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EDITORIAL: Última oportunidad, mexicanos

La lentitud del gobierno federal en la implementación de acciones económicas para paliar la crisis del COVID-19 ha hecho emerger liderazgos: López-Gatell, Ebrard y ciertos gobernadores lucen más sensibles a la emergencia sanitaria. Urge que la 4T ofrezca incentivos para que todos puedan cumplir con el #QuédateEnCasa.

Por Redacción EMEEQUIS
1 abr 2020

coronavirus
Ciudadanos capitalinos continuaban con sus actividades portando cubrebocas hace unos días. Foto: Moisés Pablo / Cuartoscuro.com

Mientras el presidente Andrés Manuel López Obrador viaja en vuelos comerciales y saluda de mano cuando sale de gira, a los ciudadanos se les pide quedarse en casa y alejarse de los suyos. La inequidad de estos hechos envía un doble discurso a la sociedad. ¿Por qué los mexicanos tendrían que hacer caso al distanciamiento social cuando el jefe del Ejecutivo no pone el ejemplo?

Así, la campaña “Susana Distancia”, promovida por la Secretaría de Salud, entra en colisión con las raquíticas medidas económicas para proteger el patrimonio de las familias mexicanas, que ya resienten el principio de una crisis de profundidades incalculables. Muchos países –Estados Unidos, Chile, Perú, Brasil, Argentina, Colombia, entre otros– han dado a conocer paquetes económicos millonarios y/o incentivos fiscales para apoyar a las empresas que generan empleos. México sólo ha anunciado un tímido fondo de 25 mil millones de pesos para pequeños comerciantes.

Organismos financieros, bancos y calificadoras pronostican un retroceso para 2020. La firma más pesimista, JP Morgan, prevé una contracción económica de 7%, al tiempo que el petróleo, uno de los tres principales ingresos del país, se desplomaba a 10.37 dólares el barril a inicios de semana, su peor piso desde marzo de 1999. Hoy vale cuatro veces más su equivalente en agua embotellada. Varios analistas han señalado que la recesión será peor que la de 2009 y más profunda que la de 1995. Antes del COVID-19 las previsiones no eran halagüeñas: en enero el Banco Mundial preveía para México un crecimiento de 1.2% para este año.

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Uno de los sectores más afectados será la economía informal, que produce 22 de cada 100 pesos del Producto Interno Bruto (PIB). ¿Cómo van a permanecer en casa 31 millones de personas que no están afiliadas al Seguro Social? Taqueros, meseras, taxistas y vendedores ambulantes no pueden darse el privilegio de dejar de salir a las calles. Si hoy no trabajan, mañana no comen.

La economía formal también está resintiendo el coletazo del coronavirus. Los dueños de restaurantes, bares, estéticas y tiendas de ropa ya hurgan al fondo de las cajas registradoras para pagar las nóminas, mientras que las medidas gubernamentales lucen tímidas, por decir lo menos. La Cámara Nacional de la Industria de Transformación (Canacintra) informó que 4 millones de empresas están en riesgo por la pandemia.

Antes de que el gobierno federal lo pidiera, empresas y grandes corporativos tomaron la decisión de implementar el “Home Office”. Tomaron la delantera en tratar de minimizar el contagio.

VAMOS PEOR QUE ESPAÑA Y SEGUIMOS SALUDANDO

En tanto, la curva de contagio alza la cresta de manera amenazante. ¿Llegaremos a los niveles de Italia, España, Alemania y Francia? La pregunta salta de la mente de los mexicanos a los chats, brinca a las redes sociales y se instala en los medios de comunicación. Los países europeos que más están resintiendo los estragos llevan un mes más que nosotros conviviendo con el COVID-19, aunque su experiencia debería servirnos para disminuir la propagación.

En España, por ejemplo, el primer caso se presentó el 31 de enero. Un mes después sumaban 114 ciudadanos contagiados. Para el 31 de marzo rebasaban los 94 mil. En México, el primer positivo se confirmó el 28 de febrero. El 28 de marzo registramos 848 infectados y para el cierre de mes ya habíamos superado los mil casos (1,215), diez veces más que los españoles hace un mes. ¿Cuántos tendremos a finales de abril?

La experiencia de España muestra que el ritmo de contagio se aceleró después de los mil positivos, pero la velocidad del coronavirus no parece ir en sintonía con las acciones del gobierno mexicano, principalmente con las medidas que incentiven que los ciudadanos permanezcan en casa. Tampoco se observan calles vacías en sitios con intensa actividad comercial, como el centro de la Ciudad de México. Los barrios de clase media y media alta, en cambio, lucen con mucha menos gente transitando. El gobierno de la CDMX dijo recientemente que el tránsito de automóviles ha bajado 40% desde que se endurecieron las medidas por el COVID-19. La cantidad de personas que viajan en Metro y otros transportes públicos también ha disminuido en una proporción similar.

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Frente a este panorama resulta entendible la indignación cuando el presidente de México saluda de mano a la mamá de Joaquín El Chapo Guzmán, quien fuera considerado el narcotraficante más peligroso del planeta. Pero más allá de que AMLO no sigue las recomendaciones de “Susana Distancia”, el enojo ciudadano aumenta cuando el jefe del Ejecutivo muestra deferencia al familiar de un capo que ha sido el origen de muchísimas muertes en el país. El propio López Obrador ha acusado al Chapo de corromper a sus antecesores, sobre todo a partir de la captura del exsuperpolicía Genaro García Luna, hoy preso, al igual que Guzmán, en Estados Unidos. El gesto con la mujer de 92 años ocurrió en Badiraguato, Sinaloa, a sólo unos meses del fallido operativo para capturar a Ovidio Guzmán, hijo del traficante de drogas.

Todo esto se da justo después de que Hugo López-Gatell, vocero gubernamental frente a la emergencia sanitaria, insistiera en la pertinencia de seguir guardando sana distancia, porque, dijo, estamos en un momento clave para detener la carrera ascendente del virus, que hasta el momento ha cobrado la vida de más de 40 mil personas en el mundo. “Última oportunidad”, dijo el subsecretario de Salud. Lo señaló, lo insistió, lo recalcó. Y un día después aparece AMLO en aquel desafortunado encuentro en la tierra del Cártel de Sinaloa.

Unos días antes, López Obrador había sido criticado en la prensa extranjera y nacional, cuando sacó durante su conferencia mañanera amuletos religiosos para indicar que esos eran sus “escudos protectores” frente al COVID-19. Si el estilo chabacano del mandatario aún causaba hilaridad entre sus simpatizantes, la exhibición de las estampitas borró sonrisas incluso entre sus seguidores.

“El comportamiento del presidente López Obrador es un ejemplo sumamente peligroso que amenaza la salud de los mexicanos”, señaló de inmediato Human Rights Watch, la organización internacional de derechos humanos que acusó al mandatario de tener “desinterés temerario en brindar información veraz sobre la pandemia”.

Pese a que AMLO insiste en que el gobierno mexicano ha tomado medidas desde hace tres meses, las acciones contradictorias frente a las medidas de prevención lo hacen lucir extrañamente lejano al sentir de la gente. Por estos días resulta evidente que el miedo y la incertidumbre se han instalado en los hogares mexicanos. Apenas el domingo pasado aseguró que “los conservadores” quieren confinarlo al aislamiento para que se abra un vacío de poder. Y aunque también recomendó que las personas debían mantenerse en casa, sus actividades públicas y roce con la gente siguen su curso.

EMERGEN LIDERAZGOS: LÓPEZ-GATELL, GOBERNADORES…

Así, la necesidad de una figura de liderazgo que ofrezca seguridad y mínimas certezas está recayendo involuntariamente no sólo en el subsecretario López-Gatell, quien recibe constantes expresiones de respaldo y hasta admiración, como puede verse en los comentarios, piezas de humor y grupos que surgen en redes sociales, sino en algunos mandatarios estatales que han anunciado acciones concretas para proteger a la población. Pareciera que el vacío que deja López Obrador al no estar presente en anuncios importantes que ha hecho el vocero de la emergencia sanitaria, está siendo llenado por otros actores, incluidos la jefa de Gobierno y ciertos gobernadores.

Varios mandatarios han tomado la delantera con respecto al gobierno federal. El cierre de cines, teatros, museos, bares y hasta centros religiosos surgieron primero en los estados, donde también han ido apareciendo diversas medidas de apoyo a pequeñas empresas.

Entre las acciones estatales, destacan descuentos al pago de nómina y suspensión de impuestos locales, así como seguros de desempleo y transferencias directas a personas en circunstancias vulnerables. Luego de que algunos gobernadores anunciaran estos estímulos, el gobierno federal reaccionó con un fondo de 25 mil millones de pesos para apoyar a pequeños comerciantes y autoempleados. Se trata de un millón de créditos de hasta 25 mil pesos. El presidente López Obrador explicó que los beneficiarios tendrán “tres meses de gracia”, para luego comenzar a pagar unos mil pesos mensuales hasta saldar su deuda. La tasa de interés anual de 6.5% luce razonable, pero el volumen de paliativos parece insuficiente ante el tamaño de la crisis.

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En este mismo sentido también ha sido notoria la falta de coordinación entre el gobierno federal y los gobiernos estatales. Cada día es más evidente que el liderazgo de varios gobernadores comienza a ser faro de referencia para los pobladores. Se les ve haciendo anuncios, actuando, decidiendo, moviéndose. No a todos, por su puesto.

LA SOCIEDAD REBASA AL GOBIERNO

Por su parte, la iniciativa privada ha pedido al gobierno federal incentivos fiscales para tratar de detener el cierre de empresas. El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) solicitó diferir 6 meses la presentación de la declaración del ejercicio 2019 para personas físicas y morales, además de permitir el pago de impuestos hasta en 12 parcialidades.

Hasta la fecha, la reacción del presidente López Obrador ha sido reiterar que no habrá condonación de impuestos ni prórrogas porque “ya no se reproducirán los esquemas de rescate neoliberales”, en donde se privilegiaba a las grandes empresas “bajo la lógica de que rescatándolas se rescataba la economía”.

Ciertamente ha habido, y hay, empresas abusivas, como las que integran al conglomerado ALSEA, donde se han anunciado “descansos voluntarios” sin goce de sueldo que podrían rayar en la ilegalidad, pero la emergencia sanitaria obliga a no mirar a los empleadores con el mismo rasero. También existen empresas con responsabilidad social que están tratando de cumplir con sus obligaciones laborales; sin embargo la debacle económica las está ahogando. Si quiebran, aumentará el desempleo. La lógica es simple.

Los bancos, por ejemplo, han promovido prórrogas para pagar créditos y saldar deudas de las tarjetas. Varios empresarios también han anunciado millonarias donaciones para proveer a los hospitales de respiradores y otros materiales. Alguno aportará una clínica para que sea operada por personal del Ejército. Las reacciones de un segmento de la iniciativa privada se suceden frente a la inacción gubernamental.

Mientras que en algunos sectores de la industria automotriz, sumamente golpeada por la crisis, ya se alistan para fabricar respiradores para hospitales en sus líneas de producción, con tecnología similar a la que están usando en Estados Unidos y Europa.

Los hoteleros no se quedan atrás. Firmaron un convenio para poner cuartos a disposición de los médicos (as), enfermeras (os) y trabajadores de la salud en los lugares que estén más cercanos a los hospitales. Los restauranteros se solidarizaron con la comida. 

Curiosamente, estas acciones van en el mismo sentido de lo que López Obrador dice con frecuencia y lo dijo una vez más este 31 de marzo: “Vamos a rescatar al pueblo, esto también que se vaya entendiendo, porque hay algunos que a lo mejor están pensando que los vamos a rescatar, a los de arriba, con esa idea peregrina, sofisma, de que si le va bien a los de arriba, les va a ir bien a los debajo; que si llueve fuerte arriba, gotea abajo. No, eso ya no aplica”. 

A la par, los ciudadanos se organizan para apoyar a los adultos mayores, en tareas tan básicas como hacer las compras de alimentos y productos básicos. Los supermercados ofrecen horarios vespertinos donde privilegian el acceso a los ancianos. La solidaridad de los mexicanos frente a las emergencias está ahí, como siempre, moviéndose por los vacíos que dejan las autoridades.

Los diversos sectores de la sociedad han reaccionado más aprisa que el gobierno federal, como ocurrió en las emergencias por los sismos de 1985 y 2017, pero también durante la propagación de la influenza A (H1N1) en 2009. ¿Por qué siempre tiene que ser así? El arribo del primer gobierno de izquierda a la Presidencia de la República supondría una mayor sensibilidad social. Hasta ahora este feeling no ha aparecido.

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La explicación de López-Gatell sobre la situación del país arroja luces sobre el estrecho margen de maniobra: “En México, desde hace muchos años tenemos una desigualdad económica, la mitad vive en condiciones de pobreza, es una verdad documentada… En una economía como la de México uno no puede restringir tanto la actividad social, la actividad económica, porque podría causar un daño irreparable para algunas personas que viven al día; el 50% de la población vive al día y no tiene la capacidad de ahorro. Estos son los factores que gobiernan las decisiones en materia de salud pública”.

Atenuar el problema no es sencillo, sin duda, y la preocupación central del gobierno federal parece estar enfocada en no saturar los endebles hospitales públicos, desmantelados por medidas economicistas y de franca corrupción de gobiernos anteriores, pero es precisamente por ello que aparece cada día con mayor urgencia la necesidad de tomar medidas financieras y fiscales que contribuyan a que los mexicanos permanezcan en casa. De lo contrario, se avecina el colapso del sistema de salud

El propio gobierno federal ha dicho que un alto porcentaje de mexicanos contraerá coronavirus, la mayoría de manera leve. Muchos ni siquiera presentarán síntomas, pero son potenciales propagadores de la infección. 

¿DÓNDE ESTÁ EL GABINETE ECONÓMICO?

¿Dónde está la voz del secretario de Hacienda, Arturo Herrera? ¿En qué espacios palpables se ha hecho sentir la mano del jefe del gabinete económico, Alfonso Romo? El acompañamiento al presidente López Obrador puede verse en el sector salud, pero resulta difícil distinguirlo en las esferas gubernamentales de carácter económico.

A la conferencia del lunes 30 de marzo, donde se anunció que México entraba en contingencia sanitaria, no acudió el presidente ni ningún integrante del gabinete económico. El mensaje central lo dio el canciller Marcelo Ebrard, en lo que pareció la confirmación de que actúa como vicepresidente de facto. A su lado estaba el secretario de Salud de facto, López-Gatell. Las sillas contiguas las ocuparon Jorge Alcocer, el desdibujado titular de la Secretaría de Salud que apenas ofreció unas palabras, y la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien no dijo ni pío.

Con un gabinete desarticulado encabezado por un presidente que luce pasmado, los mexicanos nos sumergimos en el tobogán de abril, un mes clave en el que todo indica que se multiplicarán los contagios de COVID-19. ¿Qué tanto? Todo depende de los resortes que muestren los gobernantes y la sociedad.

A los ciudadanos nos toca, como última oportunidad, quedarnos en casa en la medida de lo posible, mientras que al gobierno federal le corresponde, también como última oportunidad, redoblar esfuerzos para incentivar el aislamiento social a través de apoyos concretos. La mayoría de la gente no sale porque quiere, sino porque no le queda de otra.

Todos estamos en el mismo barco. Hagamos a un lado las divisiones entre chairos y fifís, somos mexicanos. Todos necesitamos unos de otros para salir adelante. Quedémonos en casa y apoyemos a quienes no pueden hacerlo. Ayuda a tus cercanos, dale una mano al que puedas, porque no sabes cuándo tú necesitarás la mano de alguien.

Última oportunidad, mexicanos.

 

@emeequis

 

 

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