecho y bajo presión de propios y extraños, tendrá un costo, “consecuencias importantes en la relación bilateral y en el comercio”, advirtió Antonio Villaraigosa, el exalcalde de Los Ángeles de origen mexicano, en un artículo publicado en un diario nacional. En parte porque, como sostiene el periodista Ricardo Raphael, hay señales de que en el Partido Demócrata se está entendiendo que más allá de las dificultades del momento, existe en el presidente mexicano una lealtad personal hacia Trump que lo lleva a hacernos cómplices del deliberado esfuerzo de torpedear la democracia estadounidense e imponer un segundo mandato del millonario contra la voluntad del pueblo.

Esto puede traer problemas próximamente, cuando Biden finalmente tome posesión. Pero los que puede provocar Trump ahora mismo, si su mirada flamígera es atraída hacia México como la del ojo de Sauron en el Señor de los Anillos, son más temibles.

Ebrard va a tener que convencer a los demócratas de que lo que parece que hicimos no es lo que hicimos. O de que sí, lo hicimos, pero no por fidelidad a su enemigo. A final de cuentas, Trump nos atrapó en un juego de perder-perder.

 

@temoris

 

 



Ebrard

Témoris Grecko

Politólogo, periodista y documentalista mexicano. Autor de "Ayotzinapa. Mentira histórica" y otros libros, y de los documentales "MirarMorir. El Ejército en la noche de Iguala" y "No se mata la verdad".

Ebrard

Témoris Grecko

Politólogo, periodista y documentalista mexicano. Autor de "Ayotzinapa. Mentira histórica" y otros libros, y de los documentales "MirarMorir. El Ejército en la noche de Iguala" y "No se mata la verdad".

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