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Opinión 51. El consejo del “Chapo” Guzmán

“¿Qué se siente estar frente al narcotraficante y delincuente más buscado del mundo?”, le preguntaban con frecuencia. Mónica Ramírez Cano, columnista de Opinión 51, cuenta su experiencia al crear el perfil psicológico del “Chapo” Guzmán y la enseñanza que le dejó.

Por Emequis
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EMEEQUIS.– Mónica Ramírez Cano empieza su columna hablando de su estancia en Lisboa, Portugal. Ella fue convocada como investigadora invitada al Instituto Superior de Policía Judiciaria y Ciencias Criminales de Portugal. “La semana había estado muy complicada, habíamos trabajado intensamente en un par de casos criminales de alto perfil y mi cabeza necesitaba un descanso, necesitaba un espacio para confirmar mi decisión de lanzarme al mundo de la criminología con todo lo que ello implicaba o hacer un alto”.

Para la perfiladora criminológica, quien además desarrolló la Metodología Inductiva de Investigación Aplicada de perfilación “MIIA”, en esos momentos se encontraba practicando lo que los años le han llevado a confirmar “en lo que se refiere a mi profesión, de toda experiencia vivida obtenemos aprendizajes diversos y la clave está en identificar cuál o cuáles son estos en determinados momentos”.

Para ella, así ha ocurrido con cada una de las personas privadas de la libertad con las que ha trabajado. Su objetivo ha sido detectar “las raíces de la violencia en la que han incurrido y estructurar programas de prevención del delito”.

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Un sábado por la tarde fue cuando llamaron para crear un perfil que llama la atención. Se trataba de una propuesta definitiva y no negociable, su labor era perfilar criminológicamente a Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo Guzmán”, quien había sido aprehendido por segunda vez, después de fugarse del Penal del Altiplano.

Ramírez Cano menciona que, respecto al “Chapo” Guzmán, continuamente le preguntan: “¿Qué se siente estar frente al narcotraficante y delincuente más buscado del mundo?”. Ella recuerda que, sin importar quien sea la persona de la que debe crear el perfil criminal, “a mí me toca conocer el lado humano de estos personajes a quienes la sociedad ve como monstruos”. De ellos también hay lecciones que aprender, sostienen la investigadora

De acuerdo con Ramírez Cano, “El Chapo” ya quería retirarse; estar en la cárcel en esos momentos, representaba un descanso. Ya se encontraba “cansado de correr y esconderse”.

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En la prisión mexicana, se le permitió lo estipulado por la ley: visitas de sus familiares y abogados (siempre y cuando estuvieran anotados en el kárdex), pasar el tiempo permitido al aire libre, tener atención médica y psicológica, alimentos, actividades recreativas como la lectura; punto en el que la columnista resalta que “El Chapo” es un ávido lector de poesía e historia; etc.

“El Chapo” le comentó que “se había escapado (del Penal del Altiplano) porque no quería que le extraditaran”. Foto: Especial. 

Dentro de su columna, la experta en violencia serial, menciona que ella no contaba con los capos de la vieja escuela “esos que respetan y creen en la palabra, en los acuerdos, en el respeto de las familias, y otras cosas que han venido a sustituir por intimidación y violencia los narcotraficantes actuales, (los antiguos capos) son personas que tienden a hacer caso a los medios de comunicación para saber si las fuerzas del orden están cerca o qué se está diciendo de ellas y ellos, y confían ciegamente en sus abogados, en su gente”. 

En una ocasión, dentro de un plática informal, mientras “El Chapo” comía un poco de arroz, le comentó que “se había escapado (del Penal del Altiplano) porque no quería que le extraditaran”. La autora preguntó si sus abogados eran conscientes de los delitos que era acusado en el país vecino “y mientras conversábamos sobre el modo de operar de las fuerzas del orden norteamericanas, me aseguró que no permitiría su extradición”.

Los hechos demostraron lo contrario, y para Ramírez Cano, la lección fue aprendida “los seres humanos con frecuencia, tomamos decisiones por las razones equivocadas”. Ella admite que no necesitó que un narcotraficante se lo enseñara pero que “ver su decisión reflejada en hechos tan determinantes para la vida del ‘Chapo’ Guzmán, reforzó el aprendizaje”.

Ramírez Cano también recapitula cuando Guzmán Loera le contó sobre la primera vez que había ganado dinero: “Me platicó que ayudaba a su abuela Pomposa y a su madre a vender en los pueblos cercanos a Badiraguato el pan que horneaban. Había un árbol de naranjas detrás de su casa y cortaba algunas que también llevaba para vender”.

“El Chapo” le contó sobre su pobreza, que “había veces que pasábamos meses a puro atole y pan que horneaban mi abuela y mi madre”. La autoras recuerda que “Joaquín llenaba dos morrales, uno con pan y el otro con naranjas, y los cargaba en un burrito que se llevaba para la tarea”. “El Chapo” no recuerda el nombre de su burro, pero sí que le hizo batallar y que lo acompañó en las buenas y en las malas.

Para la columnista, la difícil infancia del “Chapo”, lo llevó a comprender qué era lo que no deseaba “no permitiría que sus hijas e hijos pasaran por lo mismo, así que se dedicó a hacer lo que los años le enseñaron: a vender y a negociar, pero por la vía de la ilegalidad. Y ha pagado un precio muy elevado”.

Mónica Ramírez Cano, también recapitula que el día de su cumpleaños tuvo sesión con “El Chapo”. Debido a sus actividades, no celebraría, contrario a la recomendación del capo. A lo que el detenido se disculpó y le mencionó: “Va a decir que no me cree, pero usted me dijo que no deberíamos de dejar pasar los momentos importantes”.

El capo le recomendó aprender de su experiencia. No valía la pena perder todos esos momentos importantes, como los que él había perdido con sus familiares, ni siquiera el trabajo. “Al final, los hechos son los que nos recomiendan, pero esos momentos no volverán jamás”, le comentó “El Chapo”.

A Ramírez Cano, la tristeza la invadió, “porque lo que él me estaba diciendo, tal como me lo había dicho mi abuelo alguna vez y de la misma manera que me lo decían mis padres y algunos amigos; era algo tan acertado”.

La autora reconoce que en esa etapa de su vida trabajaba como si no existiera un mañana. “no tiene que venir ningún delincuente a descubrir el hilo negro por nosotros”.

La también autora de Las Puertas del Infierno explica el propósito de su texto y menciona “los humanos podemos tener tantos factores en común y eso nos hace ser parte de la misma especie, pero hay otros que nos diferencian y son las decisiones, las elecciones, sobre cómo vivir y cómo afrontar los acontecimientos de la vida”.

“Para ‘El Chapo Guzmán’ no hay marcha atrás, pero existimos otros tantos para quienes sí que la hay. Cometer un delito puede ser simplemente una equivocación, un error, o una elección de vida como la que yo tomé al decantarme por la criminología, como la que hizo Joaquín Guzmán al decidir convertirse en el narcotraficante que fue”.

La columnista considera que la diferencia consiste en “identificar la oportunidad de hacer las cosas de manera diferente y aprovecharla, para no acabar aislados en el dormitorio de una prisión o dentro de nuestro propio hogar, al interior de nuestras familias, de nuestra sociedad”. 

Y cierra su columna recordando que “lo de ‘vivir el aquí y el ahora’ conlleva también una gran tarea, que es vivirlo, pero con responsabilidad.

*Mónica Ramírez Cano es psicóloga, criminóloga y perfiladora criminológica.

@emeequis

@MonRamirezCano

@Opinion_51

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