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¿A cambio de qué? Rifa del avión y aporte de empresarios salva a Lotenal

A pesar del discurso de separar el poder político de lo económico, fueron empresarios los que rescataron económicamente a la Lotería Nacional en 2020, a través de la compra de múltiples cachitos de lotería para la rifa del avión presidencial. Aunque, ¿qué hay detrás de este aporte económico? Lo analiza Pamela Cerdeira en Opinión 51.

Por Emequis
2 / 22 / 22

EMEEQUIS.– Entre “pase de charola”, cenas en Palacio Nacional, apoyo del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) y un generoso empresario, el presidente de México logró vender más de la mitad de cachitos de lotería para la rifa del avión presidencial y evitó el fracaso de Lotería Nacional y su concurso. 

Hace unos días se publicó el informe del 2020 de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y en él se vislumbran datos relevantes. Entre ellos los números de la Lotería Nacional, que analiza la comunicadora mexicana Pamela Cerdeira para Opinión 51.

En los datos ofrecidos por la ASF puede verse que, sin tomar en cuenta la rifa del avión, el 2020 fue desastroso para la Lotería Nacional. Todos sus sorteos del año (Mayor, Superior, Magno, Zodiaco, Zodiaco Especial, Especial, Gordo de Navidad y De Diez) perdieron dinero. Si juntamos todos se tuvo una pérdida de casi 270 millones de pesos.

Sin embargo, el “Gran Sorteo Especial número 235 equivalente al valor del avión presidencial”, nombre que recibió la rifa del avión presidencial, salvó la plana. Según datos de la Auditoría, logró vender poco más de 3.6 millones de billetes de un total de 6 millones. Por poco logró rebasar el 60% de cachitos vendidos.  

TE RECOMENDAMOS: LA FORTUNA DE PODER COMPRAR 400 MIL CACHITOS DE LOTERÍA

Cada boleto costó 500 pesos y había 100 premios, cada uno de 20 millones de pesos. De los premios otorgados, la entidad costeó 62. Y, en total, tras gastos, se tuvo una ganancia de 264 millones de pesos. 

Si bien no superó las pérdidas del conjunto de los otros sorteos, sí disminuyó –considerablemente– las mermas. Pero a todo esto, ¿cómo se consiguió vender tantos boletos cuando parecía que toda la rifa fracasaría? 

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Cerdeira explica que el presidente “institucionalizó el ‘pase de charola’”, cosa que, en su opinión, “no había necesidad de hacer para un sorteo, pero era la única salida posible para quien ya se había enredado demasiado en su propia historia”. Esto se concretó en una cena dentro de Palacio Nacional, donde invitó a empresarios y, según fuentes de la escritora mexicana, “fueron recibidos con un documento para llenar con su nombre y cuántos cachitos estaban dispuestos a comprar”.

“El presidente que prometió separar al poder político del económico le ofreció al empresariado el tamal más caro de su vida”. Pamela Cerdeira. Foto: Opinión 51. 

Otra de las polémicas relacionadas con la rifa es el reciente comunicado de Daniel Chávez Morán, dueño de Grupo Vidanta, en el que expresa su agradecimiento por la oportunidad de haber comprado 400 mil cachitos para la rifa. Es decir, el aporte de Chávez Durán fue de 200 millones de pesos, lo cual representa el 75.7% de la utilidad que obtuvo el sorteo. Un solo empresario aportó tres cuartas partes de todo el dinero recaudado.

Si a esto agregamos que el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) gastó casi 8 millones de pesos al comprar 15 mil 765 cachitos donados a diversos hospitales, puede considerarse, como opina Cerdeira, “un desperdicio y movimiento de dinero innecesario, porque si se quería beneficiar a hospitales, además en medio de la pandemia, lo adecuado habría sido transferirles los recursos”. 

Incluso, cuentan a Cerdeira, nadie de Lotería Nacional buscó a los ganadores para darles su premio; fue al revés: ellos tuvieron que ir a tocar la puerta para cobrar. Toda esta serie de medidas para conseguir que la rifa no fuera un fracaso dejaron en claro que el presidente necesitó del apoyo privado, y su discurso tambaleó.

“El presidente que prometió separar al poder político del económico le ofreció al empresariado el tamal más caro de su vida, claro, para quienes aceptaron comprar cachitos de la lotería. Y, por lo que parece, fueron los empresarios quienes le salvaron el pescuezo al capricho presidencial del 2020. Se abre otra pregunta: ¿a cambio de qué?”, finaliza Pamela Cerdeira su columna en Opinión 51.

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