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Bares, restaurantes y cantinas, los más sancionados por el INVEA en la pandemia

Cuatro de cada 10 establecimientos suspendidos son un bar, un restaurante o un lugar con venta de bebidas alcohólicas. La industria restaurantera ha sido de las más afectadas en medio de la pandemia.

Por Alejandra Crail
19 ene 2021

INVEA
Bares y restaurantes en la Ciudad de México, los más sancionados. Foto: Daniel Augusto / Cuartoscuro.com.

EMEEQUIS.– En una de las nueve mesas disponibles de Nonna, un restaurante de tradición italiana enclavado en la colonia Condesa, alcaldía Cuauhtémoc, hay una copa que resguarda el último trago de vino de su comensal.

Aquella copa había sido pagada antes de las siete de la noche, la hora de Cenicienta que el Gobierno de la Ciudad de México instauró hace unos meses como límite para la venta de alcohol en la era Covid (recientemente la redujo hasta las 18 horas). 

Para el Instituto de Verificación Administrativa (INVEA) la hora de la compra era un simple detalle, lo importante era que el reloj había dictado sentencia y que ese rastro de vino no debería estar ahí. 

Según recuerda Javier Cortés, el gerente del restaurante que cumplirá 11 años en febrero, los verificadores señalaron, además, otra sospechosa en mesa distinta: era una copa havana –de esas bombachas en las que suele servirse ginebra preparada–, que contenía una bebida sin alcohol decorada con frutos rojos. 

“El cliente le explicó que no tenía alcohol. Se las dimos a oler y a probar. Les explicamos que cortamos la venta antes de las 19 horas. Nada importó”, cuenta Cortés sobre la sanción número 352 que lleva el nombre de Nonna y que se desprende de la base de datos con la información de los establecimientos con suspensión de actividades realizada por el INVEA ante la emergencia de Covid-19.

Aquel último trago de vino y la copa sospechosa con frutos rojos le costaron al restaurante una suspensión de siete días, sin multa económica. Un restaurante cerrado siete días, significa –a decir de Cortés– perder los ingresos de una semana para 32 personas.

Nonna es sólo uno de los establecimientos que han sido sancionados en el marco de la pandemia por Covid-19 en la CDMX. En total, el INVEA ha sancionado con suspensión de actividades a 373 establecimientos mercantiles de distintos giros. Los más señalados son cantinas, bares, restaurantes y lugares con venta de bebidas alcohólicas con envases abiertos, que representan el 42% del total. 

En total, 158 establecimientos con venta de bebidas alcohólicas fueron sancionados, la mayoría en la alcaldía Cuauhtémoc.

Sin embargo, en la lista también aparecen tiendas de ropa (24), papelerías (18), expendios de telas (14), zapaterías (13), artículos de belleza (10), bisuterías (9) y en menor medida: tiendas de electrónicos, abarrotes, oficinas, pinturas, joyerías, mueblerías, peleterías, estéticas, ferreterías, perfumerías, tiendas de instrumentos musicales, vidrierías, jugueterías, librerías, entre otros. 




GOLPE A LA ECONOMÍA

Luego de que el 30 de marzo se declarara emergencia sanitaria por causa de fuerza mayor, el gobierno mexicano estableció que solamente ciertas actividades esenciales continuarían con su ritmo habitual: todo lo que no estuviera relacionado al sector salud, a la seguridad pública, al funcionamiento fundamental de la economía, programas sociales y servicios indispensables, debía suspender actividades hasta nuevo aviso. 

Así fue que miles de comercios en todo el país se vieron afectados durante los primeros tres meses, pues tuvieron que suspender toda actividad al 100%. 

En el caso de la Ciudad de México, al ser una ciudad de servicios, esta decisión fue fatal, pues concentra su economía alrededor del comercio, los servicios financieros y de seguros, transporte y turismo. De acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco) capitalina, las actividades terciarias aportan poco más del 90% del total del Producto Interno Bruto de la CDMX; esto se traduce, a su vez, en empleos: tan sólo la industria hotelera y restaurantera emplean a un millón 262 mil personas, según datos de la Sedeco de 2019.

Cortés recuerda que marzo, abril y mayo fueron meses de terror, sobrevivieron gracias a la fidelidad de los clientes que seguían pidiendo comida para llevar. Luego, con el cambio del semáforo de rojo a naranja y con la flexibilidad en las actividades no esenciales, comenzaron a agarrar ritmo, entre comillas: sólo nueve de 29 mesas disponibles se usan para mantener el aforo.

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Armados con cubrebocas, careta, gel, menús en código QR –un evolucionado código de barras para teléfono inteligente–, el otro código que instauró el gobierno de Claudia Sheinbaum para registrar clientes y medidas de distanciamiento social, trataban de sacar las ventas, evitar que la plantilla se redujera más, que los salarios ya no disminuyeran…

Y, de pronto, una copa con un trago de vino pasadas las 19 horas les valió una suspensión que se agravó con la llegada del semáforo rojo a mediados de diciembre. 

“La gente no se contagia en restaurantes. Cumplimos con todos los requerimientos que nos pide el gobierno y nos cierran, pero en las calles no hay protocolos”, argumenta el gerente. Calcula que este mes cerrará con el 15% de ventas que solía tener. 

Apenas la CDMX volvió a semáforo rojo en diciembre pasado, la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC), la Asociación Mexicana de Restaurantes (AMR) y los Directores de Cadenas de Restaurantes (Dicares) pidieron al gobierno de Sheinbaum aumentar los controles de venta de comida callejera si realmente quería evitar más contagios.

Por medio de un comunicado, señalaron que sólo los negocios establecidos tienen medidas sanitarias, lo que reduce la posibilidad de contagios, en contraste con el comercio informal, y que por su aportación a la economía debían ser considerados actividad esencial.

EMPATÍA PARA SUBSISTIR

A un costado de la Iglesia de San Hipólito, a la que los creyentes de San Judas Tadeo acuden cada 28 de mes, hay un museo que resguarda la tradición pulquera que históricamente ha enmarcado a la CDMX. Es un museo que es más que un museo, porque la mejor forma de saber del pulque es probándolo. El Museo del Pulque y las Pulquerías tiene un restaurante que permite degustar pulques de Hidalgo y de Tlaxcala y maridarlos con comida tradicional de las zonas aledañas de la ciudad, presume Luis Salgado, coordinador cultural del proyecto. 

No ser ni de aquí ni de allá, les ha traído problemas a lo largo de la pandemia, porque a diferencia de un restaurante, que pudo reabrir a los tres meses del aislamiento, un museo-restaurante tuvo que esperar siete meses.

Poco a poco, con todos los protocolos administrativos y de seguridad (tapetes sanitizantes, pistolas de temperatura, centros de desinfección, señaléticas Covid, cubrebocas, caretas, sana distancia, control del flujo de gente), el museo privado logró abrir con un aforo de 30%.

Salgado recuerda que desde que empezaron a operar en septiembre las visitas del INVEA eran rápidas, a simple vista se asomaban y se iban. Pero el 9 de diciembre llegó un contingente compuesto por tres carros del INVEA, dos del gobierno federal y dos patrullas, cinco minutos antes de las 19 horas. El personal estaba tranquilo, porque las cuentas habían sido cerradas media hora antes y la gente ya estaba desalojando el museo. 

A las siete en punto, cuenta el coordinador, 20 miembros del gobierno hicieron un medio arco en la entrada y cinco minutos después comenzaron a pedir todos los papeles, al tiempo que un grupo de personas terminaba de salir del establecimiento. “De pronto nos dicen que van a proceder con el cierre temporal porque aún había gente en el restaurante, les mostramos todos los papeles y les explicamos que somos un museo, pero no pelaron nada”.

Según Salgado, uno de los verificadores reconoció que el papeleo estaba en orden, pero que desgraciadamente afectaba que los usuarios no entendieran que tenían que salir, que usualmente no hay mucha cooperación de su parte para usar la mascarilla, el desinfectante, el corte de cuenta, la salida y eso repercute en las sanciones a los establecimientos.

“Nosotros nos quedamos entre la espada y la pared, por un lado está el INVEA y, por el otro, los clientes”. 

Su sanción también fue de siete días, pero llegó el semáforo rojo y como museo no pudieron tener acceso a la apertura que instauró el gobierno capitalino de permitir comensales en lugares abiertos, porque no tienen ni terraza ni espacio en la vía pública. 

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El proyecto sobrevive de las ventas para llevar y de entregas a domicilio. El equipo acordó dividir todas las ganancias por igual, sin importar el cargo que se tenga. Hay 20 familias que dependen del proyecto, en suma, los campesinos a los que le compran el pulque.

Desde su perspectiva, falta que las medidas implementadas sean específicas para cada zona y cada giro, incluyendo comercio formal e informal, para realmente paliar el alza en los contagios en la CDMX, que están al límite.

Su sanción, registrada con el número 336 en la base de datos del INVEA, ocurrió en diciembre, el mes con mayor número de establecimientos sancionados por el INVEA: 64. Un mes con altísimos contagios y defunciones.

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A diferencia de la primera etapa de la pandemia, en la que las sanciones impuestas por el Instituto que dirige Teresa Monroy Ramírez se concentraron en establecimientos que se negaron a cerrar pese a no ser considerados actividad esencial, las últimas sanciones se han emitido por detalles similares al caso de Nonna y el Museo del Pulque y las Pulquerías.

El mismo INVEA en sus comunicados ha dejado huella de esta transición. En abril ocurrieron 56 suspensiones y en mayo –el punto álgido de la emergencia sanitaria– 62. Según reportó en un boletín del 26 de abril, revisaron más de 8 mil establecimientos en 16 alcaldías y aquellos sancionados fueron los que, pese al exhorto al cierre, se mantuvieron abiertos. 

Para diciembre, por medio de recorridos nocturnos bajo el programa “La noche es de todos”, la vigilancia estuvo dedicada a la verificación del uso de cubrebocas y caretas, aforo, horario de cierre y que no se vendieran bebidas alcohólicas fuera del horario establecido. Sólo en diciembre, antes de que la CDMX volviera al semáforo rojo, el INVEA suspendió actividades en 64 establecimientos. La delegación Cuauhtémoc fue la que más establecimientos suspendidos reportó.

 Este medio solicitó una entrevista con el INVEA sin que hasta el momento hayan dado respuesta.

 

 

@AleCrail

 


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