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Benedicto XVI: entre el reconocimiento intelectual y las crisis del catolicismo

Tras los primeros años del nuevo siglo, en 2005, Ratzinger se transformó para el mundo en Benedicto XVI, Papa que tomó el puesto del mediático Juan Pablo II. Fue reconocido como intelectual y teólogo de primera línea, pero también hay en su pasado sombras de encubrimiento.

1 / 01 / 23

EMEEQUIS.– Sorprendía que en México, en lugares como la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, los alumnos de diferentes carreras se toparan de vez en cuando con el libro Entre razón y religión: Dialéctica de la secularización, en clases laicas y en espacios dominados por el marxismoEl primer autor era Jürgen Habermas, filósofo de la Escuela de Frankfurt y autor de la teoría de la acción comunicativa. El otro autor, Joseph Ratzinger, era el Papa Emérito y uno de los más destacados teólogos de los últimos tiempos. 

Murió la mañana del 31 de diciembre de 2022 y sus últimas palabras fueron “Señor, te amo”. 

Ambos intelectuales alemanes disertaron en la academia de Baviera el 19 de enero de 2004. Como lo había hecho en otros libros, Ratzinger volvió la mirada al siempre vivo debate de cómo se establecen los diálogos entre posturas culturales aparentemente opuestas: 

“Es importante sobre todo tener en cuenta que dentro de los distintos ámbitos culturales ya no hay uniformidad; todos están marcados por tensiones radicales en el seno de su propia tradición”. 

Tras los primeros años del nuevo siglo, en 2005, Ratzinger se transformó para el mundo en Benedicto XVI, Papa que tomó el puesto del mediático Juan Pablo II, en una de las cónclaves más rápidas de la historia (apenas dos días). 

Antes de tomar la silla de San Pedro, este Papa fue el cardenal que encabezó la Congregación para la Doctrina de la Fe, heredera de la Santa Inquisición; y antes de eso fue un académico que saltó a la fama dentro de los círculos católicos por su destacada participación en el Concilio Vaticano II, reunión organizada por Juan XXIII para discutir la relación entre la institución eclesiástica y lo que pasaba en el mundo exterior. Esta reunión fue organizada en plenos años 60, cuando el mundo leía a los beatniks y escuchaba los primeros éxitos de los Beatles

A partir de ese concilio, Ratzinger inició una carrera meteórica por dos caminos: como intelectual y como jugador de puestos claves de la Iglesia. En el primer punto se distinguió por su reflexión sobre la racionalidad en el mundo de la fe, al mismo tiempo que exaltaba posturas conservadoras que cada vez desentonaban más con los temas de la agenda política rumbo al siglo XXI. 

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Como teólogo, su libro más citado es Introducción al cristianismopublicado en 1968, donde destaca, entre otros puntos, su confrontación con las teorías de Marx y su reflexión sobre la fe frente a la ciencia, la razón y la historia. En algunos de los pasajes, el bávaro señaló que no era casualidad que “el historicismo como la historia hayan nacido en el campo de la fe cristiana” y que “Difícilmente puede considerarse como casualidad el que la compresión del mundo como factibilidad naciese dentro de las tradiciones judeo-cristianas y el que Marx la pensase y formulace inspirado en ellas, aunque en oposición a las mismas”.

Su carrera como teólogo estuvo marcada por su defensa de la cristología, es decir, la parte de la teología cristiana que estudia el papel de Cristo en la fe. Posteriormente, Ratzinger continuó con intereses muy variados, siempre retomando los textos de San Agustín y San Buenaventura; además, adquirió más fuerza su oposición a cuerpos de conocimiento como el feminismo, los estudios contra el colonialismo y la teología de la liberación, como así lo plasmó en el libro Ser cristiano en la era neopagana.

Aunque tal vez su serie de libros más famosa sea su trilogía sobre Cristo, que empezó a publicar cuando ya era papa y que está compuesta por los textos Jesús De Nazaret (2007), Jesús de Nazaret 2: Desde la entrada en Jerusalén hasta la resurrección (2011) y La Infancia de Jesús (2013)En esta última obra abordó un tema controvertido que ha sido objeto de debate tanto dentro como fuera de la Iglesia, la historicidad de las creencias católicas:

 “Pero debemos preguntarnos ahora finalmente con toda seriedad: Lo que los dos evangelistas, Mateo y Lucas, nos dicen, de modos diferentes y basándose en tradiciones distintas, sobre la concepción de Jesús por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María, ¿es en realidad histórica, un acontecimiento verdaderamente ocurrido, o bien una leyenda piadosa que quiere expresar e interpretar a su manera el misterio de Jesús?” 

EL CORTO PAPADO DE BENEDICTO XVI 

No era un secreto que Ratzinger era una pieza clave en el ajedrez de poder del Vaticano y que su cercanía a Juan Pablo II fue una de las razones por las cuales el 19 de abril de 2005 el humo blanco salió de la Basílica de San Pedro para anunciarlo como el nuevo papa. Sin embargo, no pasó mucho para que se supiera que el recién nombrado Benedicto XVI no tenía el carisma de su predecesor. Sobre esto, Vargas Llosa escribió para El País que Ratzinger “No era un hombre carismático ni de tribuna, como Karol Wojtyla, el Papa polaco. Era un hombre de biblioteca y de cátedra, de reflexión y de estudio, seguramente uno de los Pontífices más inteligentes y cultos que ha tenido en toda su historia la Iglesia católica”. 

Vargas Llosa, que conocía la dificultad de pasar de los libros a la política real, dijo que Ratzinger fracasó en su intento de enfrentar los más graves problemas de la Iglesia, “porque la cultura y la inteligencia no son suficientes para orientarse en el dédalo de la política terrenal”. 

 El cuerpo del Papa emérito Benedicto XVI en la capilla Mater Ecclesiae. Foto: Vatican News.

El mayor reto para Ratzinger fue el descrédito de la Iglesia a partir del destape de cientos de abusos por parte de sacerdotes en todo el mundo, algunos de los más graves encabezados por Marcial Maciel, líder de los Legionarios de Cristo. Ratzinger no negó el problema y en vísperas de la muerte de Karol, señaló la “suciedad de la Iglesia”; ya en el cargo, emprendió una campaña para castigar a muchos de los depredadores sexuales de la Iglesia. Entre ellos el propio Maciel, al que ordenó retirarse del sacerdocio, medida que los medios consideraron blanda ante el tamaño de los crímenes. 

En su pontificado también se dio la filtración de sus cartas privadas y la posterior condena en 2012 contra el mayordomo que difundió los documentos. Estas hablaban sobre un sistema de sobornos dentro del Vaticano para conseguir audiencias papales y la ineficiencia y corrupción de los líderes de la Iglesia católica para enfrentar los casos masivos de abuso sexual. 

En su brevísimo papado, de menos de una década, canonizó a Juan Pablo II y generó controversia por sus comentarios reprobando el aborto, pero sobre todo el uso de anticonceptivos. Como en 2009, cuando dijo que los condones no eran la solución al Sida. 

Un 11 de febrero de 2013, mientras leía con una voz calmada y baja en una ceremonia, dio a conocer en latín su renuncia, lo que generó una sorpresa para los presentes en la sala y para el mundo entero, ya que era el primer papa en casi 700 años en dejar el cargo. A su nombramiento como Papa Emérito, dejó el camino libre para que uno de sus rivales, Jorge Mario Bergoglio (Francisco de Argentina), el primer Papa no europeo desde el 741, tomara la silla de San Pedro para imprimir un tono notablemente menos conservador al cargo. 

Pero la controversia no dejó en paz a Ratzinger ni cuando se retiró al Monasterio Mater Ecclesiae, ya que en 2022 volvió a revivir el escándalo por la supuesta protección que le brindó al padre pedófilo Peter Hullermann en los años 80. El Papa Emérito admitió haber callado bajo el argumento de que había actuado “de buena fe” en el traslado del criminal de una iglesia a otra. En 2022, un informe independiente señaló que Benedicto habría encubierto otros casos entre 1977 y 1982. 

En su misa del 28 de diciembre de 2022, el Papa Francisco pidió por la salud de Benedicto XVI. Esta atípica petición a los fieles prendió las alarmas sobre la salud de Ratzinger. La mañana del 31 de diciembre, a pocas horas del Año Nuevo, murió el teólogo en su residencia. 

Un final de camino con el que dijo sentirse preparado luego de una vida en el que enfrentó a la contracorriente de la modernidad, al frente de la religión con más fieles en todo el mundo. Con apenas un hilo de voz, Joseph dijo en italiano “señor, te amo”, como sus últimas palabras comprensibles escuchadas por uno de sus enfermeros, según el medio oficial Vatican News. 

@Ciudadelblues 

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