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El papá de Andrés Roemer reveló en libro sus encuentros sexuales

Expertos en conducta analizan líneas de Óscar Roemer en su autobiografía y su influencia en Andrés: “Hay frases que permiten sustentar que fue una persona con tintes muy tradicionales, con gestos machistas y misóginos”.

Por Alejandra Crail
27 jun 2021

Andrés Roemer y la misoginia que heredó de su padre.
Andrés Roemer y la influencia de su padre plasmada en un libro. Fotos: Especial.

EMEEQUIS.– Óscar Roemer es un arquitecto de origen vienés que llegó a México cuando niño, tras huir junto con su familia del nazismo. Amante de las artes, del tango y del ajedrez, dejó escrito en sus memorias que su segundo hijo, de nombre Andrés, había heredado de él varias de sus mejores características genéticas: pasión, tenacidad, inteligencia y, entre todo ello, su “amor” a la mujer.

En aquel libro autobiográfico, Elegí el barco (Editorial Libros de México), que presentó a finales de 2015 en la Galería Pedro Gerson del Centro Deportivo Israelita, el padre del hombre que hoy tiene dos órdenes de aprehensión por el delito de violación y más de 60 señalamientos por violencia sexual, detalló, a modo de telegrama, cada fragmento que consideró relevante de su vida. 

Primero, cuando el pintor Diego Rivera recibió a su familia en el puerto de Veracruz. Luego, las visitas al rancho en Michoacán del presidente Lázaro Cárdenas. Después, sus matrimonios, el nacimiento de sus hijos y su trabajo arquitectónico. En medio de todo ello, su “amor” hacia las mujeres. 



En ese último punto, está, por ejemplo, aquella anécdota de 1969, cuando cuenta que la tienda de su madre Antílopes y Modas Irma, enclavada en la Zona Rosa, era uno de sus “centros de información para conocer elementos turísticos femeninos”. Hasta el negocio materno, llegaban –en sus palabras– “buenas gringas”.  

Pero también aquella de 2005, cuando en un cine de Polanco miró fijamente a una comensal, rubia, de bucles, “abultados senos y desnudas piernas”. Sostuvo la mirada incluso cuando la joven le recriminó: “Viejo rabo verde, ¿qué me ve?”. Pese al señalamiento, Óscar Roemer, escribió: “no contesté, no dejé de mirar”.

En las páginas de su autobiografía, O. Roemer no escatimó espacio en narrar las historias de sus encuentros sexuales con mujeres, de sus infidelidades y en exhibir públicamente a su primera esposa


Andrés y Óscar Roemer durante la presentación del libro. Foto: Diario Judío.


SEDUCIR, CORTEJAR, AGREDIR

A partir de los hallazgos en la autobiografía del padre de Andrés Roemer, EMEEQUIS dialogó con especialistas en sexualidad y masculinidades para delinear la relevancia del legado familiar en el caso del exembajador de México ante la Unesco y, sobre todo, lo arraigado que está el machismo en la cultura mexicana. 

El Dr. David Barrios, psicoterapeuta y sexólogo, explica que la narración de O. Roemer y la historia más reciente de su hijo muestran claramente cómo las viejas generaciones solían aprender sobre sexualidad, siempre de manera informal, a partir de modelos comportamentales de padres, tíos, abuelos, etc, que mostraban cómo eran “naturalmente” hombres y mujeres. 


Las viejas generaciones aprendían de sexualidad al ver el comportamiento de padres y abuelos, dice el doctor Barrios. Foto: Alejandra Crail.


“Uno de los principales elementos es la consigna machista que dice que los hombres podemos hacer uso de las mujeres, que debemos seducir, cortejar y, en dado caso, agredir sexualmente a quien podamos. La violencia de género se enseñaba con mayor frecuencia como una parte natural del hecho de ser hombre”, detalla.

En esta línea, Mauro Vargas, director general de la organización Género y Desarrollo, A.C. (GENDES), dice que, lejos de que el registro personal de la vida del padre de Andrés Roemer coadyuve a patologizar su comportamiento, revela la capacidad de toma de decisiones de ambos, en medio de un sistema patriarcal: el uso del histórico privilegio masculino para dominar a las mujeres a su alrededor.


Mauro Vargas no justifica que Roemer haya ejercido violencia por su entorno familiar. Foto: Especial.


“Aún con nuestros contextos, siempre tenemos la capacidad de discernir y tomar decisiones distintas. El haber crecido en un contexto familiar complejo y en medio de un sistema patriarcal no justifica haber decidido ejercer violencias”, recalca Vargas. 

Así, las historias del libro que surgió a partir de una convocatoria de la escritora Rosa Nissán para personas que quisieran escribir sus memorias, muestra a un Óscar Roemer protagónico, que hacía y deshacía a placer, dejando secuelas emocionales en las mujeres a su paso –que él mismo describe. 

Su verdad, su forma de mirar, pensar e interpretar sus propias vivencias confronta al lector contemporáneo con acciones machistas que antes eran vistas como normales y que, a decir del Dr. Barrios, hoy podrían ser descritas como cínicas.

LOS HOMBRES QUE NO AMAN A LAS MUJERES

La expresión “amar a las mujeres”, explica el Dr. David Barrios, presidente del Instituto de Profesionalización y Educación en Sexología Integral, es un eufemismo que debería traducirse como “amo a las mujeres porque tengo la facultad de hacer con ellas lo que me plazca”. 

Es, a decir del especialista, el síndrome de Pedro Infante, enmarcado en la lírica machista popular que señala “todas me gustan, todas son para mí, las seduzco, las enamoro, tengo relaciones sexuales y las desecho; entonces, soy más hombre”. 

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Vargas, psicoterapeuta especializado en masculinidades, resalta que en varios momentos de la narrativa “hay frases que permiten sustentar que fue una persona con tintes muy tradicionales, con gestos machistas y misóginos”.  

De una de sus amantes, Óscar Roemer cuenta que, después de haber tenido relaciones sexuales, la joven le dijo: “no he sentido nada”. Humillado, herido, decidió matarla. “Acaricié su nuca y con mis dos manos apreté fuerte. Despertó. Empecé a oprimir. Tosía, Ojos desorbitados. No respiraba bien. Yo seguía y su color cambiaba. Repentinamente la solté. Me miró, sonrió, lloró y nos fuimos”.

Describió con nombre y apellido los juegos sexuales que tuvo en la infancia, en la adolescencia y en su adultez. “19 años, senos generosos, Jana X, mi primer amor intenso. Piel tersa, erección constante”. “Conocí a Sherry tres meses después de la muerte de David (su hijo) … Sexo. Sexo. Sexo. Amistad tranquila”. 

Menciona a su primera esposa, Fanny Slomianski, hasta 61 ocasiones a lo largo de su relato, en todas ellas la pone en situaciones de alta vulnerabilidad.  

Describe cómo la engañó con su concuña, esposa del hermano de Fanny, y con una actriz; que no llegó al nacimiento de su primer hijo varón, Andrés, y una serie de problemas familiares a lo largo de su matrimonio. La muestra como una mujer histérica, malhumorada, celosa hasta de su propia hija, manipuladora y chantajista. 





El libro y algunos extractos.


Relatos que a decir del sexólogo, Dr. Barrios, muestran la normalización de la violencia machista y de la poligamia como una forma de exaltar el machismo. 

“Hay tintes misóginos. En el último relato de su vida hace gala de sus conquistas mientras exhibe socialmente a su ex esposa, colocándola como ‘loca’ –un señalamiento machista común que suele desestimar los sentimientos de las mujeres– cuando está francamente alterada emocionalmente a causa de sus acciones”.

Se refiere al suceso de 1965, que precedió a la separación del matrimonio. En una comida con varios arquitectos, su entonces esposa interrumpió la conversación para mostrarles un periódico en el que se informaba sobre la relación extramarital que Óscar Roemer mantenía con una actriz. 

Según la narración del autor, su pareja se desnudó frente a los invitados y les dijo: “soy atractiva, sensual, erótica. ¿Por qué se va con otra? ¿Por qué?”.

Pero no fue el único relato en el que expone a su expareja. En el capítulo “2005 Garabatos”, recoge una vivencia de uno de sus conocidos, quien coincidió en una cafetería de Masaryk con la madre de Andrés.  

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“Fanny había sacado su espejo tres veces, se repintaba, arreglaba su pelo, veía su dentadura y ajustaba la escotada blusa que tenía debajo de su chamarra. Su pelo pintado de amarillo huevo, tenía rayos de amarillo canario. Un delgado árbol de navidad”.  

Tras la descripción física de la mujer, presume que llora porque desde su punto de vista ella sigue enamorada de él. Así, termina por declarar: “Debo decirlo: lo que toco, lleva mi huella”.


En Youtube Andrés Roemer intentó explicar los agravios contra mujeres. Foto: Especial.


EL IMPACTO EN ANDRÉS

El registro autobiográfico no alcanza para determinar el impacto que el legado de Óscar Roemer pudo haber tenido en la vida de Andrés, puntualizan los especialistas. Sin embargo, sí es posible detectar similitudes entre las personalidades de padre e hijo. 

La influencia de nuestros padres es fundamental, nos puede orillar a imitarlos o a rechazarlos –detalla Vargas– y ésta, a su vez, deja huella en los hijos, sin necesidad de tener presencia física constante. 

“Con el poco contacto puede haber una transmisión de los códigos de conducta machista que se suman al que nos ofrece el resto de nuestro contexto social, que se traduce en nuestras conductas y comportamientos”. 

El Dr. Barrios habla del cóctel malévolo de machismo, misoginia y una personalidad narcisista que es posible detectar en ambos casos. “No solamente es presumir la hombría, sino hacer gala de que las mujeres se someten y que soy el eje de su atención”.

Este combo supone una presunta superioridad masculina respecto a las mujeres, se demuestra en cualquier espacio –independiente del estatus social del hombre– para afianzar continuamente que está por encima del resto, explica.

Desde su punto de vista, hay una herencia natural de padre a hijo: Óscar “amaba” a las mujeres y Andrés se empecinó en “amar” a las mujeres. 

Óscar Roemer falleció meses después de la publicación de su legado. En febrero de 2016, la escritora Elena Poniatowska –quien conoció al arquitecto en su infancia– escribió, como parte de un homenaje póstumo publicado en La Jornada: “Su libro me encantó, pero lo que más me sorprendió fue su vida sexual, sus matrimonios sucesivos con mujeres que se van furiosas de enojadas y siempre regresan a su cama y la absoluta libertad con la que cuenta sus amores y sus acostones. ¡Cuánto desenfado! ¿Óscar Roemer hizo todo esto?”.

Actualmente, Andrés Roemer se encuentra fuera de México. Su último paradero conocido es Israel. Tiene dos órdenes de aprehensión por el delito de violación y más de 60 señalamientos por violencia sexual, el reporte más reciente es el acoso que habría ejercido contra una joven de origen mexicano en el país donde se refugia. 

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Un análisis de las acusaciones públicas recopiladas por la colectiva Periodistas Unidas Mexicanas (PUM) muestra 4 casos de violación, 8 de acoso y 23 de abuso sexual. A partir de una revisión de estas denuncias, EMEEQUIS detectó que 24 de estas conductas ocurrieron en su casa-oficina ubicada en la Plaza Río de Janeiro, colonia Roma. 

La Fiscalía de Justicia de la Ciudad de México ha insistido que trabaja en la solicitud de extradición del exembajador que viajó a Francia con su piano en 2016. 

 

@AleCrail 



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