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Venezolano ubica a su cura pederasta en Iztapalapa; la Arquidiócesis lo sabe

Leonardo Araujo, víctima de abuso sexual, le ha seguido la pista al sacerdote mexicano Juan Huerta por Chicago, La Habana y CDMX. El venezolano denuncia que su agresor está en Iztapalapa, protegido por Los Paulinos.

Por Rivelino Rueda
27 jul 2021

Iglesia y pederastia.
Araujo dio conferencia en el Club de Periodistas. Foto: Especial.

EMEEQUIS.– Uno de los mayores errores en los 2 mil años de historia de la Iglesia católica fue haber canonizado y convertido en “santo” al Papa Juan Pablo II, quien “protegió a infinidad de sacerdotes que perpetraron miles de casos de abuso sexual a menores de edad”.

Quien comenta lo anterior es José Leonardo Araujo Araque, víctima de abuso sexual reiterado, a los 13 años, por parte del sacerdote paulino Juan Huerta Ibarra, en el estado de Mérida, Venezuela.

“¡Un sacerdote que abusa sexualmente de personas indefensas es simple y sencillamente un delincuente!”, lanza el venezolano de 32 años, quien denuncia que las autoridades eclesiásticas mexicanas siguen protegiendo a este cura pederasta, originario de Jalisco.

En enero del año pasado EMEEQUIS publicó el reportaje “Me tomó en la sacristía. Congregación católica resguarda en México a sacerdote acusado de pederastia”, en el que Araujo Araque señala que los abusos se dieron en la comunidad “Reina de los Apóstoles”, casa de formación de los aspirantes a ingresar a la congregación, en Venezuela, entre 2001 y 2002.

Acompañado por Cristina Sada Salinas, activista de la asociación civil Spes Viva; Alberto Athié, exsacerdote y defensor de los derechos humanos, así como de José Barba, José Antonio Pérez y Ana Lucía Salazar, sobrevivientes de abuso por miembros de la Legión de Cristo (del extinto fundador de esa congregación, el sacerdote Marcial Maciel, acusado de 60 agresiones sexuales a menores de edad), Araujo Araque lamenta que la Iglesia católica se guíe actualmente por las directrices de un hombre que encubrió estos abusos, como lo fue Karol Józef Wojtyla, mejor conocido como Juan Pablo II.

En conferencia de prensa en el Club de Periodistas, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el exsacerdote Alberto Athié expone que uno de los dictados del llamado “Ángel exterminador del comunismo” o “Papa viajero”, fue el de haber dado la instrucción que, en estos casos de abuso sexual de curas católicos en contra de menores de edad, se señalara que “ellos (los menores) eran los responsables”.

Así ocurrió con José Leonardo. Las autoridades eclesiásticas de Venezuela y México le han dicho que, si verdaderamente se presentaron estos hechos, fueron “única y exclusivamente culpa suya”.

El joven puntualizó que la Arquidiócesis de México conoce el caso y no ha tomado acciones al respecto, e incluso reiteró que el sacerdote Juan Huerta Ibarra se encuentra en Iztapalapa, protegido por la Congregación Sociedad de San Pablo, conocida como Los Paulinos.

“La congregación Paulina en México no es muy numerosa. Son cerca de 70 integrantes, pero en la Ciudad de México hay aproximadamente 23. En agosto de 2019, estuvo en México el Superior General de Los Paulinos, Valdir José de Castro, quien vive en Roma, para presidir el XIII Capítulo General, donde se estableció el Plan de Acción de la congregación, en el cual se designó como nuevo provincial al padre Oliveiro Mondragón”. 

Por ello, José Leonardo dice que es probable que De Castro estuviera enterado de la presencia del sacerdote Huerta Ibarra durante su visita a México.

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En la conferencia, Araujo Areque puntualiza que en agosto de 2020, la Dirección del Ministerio Público para la Protección de la Familia en Venezuela, instruyó a la Fiscalía 79, con competencia en todo el territorio nacional, para conocer del caso, con sede en la ciudad de Caracas.

“La Fiscalía de Venezuela ha realizado las diligencias necesarias para investigar el caso. El padre Huerta conoce perfectamente este proceso penal, pero él afirma ser inocente. Pero si es así, ¿por qué no ha ido a Venezuela a dirimir su inocencia en los órganos penales?”

Relata que, el 4 de junio de 2020, la Nunciatura de México le informó que su caso sería turnado a la Arquidiócesis, por ser esta instancia el Tribunal Eclesiástico Metropolitano.

Para el 20 de noviembre, José Leonardo fue informado por la Arquidiócesis de México, en una reunión que sostuvo con el vicario judicial y los superiores provinciales de la Sociedad de San Pablo, que que ya se realizaba una investigación en contra del sacerdote Huerta Ibarra. Posteriormente, en enero de este año, le notificaron que el caso lo llevaría el vicario judicial José Romero Rodríguez.

Luego de dos años de buscar su paradero, ya que el superior general de “Los Paulinos” en Roma, Valdir José de Castro, ocultó a ese cura pederasta en Chicago, Estados Unidos, después en La Habana, Cuba, y ahora en la Ciudad de México, José Leonardo dijo que en agosto de 2019 se enteró que Juan Huerta Ibarra se encontraba en México y “participaba en su labor pastoral pese a que ya la congregación de Los Paulinos tenía conocimiento de las denuncias eclesial y civil presentadas”.

DETALLES DEL ABUSO

Detalla que ese hombre fue ordenado sacerdote en la década de los ochenta del siglo pasado, y que desde entonces se integró a la Sociedad de los Paulinos donde, luego fue nombrado “superior” y fundador de la comunidad “Reina de los Apóstoles”, para luego ser enviado al Estado de Mérida en misión pastoral.

Araujo Araque narra que cuando se dieron esos abusos sexuales el clérigo tenía 46 años de edad: “En aquellos días se fue acrecentando la amistad entre nosotros, entregándome obsequios tales como franelas, medallas, libros religiosos, lámparas, llaveros, invitaciones a viajes a la ciudad de San Cristóbal, Estado de Táchira, y a la ciudad de Caracas”.

En el trabajo publicado por EMEEQUIS la víctima relata que “el padre Huerta fue escalando los niveles de intimidad y, en una de esas ocasiones, que yo pernoctaba en la congregación religiosa, me invitó a su habitación personal y me pidió que durmiera allí”.

“Durante esos encuentros, que se dieron de forma continuada, se suscitaron una serie de hechos donde él me hablaba, pues yo dormía en una cama que estaba bajo la suya, y me conminaba a acostarme al lado suyo. El padre Huerta me manoseaba mis genitales con sus manos, provocándome erecciones, besaba mis labios e introducía su lengua dentro de mi boca; frotaba los genitales hasta que eyaculaba. Tomaba mis manos y las conducía hasta sus genitales para masturbarse, todo esto con una intención manifiestamente libidinosa”. 

¿Y QUIÉN ES EL CURA QUE ESTÁ HUYENDO?

En la conferencia de prensa, José Leonardo anota que el 22 de marzo de 2019, entregó al cardenal de Venezuela, Baltazar Porras Cardozo, una denuncia por “Actos lascivos continuados. Administrador y absolución del pecado como autor (sic)”, en la que expuso que a la edad de 12 años conoció al sacerdote paulino Juan Huerta Ibarra, y que a la edad de 13 años “fui abusado reiteradamente por este cura en la casa de formación de los aspirantes de la congregación ‘Reina de los Apóstoles’”. 

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Además, el joven venezolano señala que el 26 de julio de 2019 también presentó denuncia ante la Fiscalía Superior del Estado de Mérida, y que esa instancia dictó una orden de investigación el 29 de julio de ese año.

Huerta Ibarra nació en 1954, en el estado de Jalisco. Fue ordenado sacerdote en la década de los ochenta. Desde entonces se integró a la Sociedad de los Paulinos y, en 2001, fue nombrado Superior y fundador de la Comunidad Reina de los Apóstoles.

Dicha comunidad fungía como casa de formación para los aspirantes a ingresar a la congregación en el estado venezolano de Mérida. Su nombramiento corrió a cargo del Superior de los Paulinos, Gabriele Celadin.

Entre el 3 y el 11 de agosto de 2019, el sacerdote Huerta Ibarra fue visto en México, y que se enteró que estaba designado como responsable de atender al público que asistió al pabellón de la ediciones Paulinas, en la XXI Feria del Libro Católico, celebrada en el atrio de la Basílica de Guadalupe.

“Ahí pudo comprobarse también que el sacerdote convivía con seminaristas. Pero de acuerdo con el Motu Proprio ‘Vosotros sois la luz del mundo, mientras un sacerdote está sometido a proceso de investigación canónica, no debe permitirse que tenga acercamiento con jóvenes”, subraya José Leonardo Araujo. 


 El acusado fue visto en la Basílica el año pasado. Foto: Eugenia Jiménez Cáliz.

 

“AQUEL TRISTE EPISODIO EN MI VIDA”

Menciona que en la actualidad padece de un trastorno de ansiedad, originado por “aquel triste episodio en mi vida”, y comenta que actualmente acude a terapias de psiquiatría, sexología e intervenciones terapéuticas comunitarias.

De acuerdo con la denuncia que presentó Araujo Areque en 2019 ante las autoridades de justicia de Venezuela, tras los abusos del sacerdote padeció una serie de afectaciones emocionales que lo han llevado a “una vida entristecida por estos hechos”.

“Siento vergüenza ante los demás. Siento asco conmigo. Me siento sucio, vulnerado. Incluso he evitado cualquier contacto sexual por la vergüenza que tengo. También he tenido dudas acerca de mi sexualidad 

Narra que, en octubre de 2017, comenzó a presentar una serie de malestares físicos y emocionales, como llanto, dolencias físicas, insomnio, ansiedad, las cuales le fueron diagnosticadas como un “estado depresivo mayor, con una pronunciada ideación suicida”.

José Leonardo reiteró su llamado a las autoridades eclesiásticas mexicanas para “poner al sacerdote Huerta a las órdenes de las instancias judiciales de Venezuela”, sobre todo porque “para mí es preocupante que este clérigo siga ejerciendo sus funciones, particularmente tratándose de niños. Sé de su modus operandi y puedo decir que existieron otras víctimas que están en el anonimato”.


@RivelinoRueda

 


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