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El Grito y sus manteles: AMLO aplica austeridad nivel Peña Nieto

López Obrador ha gastado en sus “verbenas” tanto como Peña Nieto en sus galas tras la ceremonia. En los últimos sexenios, la conmemoración ha sido un ardid para la autocomplacencia del poder y frases de las modas políticas del momento.

Por Esteban David Rodríguez
15 sep 2021

El Grito
El Grito de Enrique Peña Nieto (2014) y el de AMLO (2020). Fotos: Cuartoscuro.com.

EMEEQUIS.– Aunque el presidente Andrés Manuel López Obrador ha impreso a sus cenas de la noche del “Grito” un sello de verbena, ha gastado en promedio una cifra muy aproximada a la que erogó el presidente Enrique Peña Nieto en su “galas mexicanas” de 2013 y 2014 para agasajar a sus invitados: entre 13 y 18 millones de pesos.

Pero, de un año a otro, la tradición de la recepción nocturna fue cancelada. El 15 de septiembre de 2015, después de la ceremonia del “Grito”, el entonces presidente Peña Nieto entregó la bandera a los cadetes del Heróico Colegio Militar, se retiró a la que fuera residencia oficial de Los Pinos, y las luces de los suntuosos salones de Palacio Nacional por primera vez se apagaron en un noche como esa.

Habían quedado atrás las exquisitas cenas ofrecidas al cuerpo diplomático y a políticos y funcionarios encumbrados.

No hubo mesas ni manteles largos, los selectos menús elegidos por maestros gourmet quedaron en el recuerdo, la cristalería y la vajilla se quedó encajonada. El oro añejo del tequila, los caballitos rebosantes del granate de la sangrita, el púrpura del borgoña para los menos atrabancados, quedaron en el recuerdo. Y, desde luego, los mariachis callaron. 

Las críticas por el derroche que el gobierno ejercía en sólo una sentada nocturna, se habían multiplicado. Era un despliegue ominoso de la esfera del poder en un país con amplias franjas de la población sumergidas en la oscura noche de la pobreza.

Peña Nieto dispuso entonces que a partir de ese año la cena quedaba cancelada, la celebración se circunscribiría a la ceremonia conmemorativa. Justificó la medida con una palabra que en el sexenio siguiente terminaría por no significar nada debido al insistente abuso del vocablo: “Austeridad”. Así fue hasta el final de su mandato.

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En 2018 llegó a la presidencia López Obrador e inauguró una era bajo el signo de esa palabra. En septiembre de 2019, cuando llegó la noche de su primer Grito, todos los males parecían haber caído sobre México: el país empobrecía aceleradamente debido al cierre económico al que había obligado la pandemia de Covid-19, los contagios iban al alza, las conglomeraciones estaban prohibidas.

En junio de ese año, a siete meses de iniciada la actual administración, el mandatario dijo: “No engañamos a nadie y todo lo que dijimos lo estamos haciendo. Pensaron que nos íbamos a fascinar y a regodear en el poder, que nos iba a envolver la parafernalia del poder; pues no, no podemos traicionar al pueblo”.


 Se restringió el paso en el Zócalo ante los preparativos de las fiestas patrias 2021. Foto: Andrea Murcia / Cuartoscuro.com.


GRITO DE AMLO: AUSTERIDAD NIVEL PEÑA NIETO

De acuerdo con datos de transparencia, el presidente López Obrador gastó en su primera noche de Grito, en 2019, 13.5 millones de pesos.
 
El presidente optó por una “verbena”, vocablo que tradicionalmente alude a una “fiesta popular” que se celebra al aire libre y en la noche, con frecuencia en noches veraniegas. Sólo que en este caso, la pachanga transcurrió en uno de los patios de Palacio Nacional, no en los salones.

El gasto se dividió en dos partes. El display para la “noche mexicana” con la cena para los invitados costó 4 millones, y los escenarios e iluminación 9.5 millones de pesos.

Para 2020, AMLO erogó 14 millones 617 mil pesos en la misma celebración. En ambos casos, la proveedora fue Yasmín Adriana Bolaños López. 

La noche del 15 de septiembre de 2013, Enrique Peña Nieto gastó 17 millones 422 mil 783 pesos con 4 centavos, más IVA. El concepto: “Servicio integral para la organización del evento Conmemoración del Grito de Independencia de México”. El presidente Enrique Peña Nieto asignó ese contrato (AD-062-056-13) a la empresa Actidea S.A. de C.V., una de las consentidas del sexenio.

En 2014, la celebración peñista alcanzó 18 millones 996 mil pesos, bajo concepto semejante.

Las noches mexicanas del expresidente Felipe Calderón salían más baratas. Contrató a Landucci S.A. de C.V. en sus dos últimas ceremonias (2011, 2012), y esta empresa le cobró 12 millones 65 mil pesos y 13 millones 790 mil pesos –más IVA– respectivamente. 


Andrés Manuel López Obrador y Beatriz Gutiérrez Müller en la ceremonia del grito del año pasado. Foto: Presidencia. 


SLOGANS PARA LA HISTORIA

Acaso con el afán de inscribir en las páginas de la historia los lemas de sus propias administraciones y dotar a estas de un toque broncíneo que con frecuencia no alcanzaban en los hechos, muchos de los presidentes han introducido entre viva y viva y entre héroe y héroe, sus propios slogans o temas de gobierno.

López Obrador no ha sido la excepción y en la ceremonia de 2019 introdujo una frase dedicada acorde con el matiz de folclor indigenista que ha querido imprimir en algunas de sus áreas de gestión. “¡Vivan los pueblos indígenas!”, dijo. Y también: “¡Viva la grandeza cultural de México!”.  

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También dedicó una exclamación a la paz mundial: “¡Viva la fraternidad universal!”.

En 2020, AMLO dotó a su clamor un ingrediente de amor cristiano y de apelación al destino. Dijo: “¡Viva el amor al prójimo!”, y “¡Viva la esperanza en el porvenir”. 

Otros presidentes han hecho cosas semejantes, aunque menos alejadas de la laicidad exigida por el Estado Mexicano en la Constitución.

En plena Segunda Guerra Mundial, la noche del 15 de septiembre de 1942, Manuel Ávila Camacho exclamó: “¡Viva la libertad humana!”.

Entre los vivas a Hidalgo, Morelos, Allende, etcétera, Lázaro Cárdenas agregó en una de las noches de grito: “¡Viva la revolución social!”. Es decir, su programa de gobierno.

En 1968, el movimiento estudiantil celebró su propio grito de independencia en Ciudad Universitaria, apenas dos semanas antes de las masacre del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas. 

Al año siguiente, el presidente Gustavo Díaz Ordaz exclamó las noche del 15 de septiembre, desde el balcón de Palacio Nacional, entre vivas a los héroes: “¡Viva la concordia entre los mexicanos!”.

Luis Echeverría, que había sido el de mayor locuacidad hasta ahora, dijo en una de sus noches de 15 de septiembre: “¡Vivan los países del Tercer Mundo!”. Echeverría, que tenía ambiciones intelectuales, había lanzado una “Carta de derechos y deberes de los estados” que presentó a la Organización de Naciones Unidas (ONU), en la que demandaba solidaridad de los estados ricos con los pobres.

José López Portillo, en su oportunidad, se lanzó la puntada de dar vivas a “la autodeterminación de los pueblos”, metida entre doña Josefa Ortiz de Domínguez y el Pípila.

Ernesto Zedillo lanzó su “¡Viva nuestra democracia!”, convencido como estaba de que su presidencia pasaría a la historia por la alternancia de partido en la presidencia, y no por la matanza de Acteal. 

Ya en los dosmiles, Vicente Fox repitió las vivas a la democracia y agregó: “¡Vivan nuestras instituciones!”. Y también exclamó: “¡Vivan los acuerdos para un México mejor!”, en alusión a sus gestiones en el Congreso.

Por suerte, Peña Nieto no lanzó vivas a sus reformas estructurales.

 

 @estedavid



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