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Racismo, xenofobia y migración: haitianos en Tláhuac

Migrantes haitianos que se han quedado sin techo y sin los recursos básicos, a raíz del cierre del albergue de la Comar, enfrentan racismo y discriminación en Tláhuac. —¿Han recibido insultos racistas? —Sí, pero no de todas las personas, sólo como de un 70%, contesta uno de ellos. Ellos sólo quieren llegar a Estados Unidos.

11 / 22 / 23

EMEEQUIS.– Omar García Harfuch protege la entrada de una improvisada casa de campaña cerca de la unidad habitacional Villas de los Trabajadores en Tláhuac. Aunque no es el exjefe de la policía de carne y hueso. Su rostro está en esa lona, una de tantas de las que tapizaron la ciudad antes del desplome de sus aspiraciones a la Jefatura de gobierno. Porque aunque los rituales de la política capitalina acaben, la realidad sigue avanzando descontrolada, sin piedad. 

Por ejemplo, para los migrantes haitianos que se han quedado sin techo y sin los recursos básicos a raíz del cierre del albergue de la Comar (Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados). 

Es una noche en la que un mototaxi que deja una estela de olor a gasolina cruza la avenida Heberto Castillo. Incluso a una velocidad razonable, se tarda un par de minutos en superar las cientos de tiendas en las que duermen los migrantes haitianos: están acomodadas sobre dos aceras extensas, divididas por dos carriles y un camellón. Al parar el vehículo, se oyen las palabras en creole que se mezclan con el canto de los grillos. 

Los policías están recargados en una patrulla. Indican qué migrante habla español: “El de allá, el de mostaza”. 

Es Dorvil Sillio, quien dice que ha lleva años viajando por Latinoamérica, sobre todo por Chile, y que ahora está en México. “Pasé por 11 países”. 

“Nosotros estamos aquí de paso (…) (vamos) hacia Estados Unidos”, menciona. De la frontera guatemalteca llegó a Tapachula y luego llegaron a Tláhuac. 

“(La gente) no nos trata bien”, dice al referirse a los vecinos. Abusan mucho de ellos los conductores de taxis, la gente que arrienda, “y también la policía; nosotros estamos aquí; no tenemos baño, no tenemos dónde bañarnos”. 

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Dice que las autoridades policíacas han impedido que se les venda comida. Los ambulantes pasan para ofrecer alimentos, y se genera un problema. Según su relato, los uniformados también les han desbaratado tiendas. 

—¿Han recibido insultos racistas? 

—Sí, pero no de todas las personas, sólo como de un 70%. 

“Pero en la sangre, somos lo mismo”, reflexiona. Es el trato cordial del mexicano que no aparece por ningún lado: es selectivo. 

***

Los policías vigilan algunos movimientos cerca de la unidad. Un taxista para y llama a uno de los chicos haitianos. No se entienden mucho, pero el migrante saca de un morralito un pequeño cigarro y se lo entrega al conductor. La venta de tabaco es uno de los negocios que sobrevive en los más adversos contextos. 

De alguna forma hay que ganar dinero. 

Los mexicanos, sobre todo los mototaxistas, se acercan a platicar con los chicos haitianos. Uno me cuenta que platica con quienes entienden el castellano. Son las 12 de la noche. Hace frío, pero no demasiado. La noche transcurre tranquila.

Esto contrasta con los insultos y reclamos que han subido los vecinos de la unidad a redes sociales. Quienes se han quejado de los desechos que dejan los haitianos. Un usuario advierte que se “pueden salir de control”. La usuaria @FabiAzzv advirtió el 7 de noviembre el ataque contra los migrantes, y sus servicios básicos, llegó a tal punto de querer privarlos del agua: “mis vecinos tomaron la decisión de cerrarnos en suministro de agua, para presionar a los migrantes #haitianos para que salgan de nuestra unidad, dejándonos sin agua.” 

El 4 de noviembre, @Nathnathie, una publicista, propuso una solución violenta contra los migrantes: “Necesitan que saquemos a palos y machetazos a los migrantes que dejaron en el bosque de tlahuac?”. 

La misma usuaria se quejó de que sus vecinos dejen usar los servicios básicos a los haitianos, los más elementales: “hola quiero hacer una denuncia dentro de la col. Villas de los trabajadores, Tláhuac, tenemos un serio problema están llegando más migrantes cada dia y una TINTORERIA está dejándolos bañar, entrar a su baño en local que está dentro de la unidad afectando”

El desprecio a los migrantes, y la poca empatía con sus necesidades, parece un prejuicio universal que se extiende desde Europa, América y Asia. Es, por así decirlo, el rechazo al otro: no reconocer su nombre, su voz, su dignidad. 

***

Ricot Milius es un chico que cuenta cómo ha pasado los días en Tláhuac: “Yo tengo casi ocho meses aquí en México, tengo tres meses afuera y cinco meses en el Reclusorio Sur” por una riña con otro haitiano. Dice que en el tiempo en el que se fue, no ha podido recuperar las cosas que dejó dentro del refugio. “El mismo día que me arrestaron, me quitaron mi pasaporte, mi celular”. 

Milius escucha lo que le dice otro de sus compañeros, quien se queja de que no hay baño: “No se puede bañar, no puede hacer nada”. 

Se oye rap en creole y se llevan sus celulares al oído para hablar con alguien, ¿familia, amigos, conocidos? 

Si se recorren las tiendas, se pueden ver lonas de políticos por todos lados. Sobre todo de Morena, “La esperanza de México”. También hay chanclas y platos de unicel afuera de las tiendas. Son aspectos comunes en varias colonias de la capital, pero que parecen ser juzgadas con mayor severidad si son parte del caos de la crisis humanitaria de haitianos en la capital.   

Martineau es otro chico que quiere comunicarse, pero no habla español. Saca su celular y gracias a un traductor, expresa en creole y luego en español: “Me gustaría entrar en una casa, pero no tengo dinero”. 

Tiene la misma queja que sus compañeros: sin agua, sin baño y sin los servicios básicos. Pide que guarden su número para seguirlo durante su viaje. La intención de él y los otros, es dejar México para llegar a Estados Unidos. Que esto sea sólo una parte de un largo camino hacia un sueño que se niega a desaparecer. 

***

Claudia Sheinbaum le dejó a Martí Batres las formas, los modos, para enfrentar las crisis públicas: a través de una conferencia de prensa. El jefe de Gobierno dijo el 7 de noviembre que se buscaría establecer un diálogo con las autoridades federales para buscar un nuevo refugio para los haitianos. 

La justificación para cerrar el refugio, que estaba a punto de desbordarse meses atrás, fue que la Comar tiene una tarea “que no está vinculada a la totalidad de quienes ocupan los albergues donde llegan los migrantes”. Esto lo dijo el 14 de noviembre. 

Mientras tanto, sobre la avenida Heberto Castillo, pegado a lo que fue el refugio, hay varias leyendas contundentes sobre lonas, colocadas por el gobierno de México. “A LA COMUNIDAD MIGRANTE: COMAR EN TLÁHUAC CIERRA DEFINITIVAMENTE”. Con todo y su lema de ser una “ciudad libre y de derechos”, no hubo la molestia para traducir este mensaje al creole, ¿por qué tendrían que hacerlo? ¿Qué deber tienen las autoridades de izquierda con el futuro de cientos de personas que pasan frío en las calles de Tláhuac? Sólo uno humanitario frente a la salud y la dignidad de personas que viven en la calle y a merced del odio de los vecinos, de su racismo. 

Así continúa otra noche en el campamento. Otra política de Morena acompaña esas casas improvisadas: Ángeles Huerta, de Morena, estirada para proteger a los viajeros del frío y dar un poco de privacidad. 

Suenan los motores de un último mototaxi que se va, que cruza a toda velocidad hacia la avenida Tláhuac. Se aleja de un campo de migrantes, en una situación que no parece vaya a mejorar. 

@Ciudadelblues 

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