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Caso Buendía: Zorrilla, la expresión más nítida del puño de Bartlett

José Antonio Zorrilla Pérez, autor intelectual del asesinato del periodista Manuel Buendía, fue la expresión más nítida del estilo controlador de Manuel Bartlett, quien como secretario de Gobernación lo mismo presionaba a opositores que a columnistas y directores de medios.

Por Esteban David Rodríguez
28 jul 2021

El asesinato de Manuel Buendía.
José Antonio Zorrilla, Manuel Buendía y Manuel Bartlett. Fotos: Especial.

EMEEQUIS.– Como titular de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), José Antonio Zorrilla Pérez, autor intelectual del asesinato del periodista Manuel Buendía, fue la expresión más nítida del estilo con que el secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz, hacía presente su puño en la vida pública del país, durante el gobierno de Miguel de la Madrid.

Zorrilla Pérez paraba publicaciones adversas al régimen, y en especial si eran contrarias a los intereses de su jefe; presionaba a periodistas, directores de medios, columnistas. Así lo padecieron comunicadores como Julio Scherer García y el propio Manuel Buendía Téllez Girón.

Pero Zorrilla también encarnaba la manifestación del deseo de control de Bartlett, lo mismo en el ámbito inmediato, incluso familiar; que en el espinoso mundo del crimen organizado.

La reciente producción del documental Red privada: ¿Quién mató a Manuel Buendía?, del director Manuel Alcalá, ha reabierto la discusión sobre aquel crimen perpetrado hace 37 años y los huecos dejados en la investigación ministerial.

El periodista Miguel Ángel Granados Chapa llegó a decir que el asesinato de Manuel Buendía fue uno de los primeros homicidios ordenados desde la oscura zona en que se enlazan los intereses del poder público y la mafia del narcotráfico.

ENCARGOS ESPECIALES

Manuel Bartlett gozaba del prestigio de su mano de acero durante el gobierno de Miguel de la Madrid. Su imagen de fortaleza, su recio temperamento, la frialdad con que se presentaba ante los adversarios del gobierno, la sequedad que imprimía a sus relaciones institucionales con gobernadores y miembros del gabinete, la apariencia de eficacia frente a su jefe, formaban su capital político.

Bartlett no tuvo que buscar demasiado para encontrar a un responsable de la policía política que replicara su estilo con fidelidad, pues ya trabajaba con él desde la nominación del Miguel de la Madrid a la presidencia: José Antonio Zorilla.

Cuando Bartlett lo hizo director de la DFS, Zorrilla incorporó a casi dos decenas de leales integrantes de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Hidalgo (FEUH), grupo de porros y golpeadores que, como secretario de Gobierno de ese estado, Zorrilla había tenido a su servicio.

Según el periodista Julio Scherer, Zorrilla salía de sus oficinas en la Plaza de la República, en la Ciudad de México, a sus distintas diligencias, escoltado por varios vehículos, con ostentación cinematográfica de su poder.

En su libro Los Presidentes (Grijalbo, 1996), Scherer explica que Zorrilla atendía “encargos especiales” del secretario de Gobernación. A fines de 1982, cuando Bartlett apenas se instalaba en el Palacio del Cobián, Zorrilla recibió su primera encomienda.

La familia formada por la hermana de Manuel Bartlett con el señor Carter y sus hijos Santiago, Germán, María Teresa, Juan y José Antonio Carter Bartlett, se fue a vivir en una comunidad mística, en el estado de Miranda, Venezuela.

Los padres volvieron a México a principios del segundo semestre de 1983, y el secretario de Gobernación mandó a traer por la fuerza a sus sobrinos María Teresa, de 19 años, y Juan, de 17, renuentes a dejar esa comunidad.

En noviembre la policía política venezolana penetró violentamente en el domicilio en que se encontraban, en Miranda, y sustrajo a los jóvenes, para ponerlos en un avión rumbo a la Ciudad de México, a solicitud del gobierno de Miguel de la Madrid.

Los jóvenes acudieron a hacer la denuncia a Proceso, revista dirigida por Scherer, y pronto se apersonó Zorrila Pérez en la sede de la publicación. Exigió ser recibido, tras lo cual amenazó al periodista para evitar la publicación de la historia

Pasaba Zorrilla de la negociación a la amenaza, relata en su libro el periodista. “Te puedes arrepentir, arrieros somos y en el camino andamos. Hoy por mí, mañana por ti. Por tu bien te lo digo, pero te lo digo de una vez, ahora. A decir por la ansiedad que lo dominaba, era absoluta su dependencia del licenciado Bartlett. No me voy de aquí hasta que arreglemos esto, insistía”.

Zorrilla aumentó el tono de las amenazas contra el equipo de la publicación y finalmente se salió con la suya

 

El documental de Netflix retoma los hechos en torno al asesinato de Manuel Buendía. 


BARTLETT Y ZORRILLA, EN EL CÍRCULO DE ROJO GÓMEZ

Manuel Bartlett y José Antonio Zorrilla se conocieron en 1965, a la sombra de Javier Rojo Gómez, quien se desempeñaba como secretario general de la Confederación Nacional Campesina (CNC) del PRI.

Zorrilla Pérez, de apenas 15 años –nació en 1951– militaba ya en las filas de la organización juvenil de la CNC, mientras que Bartlett se desempeñaba como auxiliar del patriarca de Huichapan.

Pero Zorrilla, que había nacido en Huichapan, Hidalgo, tierra de la dinastía Rojo, no era un militante más, sino el gran amigo de uno de los hijos del dirigente de la CNC, Javier Rojo Lugo.

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En 1967, Zorrilla es recomendado por Rojo Gómez a Fernando Gutiérrez Barrios, director de la DFS (1964-70), quien lo convierte en su colaborador, y lo conduce por   los oscuros pasillos de la policía política del gobierno mexicano.

Después de ausentarse de los reflectores casi un década, Zorrilla reaparece en Hidalgo. En 1979, bajo el gobierno de Javier Rojo Lugo en Hidalgo, dirigió el comité estatal del PRI, a sus 28 años. Y en 1981, a los 31 años, Zorrilla se convierte en secretario de Gobierno de la administración del gobernador Guillermo Rosell de la Lama. Era la cuota que Rojo Lugo había pedido a su sucesor. 

Como secretario de Gobierno, de acuerdo con versiones de prensa, Zorrilla auspicio y controló a grupos porriles en el estado, particularmente la Federación de Estudiantes Universitarios de Hidalgo (FEUH), y comenzó a saberse de sus negocios en el cultivo de enervantes en sociedad con el cacique regional Francisco Austria Cabrera, según miembros de la comunidad de Tepehuacán, donde los Austria señorearon a lo largo de todo el siglo XX. (“Zorrilla no se deja”, Proceso 659, 19 de junio de 1989)

Los Austria son los antepasados de la diputada federal priísta Carolina Viggiano Austria, esposa del exgobernador de Coahuila, Rubén Moreira Valdés.

EN CAMPAÑA CON BARTLETT

Zorrilla Pérez fungió menos de un año como secretario de Gobierno en Hidalgo. Para noviembre de ese mismo año de 1981, Zorrilla ya formaba parte del staff de Bartlett, coordinador general de campaña del candidato del PRI a la presidencia de la República, Miguel de la Madrid.

Miguel de la Madrid contó a Jorge Castañeda (La herencia, arqueología de la sucesión presidencial en México, Punto de Lectura, 2001), cómo fue que Bartlett consiguió su anuencia para que Zorrilla se integrara a lo que se conocía entonces como el “gabinete de inteligencia” del gobierno federal.

De la Madrid preguntó a Bartlett, cuando se encontraba en proceso de formación de su gabinete, a quién recomendaba para la DFS. Bartlett respondió con determinación: “Zorrilla, que se ha formado ahí con Gutiérrez Barrios, pero ya es independiente de él; nos ha servido mucho en la campaña, es un profesional, no es el policía típico”.

EL ASESINATO DE BUENDÍA

El 30 de mayo de 1984 fue asesinado en la Ciudad de México el periodista Manuel Buendía, autor de la columna Red Privada, en el periódico Excélsior. Durante los meses finales de vida había documentado con su trabajo periodístico las redes del narcotráfico que tocaban a la puerta del gobierno mexicano, así como su vinculación con la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Cuando las investigaciones del caso apuntaron hacia Zorrilla y éste tuvo que salir de la DFS, Bartlett perdió transitoriamente el control que ostentaba dentro y fuera del ámbito institucional.

De acuerdo con los registros de prensa, la Policía Judicial del Distrito Federal asumió las investigaciones. El director de ese cuerpo policiaco, José Trinidad Gutiérrez Sánchez, sólo se limitó a presentar informes verbales directamente al presidente Miguel de la Madrid y al secretario de Gobernación, Manuel Bartlett.

Trinidad Gutiérrez fue acusado de conservar las ropas que vestía Buendía la tarde del crimen, como si se tratara de un “trofeo personal”. Ante la ineficiencia en su trabajo y las manipulaciones en la investigación, Trinidad Gutiérrez fue sustituido por Raúl Mendoza y luego éste fue reemplazado por Jesús Miyazawa, quien terminaría involucrado con mafias del crimen organizado.

En febrero de 1985, Zorrilla Pérez, de 35 años, apareció en las listas de candidatos del PRI a la diputación federal, por el distrito uno de Hidalgo. Dejó la DFS y se fue a hacer campaña. En mayo, después de semanas de una campaña apoteósica, el hombre de Bartlett renunció a la candidatura, y poco después desapareció. 

Se le implicaba en el asesinato del agente de la Drug Euforcement Agency (DEA), Enrique Camarena, pues apenas en el mes de febrero, el narcotraficante Rafael Caro Quintero, principal sospechoso de la ejecución, había huido a Costa Rica amparado en una credencial de la DFS, firmada por José Antonio Zorrilla Pérez. (“Caracterizado como represor, a Bartlett se le acusa de ligar a Gobernación con el narco”, Miguel Cabildo, Proceso 814, 8 de junio de 1992).

Fue un escándalo que llegó a las primeras planas de los diarios de los Estados Unidos, y que se agravó más tarde cuando se imputó a Zorrilla el asesinato Buendía. Finalmente, Zorrilla sería condenado a 35 años de prisión, tras un proceso que dejó más dudas que certezas. 

El 19 de junio de 1989, ya durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, José Antonio Zorrilla se entregó voluntariamente. Se coló a la prensa la versión de que en realidad se había registrado un enfrentamiento entre los fieles del exjefe policíaco y sus captores. La condena, originalmente establecida en 35 años, quedó en sólo 29.

En febrero de 2009, Zorrilla obtuvo libertad condicional, pero incumplió con el papeleo básico para obtener el beneficio, como fotografías tamaño infantil, carta compromiso de trabajo y carta aval moral, por lo que perdió la posibilidad.

En septiembre de 2013, la juez Belem Bolaños le concedió la posibilidad de completar su condena en prisión domiciliaria, debido a su precario estado de salud. 


@estedavid 



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