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Zumbido omnipresente. La comunidad que vive bajo la plaga de moscas

Desde hace 6 años, el pueblo de San José Acoculco, en Hidalgo, está invadido por una plaga de moscas que llegó con los trabajos de la Planta Tratadora de Aguas Residuales. Las enfermedades los azotan, mientras los políticos incumplen sus promesas de ayudarlos.

5 / 25 / 22

EMEEQUIS.– Con una mano se lleva la tortilla a la boca y con la otra cubre el plato para evitar que los insectos que merodean se posen sobre el guiso. Abrir los labios para meter el bocado también es un riesgo de que las alimañas voladoras aniden en la cavidad, pero no es todo: buscan internarse en los oídos, en los poros; acechan siempre con su zumbido que nunca calla.

Desde hace seis años, el pueblo de San José Acoculco, en Atotonilco de Tula, Hidalgo, está invadido por una plaga de moscas que llegó con los trabajos de la Planta Tratadora de Aguas Residuales, una obra que, denuncian, ha acrecentado la contaminación y las enfermedades, tanto infecciosas gastrointestinales como de la piel.

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Cada 15 días se fumiga, pero los insectos no desaparecen, sobrevuelan por el aire infestado, se posan sobre los animales, a quienes cubren como si se tratara de una segunda capa de piel.

“Este problema lo tenemos desde hace años. Pasa un presidente (municipal) y pasa otro, pasa un gobernador y otro, y dicen que nos van a ayudar, pero nunca nos ayudan para que la plaga termine”, cuenta Aracely García Jiménez, de 42 años, obrera, que se ha obligado a convivir con la plaga. Su nieto de ocho años, como los demás niños nacidos en la última década, no saben como es la vida sin el mosco en todas partes.

Las moscas se acumulan sin que las instancias gubernamentales hagan algo para ayudar a estas comunidades. Foto: Especial. 

Aracely tiene, en las puertas y ventanas, en las paredes, tiras que contienen un cebo que atrae a las moscas; entonces, si se acercan, quedan atrapadas, con el zumbido constante hasta que mueren, como si se tratara de la electricidad que corre por un foco viejo; así se saturan las tiras, pero la plaga continúa por el aire, acechando siempre sobre la piel.

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“El jueves pasado vinieron a fumigar, pasan cada 15 días a fumigar por área, pero no es suficiente, la mosca sigue. Se calma un poco en ese momento que fumigan, pero pronto vuelve”, añade Aracely.

Aquí, cuenta, pueblo con vocación ganadera, “los animales”, que eran borregas, cerdos y caballos, pronto han desaparecido, porque la plaga los llenaba de piquetes que les hacían erupciones por los que nadie, después, los quería comprar. De los perros, se escucha el ladrido incesante, ante el revoloteo de la plaga.

Pueblos azotados por las moscas debido a los lodos de una planta de aguas residuales. 

Los animales, sin embargo, no son los únicos afectados.

“A mi hija la semana pasada le dio infección estomacal. La comida no puede ser, porque siempre cuidamos todo, pero nosotros le echamos la culpa a la mosca. A mi nieto apenas le dio calentura y dolor de estómago y mi hija cree que también es por la mosca, porque ellos viven en un pueblito, El Portal, que también tiene la plaga”.  

Lo que sucedió a su hija de 26 y a su nieto de ocho años le pasa a los demás habitantes de cuatro comunidades de Atotonilco –San José Acoculco, San Antonio, El Portal y   Conejos– así como una más en el municipio aledaño de Tepeji del Río –Parte del Salto–, según Aracely, que acusa que las autoridades no sólo no han atendido lo que afirma es un problema de contaminación y salud pública que tiene más de un lustro, sino que, por la situación del mosco, tampoco acuden a estos lugares.

“La gente se enferma de dolor de estómago, de vómito; es que es insoportable, ya no sabemos qué hacer”, dice.

“Tengo seis tiras que cambio, por lo menos, tres o cuatro veces a la semana. Es molesto para nosotros tener que comer y cubrir tu plato; agarrar tu bocado y cubres tu plato para que no entre el mosco. Es molesto para nosotros porque no tenemos ni esa oportunidad de comer; o comes, o las espantas. Aunque nosotros tengamos limpia la casa –trapeada, aseada– no se va; nunca se muere la mosca”, relata.    

Las enfermedades gastrointestinales no son el único problema: pobladores aseguran que los niños, que tienen la piel más sensible, presentan erupciones en diferentes partes del cuerpo. Se trata de una especie de granos rojos con la punta blanca que, al exprimirlos, expulsa larvas de moscas.

Aunque el calor abruma en esta época, se mantienen con suéteres o ropa de manga larga, “porque la mosca se nos pega”.

El problema, menciona, viene de los lodos que salen de la planta tratadora: “ese lodo viene provocando toda la mosca; el olor y el calor es insoportable cuando uno llega a la parte de arriba y se junta toda la mosca.

“Hubo una ocasión hace como dos años en que de la Planta Tratadora de Aguas Residuales no se tenía el cuidado y estaban saliendo como larvas, gusanos. Hubo una casa en la que hasta en las ventanas llegaron los gusanos. Se fumigó, se echó cal a los alrededores y se combatió eso, pero la mosca no se ha combatido”, contó.

Aunque las puertas están cerradas y se fumiga afuera, el mosco se reproduce dentro y la plaga no termina.

“No podemos dejar que fumiguen adentro, en las casas, porque no sabemos qué contiene el líquido. Se ha comprado lo que es la creolina, pero la verdad es un olor horrible y es muy fuerte para los niños. ¿Dormir? Ya no se puede dormir; llevamos seis años así”.

Los pobladores acusan que la Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios de Hidalgo (Copriseh) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales del estado (Semarnath) no han saneado el depósito de lodos de la planta, pese a que es una solicitud desde hace cinco años.

Las lluvias, añaden, potencian el mosco, pero no es lo único a lo que se han enfrentado. La planta también ha traído plagas de chinches de campo, de insectos, de ratas, que atribuyen a los malos olores y las grandes cantidades de metano que emiten a la atmósfera los lodos residuales.

Los insectos aparecen por todas partes. Foto: Especial.

AÑOS DETENIDO, AHORA FOCO DE CONTAMINACIÓN

La planta tratadora empezó a construirse en 2010, a finales del sexenio del expresidente Felipe Calderón Hinojosa, quien informó que la inversión prevista para esta obra era de 10 mil 22 millones de pesos. Según las previsiones originales debía entrar en operaciones a finales de 2012 o principios de 2013. No obstante, no fue así.

En su primer informe de gobierno, Enrique Peña Nieto la destacó como uno de los proyectos más importantes de su sexenio para Hidalgo, e informó que, a esa fecha, tenía un avance físico de 90.5 por ciento. Sin embargo, fue hasta finales de 2017 que comenzó a operar y, poco después, trajo las plagas.

Esta planta, con base en el proyecto ejecutivo del gobierno federal, era de orden prioritario para dar una solución integral al Tratamiento de las Aguas Residuales generadas en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), y beneficiaría a más de 700 mil habitantes del Valle del Mezquital en Hidalgo.

@axelchl

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Áxel Chávez



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