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Así viví Otis. “No se ve al Ejército ni a nadie en Acapulco”

Nuestra directora editorial, Sandra Romandía, estaba en Acapulco al momento de que el ya histórico Huracán Otis de categoría 5 en la escala Saffir-Simpson azotó en las costas de Guerrero. Nos comparte su crónica:

10 / 26 / 23

ACAPULCO.– Me encuentro en Acapulco con motivo de la Convención Internacional de Minería 2023 a la cual asistí. La noticia de la tormenta tropical Otis circulaba, pero no fue hasta las 16:00 horas que supimos que se estaba convirtiendo en huracán. Sin embargo, el ambiente generalizado era de tranquilidad y de festividad: una convención que sucede cada dos años, un encuentro muy importante para la industria minera.

Tres horas después estuve en la inauguración, la cual se hizo con bombo y platillo. Al evento asistió el gobernador de Zacatecas, David Monreal, pero no se presentó la gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado, lo cual causó extrañeza entre los asistentes. Empezó a llover.

Poco a poco, la información de que el huracán venía con fuerza comenzó a llegar a través de redes, pero nadie se preparó bien. 

A las 22:00 horas intentamos desalojar el hotel en el que nos encontrábamos en la zona de Acapulco Diamante para ir a algún refugio pero salir a la calle, fue todo un reto, no podías moverte, el aire golpeaba con muchísima fuerza por lo que alcancé a entrar al refugio del Hotel Pierre.

En el salón redondo del hotel recibimos a Otis y entre la medianoche y la 1:00 am del miércoles escuchamos las ventanas quebrarse, las cosas moviéndose, volando. 

El viento era tan fuerte que dolían los oídos, tronaba todo, retumbaba el cuerpo y la sensación del golpe del viento era muy estruendosa y abrumadora.

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Los refugiados tuvimos que dividirnos para mantener las puertas del salón cerradas, doce por puerta. Las amarramos con sábanas pero todo el tiempo se mantuvo la amenaza de que se abrieran y se rompieran, nos dividíamos entre la tensión, el miedo y el peligro del huracán.

Después de mucho temor, algunos llantos, mucho ruido, mucho estruendo, sobrevivimos ilesos, o casi, nadie tuvo heridas considerables.

Alrededor de las 4:00 am salimos y estaba todo el hotel destrozado. El paisaje estaba compuesto de colchones y sillas deshechas, muchos vidrios en el suelo por los ventanales quebrados de todas las fachadas, autos abollados y un sinfín de estragos   materiales.

Cinco horas después, caminé en búsqueda de alguna respuesta, ayuda o algo en el Boulevard Naciones, durante una hora complicada en la que caminabas con el agua lodosa hasta la cintura, veías animales ahogados, algunos ratones nadando, palmeras y árboles gigantes derribados.

Acapulco se volvió una tierra sin ley, sin policías, militares o elementos de la Guardia Nacional que auxiliaran a la población. La rapiña abundaba en las tiendas deshechas, destruidas, donde te decían que sacaras lo que quisieras.

Decidí volver hacia el hotel donde estaba porque se espera una noche oscura, profunda y llena de incertidumbre, no sabemos cuándo volverá la luz, el agua y el internet; tampoco cuándo nos traerán comida porque la que hay en el hotel solo es para unas horas. 

Sólo queda esperar que se restablezcan las vías para poder salir pues tampoco sé cuándo podré volver, pues los vuelos están cancelados, mientras que, para quienes viven aquí, está la desolación y la duda de cuándo llegará el apoyo.

@Sandra_Romandia

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SOBRE EL AUTOR

Sandra Romandía



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