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“Una operación que no era para mí, sino para el placer de una pareja masculina”

Ocho mujeres que representan 8 conceptos de lucha. Un coro de voces recias y diversas se dieron cita en un rincón de la montañas chiapanecas para buscar soluciones a las violencias que padecen todos los días.

Por Alejandra Crail
7 ene 2020

Gisella escapa a la definición tradicional de la sexualidad binaria. Fotos: Alejandra Crail.

En un campo de tierra amarilla rodeado de montañas se cruzan cientos de mujeres que luchan. Están las que cantan y las que danzan, las que hacen yoga, las que abrazan y se escuchan, las que limpian el alma con copal y salvia. Pero, ¿cómo es que tantas mujeres, de edades diversas, de colores varios y de geografías distintas terminaron reunidas en un mismo sitio, alejadas de todo y de todos –sí, así en masculino–? 

“¿Por qué?”, se preguntó la Comandanta Yesica el 29 de diciembre de 2019. “¿Cómo es posible que se tenga que venir hasta estas montañas del sureste mexicano?”. Por qué se viaja hasta este rincón desde Kurdistán o desde Sri Lanka o de Bangladesh o de la Argentina o del norte de México. ¿Por qué se toma un viaje tan largo para encontrarse aquí?

La respuesta está, quizá, en lo que dijo la Comandanta Amanda al inicio del Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan: “Sabemos que ya hay muy pocos lugares en el mundo en donde podamos estar contentas y seguras”. Pero también hay algo más profundo, dice la Comandanta: “El dolor y la rabia por la violencia que sufrimos las mujeres por el delito de que somos mujeres”. Y la rabia, dicen las zapatistas, la rabia que provoca la empatía con las luchas, es motor de cambio.

REBELDÍA. EYLEEB ATHZIRI



La última vez que Eyleeb Athziri estuvo en su país natal, Nicaragua, fue en agosto de 2018. Dejó su tierra y se exilió en México porque su vida corría peligro. El gobierno de Daniel Ortega la había amenazado y huyó para salvar su vida. 

Eyleeb fue una de las manifestantes reprimidas y amenazadas por la policía nicaragüense, ella y miles de personas se manifestaron en contra de las reformas al sistema de seguro social que perjudicarían a toda la población y eso le valió tener que dejar su país, su familia, sus estudios en ciencias políticas.

Es, dicho por ella misma, una mujer rebelde que jamás se ha cansado de buscar lo que más ha querido desde niña, su libertad. 

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“Tenemos más de 800 asesinados y asesinadas, más de 600 presos políticos, estudiantes, sobre todo. Yo salí por la represión, las personas del gobierno nos amenazaron, nos difamaron por redes sociales, nos intimidaron”. 

Dejó la universidad porque el gobierno la fichó; llegó a México el 30 de agosto de 2018. Su mensaje, entonces, va sobre rebeldía: “Ningún Estado va a poder terminar con las redes que construyamos nosotras, porque han sido mujeres las que principalmente nos hemos apoyado; ningún Estado va a poder callar eternamente nuestras voces”. 

LUCHA. ARACELI OSORIO



Cuando a Araceli se le pregunta qué es lo primero que le viene a la mente al pronunciar ciertas palabras es breve, pero concisa. Mujer es fuerza. Lucha es colectividad. Unión es pilar. Feminismo es esperanza. 

La única palabra a la que le cuesta trabajo encontrar una respuesta rápida es justicia. Mira al cielo, respira y se toma varios segundos antes de responder. “Justicia es un horizonte de posibilidad”, termina por decir.

Justicia es, entonces, la aspiración mínima que una mujer como ella, que representa a miles de madres a quienes les han asesinado una hija, tiene en un país como México, donde todos los días mueren asesinadas 9 mujeres a manos de un hombre. 

“Lesvy vive”, le corearon miles de mujeres una tarde antes, cuando tomó el micrófono para señalar al Estado, que dijo que su hija se había suicidado en Ciudad Universitaria, y que hoy le ha ofrecido disculpas y ha tenido que rectificar investigando el caso como lo que fue, feminicidio. La lucha apenas comienza.

DIGNIDAD. GISELLA VIERA



La primera vez que Gisella sintió rabia fue cuando a los 17 años, en el hospital, le diagnosticaron una malformación que, en realidad, no era una malformación, sino intersexualidad. 

“Somos cuerpos que no entramos en la definición de hombre ni de mujer porque nacemos con características sexuales que difieren del binarismo. Sentí mucha rabia de darme cuenta que me habían tratado de deforme”, cuenta.

Los doctores le sugirieron una operación para definir su cuerpo y asignarle un género a partir de ello. “Una operación que no era para mí, sino para el placer de una pareja masculina”

La rabia la llevó, entonces, a la dignidad, a defender quién es y a salirse de la visión heteropatriarcal que la había hecho sentir excluida de la sociedad. “Somos un producto hermoso de la naturaleza, su problema es que no cabemos en su empaque ni en sus etiquetas, pero ese es su problema, no el nuestro”. 

LIBERTAD. ANA



Ana tiene siete años y ama jugar al futbol, tanto como ama las montañas, dice. Se le dan todas las posiciones, pero la portería es su especialidad. 

Ana corre sin miedo, se planta fuerte en el campo de tierra, roba el balón con agilidad, ríe y abraza, festeja con su equipo recién creado. A Ana, que nació y creció en territorio zapatista, nunca nadie le ha dicho que no puede jugar al futbol. 

—¿El futbol es para mujeres?, se le pregunta.

—¡Pues sí! ¿Por qué no sería?, responde como si se le hubiera preguntado una obviedad.

AMOR PROPIO. KAREN ESPADA



Toda su vida la había pasado renegando de su obesidad, pensó, incluso, que se iba a morir así. Pero, hace unos años, su hija perdió la movilidad y terminó en una silla de ruedas. “¿Cómo le voy a enseñar a mi hija a amar un cuerpo que es diverso si yo no amo el mío?”, se cuestionó. 

Enfermera y fotógrafa, empezó un viaje para descubrir que en el mundo hay cuerpos diversos como el de ella y que todos son bellos, todos retratados por su lente y que hoy muestra en territorio zapatista. 

Su mensaje es: “Empezar a aceptarnos es la primera puerta para poner límites y evitar la violencia contra nosotras a nivel individual”. 

VIDA. IRINEA BUENDÍA



La mujer de esta foto es un roble. Es fuerte y se nota. Es sabia y no lo oculta, lo transmite en cada palabra. Para ella, quien ha luchado durante más de nueve años, luego de que un policía judicial asesinara a su hija, Mariana Lima, la justicia es la clave de todo, su lucha es por obtenerla, no sólo a nivel individual sino colectivo. “Justicia es lo que merecen nuestras hijas”. 

“Cabemos las mujeres y los hombres en este mundo, ¿por qué nos odian tanto? ¿qué les hemos hecho? Les hemos dado la vida y, desgraciadamente, ellos nos las han quitado. Tenemos que luchar porque no podemos seguir permitiendo que a nuestras nietas, que nuestras hijas, que a nuestras mujeres les sigan arrebatando la vida. No lo merecemos. Merecemos respeto y merecemos vivir, tenemos derecho a la vida”.

LA DEFENSA. ARELI Y LEYDI



Areli y Leydi tienen 19 y 16 años, crecieron en la sierra chiapaneca. Ambas llevan un año como milicianas para “defender a su pueblo” y estos días de diciembre están en el Semillero Huellas del Caminar de la Comandanta Ramona para cuidar a las miles de mujeres que se dieron cita en sus tierras.

Dicen no conocer la violencia por su género. En comunidad zapatista el término feminicidio no se usa porque no pasa y, dice Leydi, no pasará porque no lo van a permitir. Sí hay, dicen, casos de personas que han llegado a agredir mujeres, todos los agresores hombres, pero “es raro que pase”, dice Areli. Y se sanciona. 

Su mensaje es claro: “Las mujeres y los hombres somos iguales. Mismos derechos, mismas obligaciones, mismas oportunidades”. Para conseguirlo, sugiere Areli, “organizarse y defenderse entre ustedes”. 

RESISTENCIA. MARICELA MEJÍA



Vengo de la sierra de Querétaro y soy ñhañhú”, dice Maricela con su semblante serio, frío. Es de Santiago Mexquititlán y su lucha es por una vivienda digna

Este Encuentro es para ella el símbolo de la unión y sus consecuencias: “Estar aquí demuestra que juntas somos más fuertes”. 

Ella lo explica a partir del cambio que ha sentido tras cuatro días entre miles de mujeres diversas, llegó aquí sabiéndose vulnerable por ser indígena y mujer. Pero ahora se da cuenta de que no es la única: “Venimos aquí a mirarnos y a darnos cuenta de que somos muchas las que estamos madreadas”. 

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Cuatro días rodeada de diversas mujeres le han dado claridad: “Mi lucha es valiosa, pero sólo es una de muchas y hay que luchar por todas”. 

Sobre resistencia dice que se había preguntado por qué seguimos resistiendo y dice que este 29 de diciembre encontró la respuesta: “Resistimos por las jóvenes, por las que vienen, por las que ya no están y por las que están”. 

  

@AleCrail

 

 

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